29/08/2020

Organicemos la jornada nacional del PSC, convocando a todos los sectores en lucha

En respuesta al Ancla-Mst.

El último plenario virtual del PSC (Plenario del Sindicalismo Combativo), resolvió, entre otras cosas, realizar una jornada nacional de lucha -por reclamos urgentes, vinculados a un programa de fondo que parte del no pago de la deuda- en la primera quincena de septiembre.

El Mst-Ancla plantea que el PSC debe convocar a esa jornada en común con la izquierda: «el FIT-U y la izquierda» deben ser «parte, junto al sindicalismo combativo, de la convocatoria a una gran jornada de lucha unitaria».

Claramente, esto no fue lo resuelto. También claramente, el PSC se esfuerza por sumar a todos los sectores en ruptura con el pacto social de hecho de la burocracia sindical, que coincidan con los reclamos y en especial a los que se encuentran en conflicto, pero mantener la convocatoria en los términos que fue votada. El debate, que ahora se plantea de manera más nítida, no es nuevo; bajo otras formas la controversia se arrastra desde hace tiempo y remite a la relación entre la izquierda y los sindicatos.

Según el Mst esto equivale a negarse a «tratar de convencer a los trabajadores» y a defender posturas «economicistas» y «abstencionistas» que pretenden «separar la izquierda de la pelea en los sindicatos».

El rosario de citas de Trotsky y Lenin con que pretende sustentar su posición solo oscurece la discusión concreta, que es «cómo» convencer a los trabajadores; es decir qué política debe seguir el PSC para contribuir a agrupar a la vanguardia tras un programa de independencia de clase.

El mérito del PSC, lo afirmamos hasta el cansancio, es que está constituido a partir de las organizaciones sindicales recuperadas, sindicatos, seccionales y cuerpos de delegados y que realiza la unidad de ocupados y desocupados con las organizaciones piqueteras independientes de la cooptación oficial. Los sindicatos agrupan a la masa de los trabajadores de sus ramas y sus direcciones no fueron votadas ni podrían actuar como brazos del Frente de Izquierda, aunque muchos de sus dirigentes sean integrantes o simpatizantes de sus partidos políticos. Tampoco es posible confundir en el PSC las organizaciones que lo integran (con sus representaciones, formas de funcionamiento y mandatos) con las corrientes político-sindicales que actúan en ellas. La tarea de esas corrientes es politizar la vida sindical, por medio de campañas de agitación, pero sobre todo impulsando acciones de lucha.

Una adhesión de organismos colectivos de Cicop sería un gran paso adelante, aunque solo sirviera para arrastrar a una porción de sus afiliados, ya que la mayoría de la directiva entre otras cosas acepta su integración al Estado por la vía de los Comités de Crisis.

La calidad de ese trabajo de politización se mide en las posiciones y orientaciones prácticas para intervenir en la lucha de clases. Al revés de lo que el Mst nos imputa, creemos que «ganar la mayoría de la conducción formal de un sindicato no significa que automáticamente se coronan con el rótulo de clasistas». Y, justamente por eso nuestra política es una «aproximación».

Por ejemplo, la batalla de La Naranja en torno al impuesto progresivo a las grandes fortunas, en el seno de la directiva de AGD y en la asamblea del gremio, muestra cómo se puede hacer progresar un planteo que golpea al gobierno, desde un pronunciamiento genérico a un apoyo explícito al proyecto del FIT-U. ¿Cuántos sindicatos hicieron algo similar? Por otro lado gran parte de las 5.000 firmas en apoyo a ese proyecto conquistadas por el PO forman parte del activismo sindical de sindicatos de todas las centrales: un extendido trabajo político en la vanguardia obrera. Recordemos que el pronunciamiento, además, vinculó el impuesto progresivo al no pago de la deuda.

El Mst debería reflexionar sobre esta forma de «hacer política» y de «pelear en los sindicatos», que dista mucho de la adhesión de un secretario general al programa de Lanús (que no implica mecánicamente que la base que representa adopte la misma posición). El Mst no ve aquí un problema mayor porque insiste en presentar al PSC como un mero «frente único de las tendencias de la izquierda clasista». Pero lo que define al PSC no es eso, sino que es un frente único de organizaciones sindicales. Aunque, como afirma el Mst, sean «pocos organismos sindicales los que hoy adhieren».

Las tendencias se empeñan –o así debería ser- en llevar a los sindicatos hacia un campo combativo y de clase, hoy expresado en el PSC. En la construcción que defendemos, la clave es el «frente único de los sindicatos» no el «frente único de las tendencias», que también existe, pero en función del primero. Ese empeño supone promover en cada instancia u organización -hasta donde sea posible de acuerdo a las condiciones y la maduración de la situación- la participación en el PSC y sus iniciativas, en base a un mandato de asamblea o de sus órganos colectivos.

El Suteba-La Matanza es uno de los grandes sindicatos que se sumaron al PSC por determinación de una asamblea general. Y recientemente votó participar de la jornada nacional del PSC. Ahora lo ha hecho a la jornada nacional de setiembre, aún cuando todavía no tiene fecha. Su secretaria general es nada menos que Romina Del Plá, diputada y una de las figuras del FIT-U. Sin embargo, pretender una «unidad» con el FIT-U provocaría una ruptura del cuerpo de delEgados y de la directiva, donde existen corrientes diversas, incluso afines al kirchnerismo, que no se movilizan con el PSC, pero deben aceptar que una parte sí lo haga con la bandera del sindicato.

En general, puede decirse que la izquierda tiene en los organismos sindicales que influencia capacidad para conducirlos a «un campo combativo y de clase», en torno a reivindicaciones y a planteos políticos determinados, pero eso no es lo mismo que «unirlos» al FIT-U en una convocatoria común. La «fusión» con el movimiento obrero supone que sus acciones sean legitimadas por los mecanismos democráticos de las organizaciones obreras de masas.

La izquierda no debe subordinarse a los sindicatos, pero menos aún puede ignorar las dificultades que plantea la contención de la burocracia sindical y el peso del nacionalismo; su tarea es impulsar y acompañar la experiencia de los trabajadores y hacer avanzar su conciencia a partir de su intervención directa en el proceso político.

¿Esto significa relegar al FIT-U o condenarlo al inmovilismo? Al contrario, creemos que el FIT-U debe afirmarse como alternativa política, al gobierno y a la derecha. Y redoblar su militancia en el seno de los sindicatos, a través de sus agrupaciones y sus voceros, para convencer a los trabajadores de que la única salida a sus reivindicaciones más elementales es anticapitalista y revolucionaria; en tanto, interesa a todos los trabajadores en la agitación y la acción política alrededor de un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y por una salida de los trabajadores mediante una perspectiva de poder político. Por eso el PO en la mesa del FIT está insistiendo en una acción política del FIT para la cual hemos propuesto una campaña de actos en todo el país contra el gobierno y el régimen fondomonetarista.

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