Sindicales
25/9/2026
Tierra Del Fuego: horas decisivas para el conflicto en Mirgor
Abajo la entrega de la burocracia. Urge convocar asambleas e impulsar la lucha para frenar el atropello patronal y conquistar los reclamos de los trabajadores.
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El conflicto metalúrgico en Tierra del Fuego ingresa en sus horas más decisivas bajo un escenario de extrema gravedad para la clase obrera de la isla. Este viernes 25 de septiembre vence formalmente el período de "conciliación voluntaria" acordado entre la directiva de la UOM Río Grande y el pulpo empresarial Grupo Mirgor. Lejos de constituir una tregua pacífica o un canal de solución para las demandas obreras, este paraguas legal -urdido en complicidad con el Ministerio de Trabajo- ha funcionado como el escenario ideal para que la patronal redoble su ofensiva, consolidando una reforma laboral esclavista de facto y aislando la resistencia de las bases.
La capitulación de la conducción de la UOM Río Grande ante el holding de capitales vinculados a Nicky Caputo y la familia Macri representa una entrega en toda la regla. Al acatar inicialmente la conciliación obligatoria y luego prolongar la parálisis mediante una escandalosa "conciliación voluntaria", la burocracia sindical desarmó el anunciado paro de 48 horas que los trabajadores exigían para salir a la lucha. Con esta desmovilización forzada, la directiva gremial dejó completamente a la deriva a más de 300 familias metalúrgicas, compuestas tanto por personal efectivo de planta como por trabajadores precarizados bajo la nefasta modalidad de PPD (Permanentes de Prestación Discontinua), el eslabón más desprotegido de la cadena de flexibilización laboral en el régimen industrial fueguino.
El origen del conflicto y la provocación patronal
La chispa que desató el conflicto fue el liso y llano robo del premio anual por parte de la empresa, una suma legítima que le corresponde a los operarios y que la corporación se niega rotundamente a liquidar. Sin embargo, lo que comenzó como un reclamo salarial legítimo escaló rápidamente ante la estrategia de guerra declarada por la gerencia y el CEO de Mirgor, José Luis Alonso. En una provocadora intervención en el noticiero de la TV Pública Fueguina, Alonso no dudó en tildar a la organización gremial como la "amenaza número uno" para los planes corporativos, condicionando la continuidad laboral a mayores niveles de "productividad" y justificando el descabezamiento político de las fábricas.
Como parte de este despotismo de planta, Mirgor avanzó activamente en el desafuero penal y en el bloqueo físico del ingreso a la totalidad del cuerpo de delegados elegidos por las bases. Mientras las comisiones internas permanecen ilegalmente excluidas de los establecimientos, la producción de televisores, teléfonos celulares y otros componentes continuó garantizada a pleno rendimiento, asegurando que las ganancias capitalistas sigan fluyendo hacia los bolsillos de los Caputo y los Macri, mientras las familias obreras padecen la incertidumbre absoluta de sus ingresos.
Nuevos licenciamientos y extorsión de cara al viernes
A solo horas del vencimiento del plazo legal de la conciliación, el Grupo Mirgor ha decidido redoblar la apuesta defensiva demostrando que la patronal no piensa retroceder ni un milímetro. Este miércoles se conoció que el holding impuso licenciamientos forzosos "con goce de haberes" a unos 35 trabajadores pertenecientes a distintas áreas y plantas de Río Grande. Aunque la corporación fundamenta cínicamente estas medidas en supuestas "razones de niveles de producción", el licenciamiento -que inicialmente afectó a las líneas de montaje de televisores y celulares por el término de una semana- ya se ha extendido a operarios de otras áreas y diversas razones sociales que componen el grupo.
Para los delegados independientes y activistas de base, esta medida no tiene nada de benévola: es una maniobra de vaciamiento, enfriamiento y dispersión de la fuerza obrera en la víspera de las definiciones. En paralelo, la gerencia de Mirgor ha lanzado una agresiva campaña de "retiros voluntarios" extorsivos, dirigidos de forma quirúrgica hacia los trabajadores en conflicto e incluso hacia los propios representantes gremiales bajo negociación. Se trata de un chantaje económico abierto que busca descabezar la organización fabril, sembrar el terror al desempleo y quebrar definitivamente la moral de los operarios para forzarlos a convalidar las desvinculaciones.
Abajo la entrega de la burocracia: ¡Hay que ganar las calles!
El panorama actual demuestra de manera irrefutable que la política de "paz social" defendida por la burocracia metalúrgica y los funcionarios ministeriales solo sirve como cobertura para que las corporaciones avancen en el cercenamiento de los derechos laborales. No se puede permitir que el destino de 300 familias y la continuidad del convenio colectivo se decidan a puertas cerradas en negociaciones de pasillo mientras las bases permanecen desmovilizadas. Es urgente convocar a asambleas generales soberanas por planta y unificar las fuerzas de toda la industria metalúrgica de la provincia para frenar este atropello.
Ningún despido ni suspensión en el Grupo Mirgor. Reincorporación inmediata e incondicional de los 300 compañeros efectivos y precarizados bajo el régimen PPD. Abajo la reforma laboral de facto y la flexibilización contractual. Pase a planta permanente de la totalidad del personal y abolición de las modalidades de contratación precarizantes. Pago integral e inmediato del premio anual confiscado. Basta de robos empresariales contra el salario y el sustento de las familias trabajadoras. Restitución inmediata de los fueros gremiales y libre ingreso del cuerpo de delegados. Fuera las garras del CEO José Luis Alonso y de la patronal de la organización sindical de base. Basta de licencias tramposas de desmovilización y de retiros voluntarios extorsivos. Garantía de estabilidad laboral absoluta para todos los operarios del grupo. Por asambleas generales, conjuntas y soberanas en todas las plantas metalúrgicas.
Hay que imponer desde abajo un paro general provincial y un plan de lucha unificado para que la crisis industrial no la pague la clase obrera, sino los capitalistas Caputo y Macri.




