Sociedad
17/6/2026
Escenas de una copa del mundo en el imperio (I)

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Bandera en alusión a las 168 niñas iraníes asesinadas por Estados Unidos.
El mundo de las redes, que a grandes rasgos no es nuestro mundo, sino su mundo, con sus algoritmos, sus multimedios, sus trolls, discute si Mohammad Mohebi, jugador con el dorsal N° 8 de Irán, festeja con tiros ficticios o no el gol del empate en el hermoso partido contra Nueva Zelanda.
Discute menos, muchísimo menos, las declaraciones pospartido de los jugadores de la selección. El capitán y centrodelantero Mehdi Taremi, jugador del Olympiacos griego, resumió todo con una agudeza que amerita atención: “Todo es un desastre para nosotros”. La sinceridad ante todo. Luego habló como se supone que tienen que hablar los jugadores del fútbol: “No tenemos excusas y miramos para adelante. Tenemos esperanza en los dos partidos que vienen. Haremos lo mejor por nuestra gente y nuestros hinchas”. Lo completó Mohebi: “Tenemos que venir acá el día anterior al partido. Arrancamos el viaje a la mañana, llegamos a la tarde y vamos al entrenamiento. Estamos cansados. No es justo”. El único consuelo que tuvieron fue que Gianni Infantino entró a su vestuario para felicitarlos, sin que eso aporte ninguna solución a las demoras de migración ni mucho menos a los tiempos de viaje entre la concentración y los partidos.
Es la primera vez en la historia que un país agredido juega en territorio del agresor y eso se hace sentir: Irán, a pesar de disputar sus partidos en Seattle y Los Ángeles, hace base en Tijuana (México) y quince miembros del cuerpo técnico no pueden ir a los partidos por no disponer de visa, la misma que Trump y compañía le negaron al árbitro somalí Omar Artan.
Irán, como aquellas hinchadas que copan estadios a pesar de las adversidades, respondió con fútbol y política: sus hinchas tejieron banderas en la tribuna que por “cuestiones ideológicas” no pasaban los controles y, también, le mostraron al mundo su “Minab 168” en alusión a las 168 niñas asesinadas el pasado 28 de febrero en la Escuela Primaria Shajare Tayebé (Minab), tras un ataque aéreo de las fuerzas armadas estadounidenses. "Somos la selección más oprimida de la historia del Mundial", declaró el técnico Amir Ghalenoei.
La madre de Josimar Días, alias Vozinha, el arquero del Cabo Verde que engalanó al mundo con sus manos frente a delanteros de la talla de Ferrán Torres, Gabi y Oyarzábal, también tuvo que mirar a su hijo desde lejos por problemas de visado, algo que nos dio a conocer su hijo mientras lloraba en el pospartido.
La política migratoria restrictiva es previa a la Copa del Mundo. Dice la bachiller en Derecho, Geraldine Chávez (IDEHPUCP): “El segundo mandato del presidente Trump ha estado acompañado de una serie de órdenes ejecutivas orientadas a restringir el ingreso de flujos migratorios. En esa línea, se dispusieron medidas tales como la restricción del alcance del Temporary Protected Status (TPS), mecanismo que antes beneficiaba a ciudadanos de países que enfrentan crisis graves como Haití, Nicaragua, Honduras y Venezuela; la suspensión del United States Refugee Admissions Program (USRAP); el reforzamiento de los procedimientos de expulsión expedita; la restricción del asilo en frontera y la militarización de la frontera sur con México”. Un interesante grupo de activistas y artistas callejeros se encuentra impulsando la campaña gráfica “No ICE in the cup”, rechazando la política trumpista del “Immigration and Customs Enforcement”.
Indica Alfredo Moreno, en el artículo “El Mundial más vigilado de la historia” (Motor Económico): “El uso de datos biométricos producido por el escaneo corporal completo de los jugadores y el monitoreo de los flujos de los hinchas aficionados genera serias dudas sobre el almacenamiento, propiedad y destino de esos datos privados”.
Es curiosa la conveniencia capitalista con las políticas migratorias: puertas cerradas por el escape de la barbarie, puertas adentro como insumo futbolístico para las potencias. En la selección estadounidense dirigida por Mauricio Pochettino hay seis futbolistas. Es una dinámica más general: 289 de 1.248 jugadores, un poquito más del 23%, se encuentran en la misma situación en todos los equipos del mundo (La Tinta). Por supuesto que ese proceso es complejísimo: incluye a captadores de los países dominantes y también a jugadores que eligen jugar para las banderas de sus raíces familiares. Pero no deja de llamar la atención.
El mundial, además, es sobredosis de TV. Alguna vez hace 40 años, en México 86, Maradona, Valdano y otros jugadores se quejaron por jugar en pleno verano centroamericano a las 12 del mediodía, algo que la Fifa instauró para priorizar el horario de transmisión europeo. Joao Havelange, mandamás de la institución planetaria del fútbol, declaró “que se callen y jueguen”. También fue conocido el brasileño por un concepto que no estaba carente de sinceridad: “Yo vendo un negocio llamado fútbol”. Esa concepción hoy es llevada al extremo: el “cooling break” (pausa de hidratación), lejos de la recuperación corporal, apunta a exprimir al máximo las ganancias publicitarias. Si la atención del espectador dura menos, interrumpamos la programación por tres minutos, obliguémoslo a ver hamburguesas que bailan o leyendas hechas con IA que te instan a jugar en las casas de apuestas online. La Fifa tuvo que corregirse a sí misma para evitar el ridículo: intentó imponer que las conferencias de prensa no sean en español, como si el mundo solo hablara la lengua del imperio.
Lo que no se televisan son las protestas. Ni la de los 15.000 docentes que acampan en el DF y se movilizaron al estadio Azteca, ni la de la Copa Anti-Fifa, ni a los hinchas bosnios o argelinos cantando por Palestina, ni a las comunidades indígenas al grito de “Fifa go home”, ni la bandera en Canadá con la leyenda “Kick Israel out of Fifa”, ni los cantos de los australianos contra Donald Trump, ni la bandera del presidente de Estados Unidos que prendieron fuego en Los Ángeles, ni la protesta “La Copa Mundial del despojo”, ni las declaraciones de Kalidou Koulibaly (capitán de Senegal) quejándose con razón de las dificultades de los equipos africanos para que sus aficionados entren a Estados Unidos, ni las críticas de Virgil Van Dijk a las pausas que tienen los tiempos cada 22 minutos. Para quien le interesen estas intervenciones y su difusión en las redes sociales, esta columna recomienda fervorosamente las cuentas de X (ex Twitter) @FutboliPolitica y @ultras_antifaa.
Pero hay una de ellas cuya no viralización es realmente sorprendente. Kylian Mbappé, figura del Real Madrid y de la selección subcampeona del mundo, galardonado con el título planetario en 2018, se sienta en la conferencia de prensa luego de la victoria gala por 3 a 1 contra Senegal. Un periodista le quiere hacer una pregunta y le indica donde está para que lo pueda mirar. El astro responde.
-Estoy a tu izquierda, realmente la extrema izquierda.
-Menos mal que no estabas en el otro lado.




