Sindicales

25/8/2026

El Consejo del Salario, el ajuste sin fondo y la nueva entrega de la CGT y la CTA

La inflación pulveriza ingresos mientras las centrales sindicales siguen dejando pasar el ajuste.

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Consejo del Salario.

El gobierno de Javier Milei decidió convocar de manera virtual al Consejo del Salario, rechazando el pedido de las centrales obreras para realizarlo presencialmente. En medio de un creciente malestar por la pérdida del poder adquisitivo, el gobierno busca evitar que la discusión salarial se convierta en una instancia de movilización, contando con la colaboración de una burocracia sindical que ha permitido que el ajuste avance en detrimento de los trabajadores.

El Consejo del Salario se reunirá el próximo viernes 28 para discutir el nuevo Salario Mínimo, Vital y Móvil. La Secretaría de Trabajo, encabezada por Julio Cordero, mantiene el formato virtual que se implementó durante la pandemia, pese al reclamo de la burocracia sindical al frente de las centrales obreras para volver a la presencialidad. Con ese pretexto, las direcciones sindicales desistieron de convocar acción alguna contra el ajuste salarial.

Existe una preocupación oficial de que una convocatoria oficial promueva una movilización de sectores combativos y antiburocráticos, en un cuadro de aparición de distintas luchas sindicales y populares. Poco se teme respecto a la burocracia sindical colaboradora, que desiste de toda intervención “amparándose” en la realización virtual de la reunión, como si eso justificara no realizar medida de lucha alguna.

El salario mínimo está actualmente fijado en $376.600 de miseria, luego de que el gobierno lo estableciera por decreto en noviembre de 2025. Su poder adquisitivo acumula una pérdida superior al 40% durante el gobierno de Milei. Para demostrar las distancias, en julio se requirieron $1.564.716 para no caer por debajo de la línea de pobreza y $708.016 para cubrir la canasta alimentaria que demarca la línea de indigencia.

Un salario que dejó de ser referencia

La distancia entre el salario mínimo y las condiciones materiales de vida  de los trabajadores revela hasta qué punto la burocracia sindical ha permitido la degradación salarial. El mínimo ya no constituye una referencia real para los trabajadores registrados y mucho menos para los millones que trabajan en la informalidad o bajo distintas formas de precarización. Tampoco alcanza a funcionar como un piso capaz de impedir que los salarios se hundan por debajo de la pobreza.

El gobierno incluso desvinculó la actualización del salario mínimo de los programas sociales antes de avanzar con su eliminación masiva. Así, el salario que debería garantizar condiciones elementales de reproducción de la fuerza de trabajo fue convertido en una cifra administrativa, completamente divorciada del costo de vida.

Milei había presentado agosto de 2026 como el mes en que la inflación comenzaría con cero. Sin embargo, las estimaciones privadas ubican el IPC de agosto entre el 1,5% y el 2%. Mientras tanto, los precios continúan avanzando sobre salarios e ingresos que quedaron muy atrás.

Un caso de muestra de la política del gobierno es lo enunciado recientemente por Milei, quien se jactó de haber reducido la planta de empleados públicos y reivindicó la caída de sus salarios como parte de su política económica. Los gremios estatales calculan una pérdida superior al 40% desde 2023. Milei pretende presentar esa caída como un fenómeno acotado al sector público, como si se tratara de un golpe asestada la “casta”, cuando expresa una política general de reducción del “costo laboral”, reclamada por las patronales.

La burocracia y su inmovilismo

Las direcciones de las centrales obreras (CGT y CTAs) vienen aceptando sucesivas derrotas mientras los salarios se deterioran y las condiciones laborales empeoran, incluso permitiendo el avance de la reforma laboral antiobrera de Milei. Nada impide que las centrales obreras convoquen a una movilización a las puertas de la Secretaría de Trabajo, a Plaza de Mayo o a cualquier lugar, para cuando se realice la reunión con el formato que sea, solo la capitulación sistemática de la burocracia sindical y su colaboración con el ajuste en curso.

No alcanza con reclamar un aumento del salario mínimo ni con participar de una reunión virtual, sino que hace falta un plan de lucha nacional, como el que está protagonizando la docencia combativa en distintas provincias y los docentes universitarios, entre otros, con la convocatoria al paro nacional y a la huelga general para derrotar la ofensiva patronal de Milei.

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