Sindicales
24/10/2026
Nadie se salva solo
La salida colectiva: un debate fundamental en el movimiento obrero.

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En las fábricas y los lugares de trabajo se desarrolla un debate que expresa el complejo momento que atraviesa la clase obrera argentina. En medio de los despidos, el derrumbe salarial, el deterioro de las condiciones laborales, el pluriempleo, la ofensiva general de las patronales y la colaboración de las burocracias sindicales, ha ganado terreno entre sectores de trabajadores la idea de que “no queda otra que arreglárselas solos”.
No se trata de una tendencia generalizada ni mucho menos irreversible, pero sí de un fenómeno que merece nuestra atención. Esta situación es el resultado de una ofensiva capitalista que busca apuntalar los beneficios empresariales mediante la reducción del costo de la fuerza de trabajo. La reforma laboral constituye una pieza fundamental de esta ofensiva, que también apunta a quebrar la capacidad de resistencia de los trabajadores, debilitar nuestras organizaciones y promover la competencia individual allí donde debería prevalecer la solidaridad de clase.
La trampa consiste en que estas supuestas “salidas” individuales, lejos de ofrecer una solución de fondo, terminan debilitando al conjunto de los trabajadores y reforzando la posición de las patronales. Cada conquista que se resigna sin lucha, cada atropello que se acepta como inevitable, establece un nuevo punto de partida para profundizar la ofensiva. La experiencia demuestra que las patronales no se detienen frente a las concesiones obreras. Por el contrario, las utilizan como punto de apoyo para avanzar con nuevos atropellos.
La responsabilidad de la burocracia sindical
El avance de estas tendencias no puede comprenderse sin considerar el papel que viene jugando la burocracia sindical.
Frente a la ofensiva del gobierno de Milei y las patronales, las burocracias de la CGT, las CTAs y de la inmensa mayoría de los sindicatos han desarrollado una política de colaboración, abierta o encubierta. En muchos casos, incluso, la justifican con el argumento de que “la gente votó a Milei, ahora que se la banquen”. Reproducen así, en el interior de las organizaciones obreras, la idea de que no existe otra alternativa que adaptarse a las exigencias patronales. Omiten señalar, desde luego, que Milei llegó al gobierno después del nefasto gobierno del Frente de Todos, que terminó su mandato con una inflación del 200 % y al que la burocracia sindical apoyó cerradamente, sin convocar a un solo día de paro.
Pero además, las burocracias sindicales han pactado con el gobierno de Milei la preservación de sus propios beneficios y prebendas. Por eso, en lugar de organizar una respuesta de conjunto, aíslan los conflictos y desmovilizan a los trabajadores, facilitando el avance patronal. En numerosos gremios y establecimientos, esta orientación se traduce en la aceptación de despidos, la firma de paritarias a la baja o la imposición de condiciones laborales regresivas.
Las consecuencias son profundas. El aislamiento o abandono de los conflictos alimenta la frustración, la desconfianza y la resignación. Es en este cuadro donde prosperan la desmoralización y las tendencias individualistas: cuando la organización colectiva deja de aparecer como una herramienta efectiva para defender el salario y las condiciones de trabajo, la búsqueda de una salida personal comienza a presentarse como la única alternativa posible.
Pero la traición de la burocracia sindical y la debilidad de la organización obrera no demuestra la inviabilidad de la lucha colectiva, sino, precisamente, la necesidad de reconstruirla.
Reconstruir la organización obrera
La ofensiva del gobierno y las patronales no es invencible. El reciente paro general de los trabajadores del subte, frente a la detención antisindical de dos delegados, logró hacer retroceder al gobierno de Macri y a la patronal Emova. Esta extraordinaria reacción obrera estuvo precedida por años de relativa pasividad, producto de la política de adaptación de su dirección sindical, y demuestra que pueden producirse giros bruscos en el movimiento obrero.
Los trabajadores de Fate, en este caso con su sindicato a la cabeza, el Sutna, llevan ocho meses librando una lucha ejemplar en defensa de la continuidad productiva de la fábrica y acaban de conquistar el cobro de las quincenas adeudadas. Son ejemplos contundentes de la fuerza de la acción colectiva. También lo muestran las huelgas y movilizaciones que recorren Francia y otros países europeos contra los ataques de los gobiernos y las patronales.
Sin embargo, sería un error desconocer el retroceso producido en numerosos lugares de trabajo. La ofensiva patronal y la colaboración de la burocracia sindical han debilitado la organización obrera, erosionado los vínculos de solidaridad y, en muchos casos, instalado un clima de temor y resignación.
Revertir esta situación exige un trabajo político y organizativo paciente, que parta de las condiciones reales de los trabajadores. En muchas fábricas y establecimientos, antes de impulsar una asamblea o una medida de lucha, será necesario reconstruir los vínculos más elementales de confianza entre los compañeros. Promover conversaciones, abrir debates y organizar pequeñas reuniones, que en determinadas circunstancias deberán ser reservadas para evitar represalias patronales.
Se trata de desarrollar un verdadero trabajo de orfebre para recomponer la solidaridad obrera, superar la desconfianza y recuperar la conciencia de que los problemas que enfrenta cada trabajador son parte de una situación común. Contra el individualismo que promueve la ofensiva patronal, es necesario recuperar un principio fundamental del movimiento obrero: si tocan a uno, nos tocan a todos.
En este proceso será necesario sacar otra conclusión fundamental: necesitamos echar a la burocracia sindical traidora y patronal, para poner nuestras organizaciones -las comisiones internas, los cuerpos de delegados y los sindicatos- al servicio de la lucha por nuestros propios intereses.

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