24/06/2021

Rusia confirma el retraso en las entregas de segundas dosis

Un problema a nivel mundial.

El gobierno ruso admitió este jueves que está enfrentando serios problemas para abastecer la demanda de componentes de la segunda dosis. Esta, a diferencia de otras vacunas como AstraZeneca o Pfizer, es diferente de la primera dosis ya que utiliza dos adenovirus distintos, Ad26 y Ad5 respectivamente.

El retraso se suma a la larga lista de inconvenientes que Argentina tuvo a raíz de la compra de vacunas. Sucede que Rusia es de los principales proveedores del país: el contrato firmado estipula llegadas por 30 millones de dosis, con la posibilidad de extenderse, por un valor total de 200 millones de dólares. Este retraso en la producción de la segunda dosis explicaría por qué, de las 9.415.745 vacunas que llegaron, solo 1.540.160 corresponden al componente dos. Sin embargo, no explica el retraso de la campaña de vacunación para administrar el resto de las segundas dosis de otras vacunas que se aplican en el país, como AstraZeneca, Sinopharm y Covishield, y que generó un desfasaje entre quienes tiene una sola inyección y quienes tiene dos: 33% (15.128.961) vs. 8% (3.792.719).

Las trabas en la producción que menciona el gobierno ruso no solamente incluyen la complejidad detrás de la fabricación del componente 2 por su elevada inestabilidad, sino también las trabas en el acceso a insumos claves, producto del acaparamiento por parte de los países centrales y los monopolios detrás del mercado de materias primas, que benefician a algún laboratorio por sobre otro o que simplemente no logran abastecer la demanda con las plantas con las que cuentan, mientras se niegan a permitir la fabricación de esos componentes en otros sitios.

Este contratiempo, el cual el gobierno argentino conocía y decidió ignorar por varios meses, se pone nuevamente sobre la mesa ante la aparición de la variante Delta, que puso en jaque los esquemas de vacunación y, particularmente, las estrategias sanitarias que defendían vacunar más cantidad de personas por sobre completar dichos esquemas. Aparentemente, la protección ante la nueva variante sería considerablemente menor en individuos con una sola inyección, aunque esto aún no está comprobado para la vacuna Sputnik V.

De todas maneras, la inmunidad para el resto de las variantes del coronavirus con una sola dosis de Sputnik V es menor que el 92% que se obtiene con ambas dosis, de aproximadamente un 80%. Aunque es un muy buen porcentaje de inmunidad, el problema está en que aún no se conoce cuánto tiempo dura la misma, aunque la ministra de Salud, Carla Vizzoti, insiste en que “las vacunas no se vencen”. Los dichos del presidente de la Federación Rusa, Vladimit Putin, parecen desmentirla en tanto ya anticiparon que su población necesitará un tercer refuerzo y que por eso priorizará la demanda interna antes que los envíos a otras naciones, lo que terminará por agravar el problema de abastecimiento del país. Mismo la página de la vacuna Sputnik V, es decir sus propios desarrolladores, admitieron que la eficacia disminuye a lo largo de las semanas, lo que hace más imperiosa su administración para evitar terceras, cuartas y quintas olas de Covid.

En este sentido, más de 330.000 personas vacunadas en Argentina ya superaron los 90 días recomendados para la administración de la segunda dosis y 7 millones esperan la segunda dosis. Lejos de dar una solución o respuesta oficial al problema, la ministra de Salud, como se mencionó, solo atinó a decir que la vacuna no vence. Ahora, coquetean con la posibilidad de combinar distintas vacunas ante los retrasos, algo que se está probando en países de Europa, pero ninguno con la vacuna rusa puesto que no está aprobada en dicho continente.

La incertidumbre en torno a los envíos de las vacunas no es algo nuevo; el gobierno se manejó con improvisación y sin brindar información concreta a la población desde octubre del 2020, cuando comenzaron las negociaciones, debido a que eligió preservar los contratos confidenciales y los negocios de los laboratorios por sobre la salud de la población. Caso contrario habría reclamado la entrega de las dosis compradas ante los retrasos, intervenido las plantas productoras de vacunas (como la de Sigman o Richmond) o invertido para garantizar el desarrollo y producción de una vacuna estatal.

 

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