07/09/2021

CGT: el tortuoso camino de la unidad

Hacia la elección de conducción de la central obrera. Trenzas de espaldas a los trabajadores.

El mismo día que la mesa chica de la CGT se reunió con Alberto Fernández para ratificar su apoyo al gobierno peronista -del que aclararon que “se sienten parte” pese al destrato en el armado de las listas-, tuvo lugar otra reunión, alejada de los flashes, pero probablemente “más trascendente para el futuro de la alianza gobernante y del peronismo en general”. Héctor Daer, Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez y José Luis Lingeri (los cuatro que “cortan el bacalao” en la central obrera) fueron convocados por Máximo Kirchner y Wado de Pedro para discutir un temario preciso: el postergado “pacto social” con los empresarios, la generación de empleo “a corto plazo” y la integración del kirchnerismo a la nueva conducción que deberá elegirse en algunas semanas.

Del mismo modo que las elecciones generales definirán la composición del Congreso que deberá refrendar el futuro acuerdo con el FMI -una garantía de cumplimiento que exige el propio imperialismo-, la elección de la CGT está completamente atada al papel estratégico de la burocracia para imponer en los sindicatos el desmantelamiento de lo que aún persiste de los convenios colectivos.

La idea de establecer un “nuevo modelo laboral” o de “aggiornar las relaciones laborales” (así se refieren a la flexibilidad y la precarización los voceros de la burocracia) es compartida por todas las fracciones de la CGT. Es decir, es el principal punto programático de unidad, desde Antonio Caló a Armando Cavalieri.

El más entusiasta defensor de la reforma es, sin embargo, Facundo Moyano; quien incluso se pronunció a favor de la propuesta de la UIA de eliminar el régimen de indemnizaciones y sonó para encabezar una proyectada Secretaría de Modernización Laboral, que por ahora se quedó en los papeles.

Más allá de los discursos, más o menos elípticos sobre la reforma laboral, las modalidades flexibles de trabajo avanzan en todas las actividades. Y sin duda la mayor reconversión se está procesando en el gremio bancario: la “digitalización del dinero” generó miles de despidos encubiertos, cierres de sucursales, fusiones de áreas y una extensión de la polifunción.

¿Unidad para qué?

Armando Cavalieri, uno de los que reclamó al presidente acelerar las “reformas laboral, previsional e impositiva” advirtió también que “se había llegado a un límite de la gobernabilidad”. Fue una alusión a la marginación de las listas del Frente de Todos y un argumento a favor del “acercamiento estratégico (al kirchnerismo “duro”) después de varios encontronazos”, como describió el almuerzo con los camporistas otro de los integrantes de la cúpula sindical.

Los “encontronazos” se produjeron por críticas de Máximo Kirchner a Héctor Daer, pero la tensión escaló por la presión de La Cámpora para nombrar directores en la Superintendencia de Servicios de Salud, el órgano clave para la distribución de fondos.

Las obras sociales, un eje en torno al cual se organiza el poder sindical, son parte de una estructura que cuenta con múltiples cajas, en la que se entrecruzan intereses políticos, gremiales y empresarios. La CGT maneja una red sanitaria que atiende a 16 millones de personas y La Cámpora controla la Anses y el Pami. Pero lo mismo que los divide puede “acercarlos”.

No casualmente uno de los articuladores de la alianza de la CGT con el gobierno, y ahora con los K, es el gobernador de Tucumán, Juan Manzur. El exministro de Salud de Cristina Fernández fue el primero en subir a la cúpula sindical a un acto en apoyo al “candidato” Alberto Fernández. Desde sus inicios como dirigente de la Asociación de Profesionales de la Salud de La Matanza viene tejiendo vínculos con todo el espectro sindical, incluidas ambas CTA.

Por su despacho han pasado recientemente Andrés Rodríguez; el nuevo secretario general de la Uatre, José Voytenco; Víctor Santa María, que está construyendo un complejo hotelero y un centro de convenciones en El Cadillal; Cachorro Godoy; los hermanos Héctor y Rodolfo Daer; y Sergio Palazzo, entre otros.

Modelo para armar

Entre las piezas del rompecabezas de la “unidad” se cuentan la alianza de “Los Gordos” -Héctor Daer, de Sanidad, y Armando Cavalieri, de Comercio- y los “Independientes” -Andrés Rodríguez, de UPCN; Gerardo Martínez, de la Uocra, y José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias-, los que tienen juego propio como Antonio Caló (UOM) y “las 62” (que luego de la muerte del Momo Venegas retornan a la central); el FreSiMoNa (encabezado por Camioneros y el Smata), el Semun (Sindicatos en Marcha para la Unidad Nacional), que lidera el titular de la Unión Ferroviaria, Sergio Sasia; el barrionuevismo, que intentará que Carlos Acuña (estaciones de servicio) extienda su mandato como cotitular cegetista y la Corriente Federal.

El pacto entre Sasia y Moyano, para encumbrar al ferroviario al frente de la poderosa Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) a cambio del voto del Semun a favor de Pablo Moyano como secretario general de la central, enfrentará un desafío no previsto. Otro ferroviario, Omar Maturana de La Fraternidad, selló un acuerdo con la UTA de Roberto Fernández para impulsar la continuidad del extriunviro Juan Carlos Schmid. A este bloque podría sumarse Pablo Biró de Apla, que integra la Corriente Federal kirchnerista.

La institucionalización de la precarización

Otro tema de enormes implicancias es la posible incorporación de la Utep (Unión de Trabajadores de la Economía Popular), que integran numerosas organizaciones sociales, vinculadas al gobierno a través de dirigentes que ocupan cargos públicos (como Emilio Pérsico, del Movimiento Evita o Daniel Menéndez, de Barrios de Pie) y acaba de homologar sus estatutos, paso previo a la obtención de la personería gremial.

Su aceptación como parte de la CGT, por la que se pronunciaron Caló y Daer, entre otros, alteraría por completo la relación de fuerzas interna, por la cantidad de congresales; con sus dos millones y medio de afiliados superaría por mucho al que actualmente es el mayor sindicato del país -Comercio- que tiene un millón doscientos mil.

La formalización de la Utep como sindicato confederado, con su propio convenio colectivo y salarios asistenciales, equivale a la institucionalización de la precarización laboral. Es decir, se inscribe en el proyecto central del gobierno.

Una perspectiva antagónica al plan integral contra la desocupación, el hambre y la pobreza, presentado recientemente por la Unidad Piquetera al ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, que propone la generación de un millón de puestos de trabajo genuino y la universalización de un seguro al desocupado que cubra la canasta básica.

Por razones similares quedaría afuera la CTA kirchnerista de Hugo Yasky (la Ctera es otro peso pesado), la más integrada de todas las burocracias al gobierno, que acaba de entregar el salario docente en todo el país con básicos de indigencia y conformados de pobreza, y se ha sumado a una reforma laboral contra los estatutos docentes junto al ministro Trotta. Yasky se queja amargamente porque “los Gordos le trancan la puerta”, pero reconoce que es por una lucha de aparatos, no por una orientación contraria a la CGT.

Una paridad contra la mujer trabajadora

La imposibilidad de definir un secretario único (se descartó también la alternativa de un cargo rotativo) solo deja en pie la posibilidad de un nuevo triunvirato, que podría ampliarse a un cuarteto o más, por la decisión de avanzar hacia la paridad de género.

Aunque hace casi 20 años que la CGT desconoce la ley que obliga a incluir en las listas un cupo mínimo de un tercio de mujeres. Hoy, sólo dos de las 25 secretarías de la CGT están en manos de mujeres: Noemí Ruiz (trabajadores de moda) en la de Igualdad de Oportunidades y Género, y Sandra Maiorana (Asociación de Médicos) en la de Salud y Medioambiente. Para alguien muy representativo del pensamiento de la burocracia como Antonio Caló el problema sería “que las mujeres no quieren participar”. Por su parte, Carlos Acuña, cosecretario de la CGT, declaró que “las mujeres no tienen vocación para liderar sindicatos”.

Se reformará el estatuto para duplicar la cantidad de miembros directivos (actualmente son dos secretarios generales, Daer y Acuña, 25 secretarías y 10 en otras funciones) de manera que cada gremio incorpore un representante varón y una mujer, titular y cotitular de manera indistinta. No obstante, quedarían exceptuadas de cumplir este criterio tres secretarías: General, Adjunta y Finanzas; o sea las que tienen “la lapicera”.

El comunicado que emitió la CGT en apoyo a “los candidatos del movimiento obrero” en las listas del FdT solo menciona a Sergio Palazzo, Naldo Brunelli y Alejandro Amor, ignorando olímpicamente a Walter Correa (curtidores) y sobre todo a Vanesa Siley (Sitraju).

Siley suena como la candidata de Cristina Fernández para sumar presencia femenina (y kirchnerista) a la futura dirección colegiada. El argumento es que su sindicato carece de personería gremial (tiene simple inscripción); esto podría caerse si el Ministerio de Trabajo apura una resolución, algo que también se especula y que agregaría una buena dosis de nafta al fuego de la interna.

Como se puede apreciar la subordinación de todas las facciones de la burocracia a los objetivos planteados por el FMI, las patronales y el gobierno allana, pero no garantiza una unidad consistente con la responsabilidad de hacer pasar el ajuste que viene.

Una CGT de espaldas a los trabajadores

Llamamos a repudiar esta “normalización” de la CGT al servicio de sostener la reforma laboral, de espaldas a los trabajadores, completamente antidemocrática y sin mandato alguno.

Llamamos a enfrentar a esta burocracia, corresponsable de las décadas de atropellos contra el salario, las condiciones laborales y el empleo de la clase obrera junto al pejota y todas las variantes radicales y macristas que nos han gobernado. Impulsamos un Congreso de Delegados, con mandato de las bases de todas las centrales, que expulse a la burocracia entreguista y resuelva un plan de lucha con paros y movilizaciones hasta imponer todos los reclamos de los trabajadores y una salida obrera a la crisis.

Es el programa y la acción del Frente de Izquierda Unidad y de la Lista 1A, a la que convocamos a votar en las próximas elecciones de septiembre.

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