Sociedad
31/7/2026
La Fifa quiere monopolizar la privatización del fútbol mundial, de la mano de Trump
Gianni Infantino pretende vender a privados la participación en los mundiales y el Mundial de Clubes.

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El presidente de la Fifa, Gianni Infantino, acaba de dar un paso para profundizar la privatización y los negocios del fútbol mundial, con el proyecto para abrir el negocio del Mundial a fondos privados mediante la creación de Fifa Forward Enterprise, que representa un salto en la privatización de la competencia deportiva más importante del planeta y en la subordinación definitiva del fútbol a la lógica del capital privado.
La nueva sociedad concentraría la explotación de los derechos de televisión, el patrocinio, la venta de entradas, las licencias y toda la maquinaria comercial de los Mundiales masculino, femenino y de Clubes. Detrás de la iniciativa aparecen JP Morgan y Thrive Eternal, firma vinculada a Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump. Puede evidenciarse nuevamente la creciente injerencia del capital estadounidense en la Fifa, luego de obtener la organización reciente de la Copa América, el Mundial de Clubes y el Mundial 2026.
Infantino intenta presentar la operación como una oportunidad para las asociaciones nacionales, prometiendo multiplicar los recursos distribuidos por el programa Fifa Forward y elevar los aportes hasta cifras inéditas, pero el mecanismo sería la incorporación de accionistas privados que reclamarán una rentabilidad permanente sobre el negocio del fútbol.
El propio presidente de la Fifa dejó en evidencia la extorsión que acompaña al proyecto, al plantear que las federaciones que adhieran antes de septiembre accederán a decenas de millones de dólares, mientras que las que se nieguen verán reducida drásticamente la financiación. La supuesta decisión “democrática” viene acompañada de un ultimátum económico que busca disciplinar a las asociaciones mediante el peso de la billetera.
La reacción de la Uefa fue inmediata, acusando a la Fifa de querer vender un patrimonio que no le pertenece y advirtiendo que el ingreso de accionistas privados terminará subordinando el calendario y los formatos deportivos a las exigencias de los inversores. Incluso, desde la organización del fútbol europeo resolvieron boicotear las competiciones organizadas bajo este nuevo esquema.
Pero la Uefa no está exenta de los mismos vicios que promueve Infantino: el negocio multimillonario construido alrededor de la Champions League, los derechos televisivos y el mercado de pases europeo constituye desde hace décadas uno de los ejemplos más acabados de mercantilización del deporte. Los grandes clubes funcionan como verdaderas corporaciones y el capital privado domina ampliamente las principales ligas del continente.
Europa, además, sostiene un sistema profundamente desigual basado en la apropiación permanente de los mejores futbolistas formados en África, Sudamérica y otras regiones periféricas. Los clubes europeos concentran talento, recursos y audiencias globales mientras vacían competitivamente a las ligas de origen, en un proceso de degradación de las federaciones y competencias de los países subordinados, consolidándose una dinámica mercantilista que opera como uno de los pilares económicos del fútbol contemporáneo.
La orientación privatista que Infantino pretende profundizar ya se encuentra instalada en el día al día del fútbol mundial. No se escuchó a la Uefa “oponerse enfáticamente” a la organización de un mundial con las entradas más caras, comercialización de espacios, incorporación de pausas adicionales para vender más espacios publicitarios, predominio comercial de las casas de apuestas, etc.
La mercantilización al extremo del fútbol mundial produce, a su vez, una superexplotación de los jugadores, que culminan las competencias acumulando una cantidad importante de lesiones, con un calendario de competencias que atenta contra la salud de cualquier persona y que cualquier inversión privada intentará seguir cargandando de eventos y nuevas competencias -algunos hablan de un Mundial cada dos años- al fútbol.
El choque entre la Fifa y la Uefa expresa una disputa entre distintos administradores del mismo negocio. Infantino pretende centralizar y profundizar la explotación comercial a escala mundial, mientras la dirigencia europea busca preservar la posición privilegiada que conquistó durante décadas dentro del mercado futbolístico internacional. Lo que está en discusión no es el carácter mercantil del fútbol sino quién controla sus ganancias.
El silencio de la Conmebol frente a esta ofensiva resulta igualmente significativo. Mientras gobiernos europeos, federaciones nacionales e incluso la Comisión Europea manifestaron reparos al plan privatizador, la conducción del fútbol sudamericano evita pronunciarse. Una actitud coherente con una dirigencia acostumbrada a subordinarse a los intereses económicos que dominan el negocio global antes que defender el desarrollo de las competiciones locales.
La privatización impulsada por la Fifa no inaugura la mercantilización del fútbol: la lleva a una nueva etapa. La oposición de la Uefa tampoco representa una salida para quienes defienden al deporte de las imposiciones del capital. La defensa del fútbol como patrimonio social exige enfrentar tanto la ofensiva privatizadora de la Fifa como el modelo empresarial que desde hace años impera en Europa.




