Políticas
30/7/2026
El "nacionalismo" de Milei es solo para perseguir a trabajadores y estudiantes, mientras remata el país al capital extranjero
La xenofobia oficial encubre una política sistemática de ajuste al pueblo argentino y entrega al imperialismo.

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El gobierno de Javier Milei profundiza una nueva campaña reaccionaria contra los trabajadores y estudiantes extranjeros. Lo hace con un comunicado oficial que anuncia un DNU para prohibir el ingreso y expulsar del país a quienes, según su criterio, promuevan "mensajes de odio" contra la Argentina o incluso incurran en el supuesto "ultraje a los símbolos patrios". El texto, deliberadamente ambiguo, abre la puerta a un nuevo instrumento represivo bajo la excusa de la defensa nacional.
La ofensiva viene acompañada por una campaña de demonización de los estudiantes extranjeros. El vocero presidencial, Adrián Ravier, afirmó que "el 39%" de los alumnos de Medicina de la UBA son extranjeros que estudian "gratis" a costa de los contribuyentes argentinos. La cifra ya era engañosa en su formulación y, además, fue presentada como si describiera a toda la facultad cuando corresponde únicamente a una carrera y utilizando una metodología completamente arbitraria.
Según el anuario estadístico de la Secretaría de Educación, apenas el 4,1% de los estudiantes de grado y pregrado de las universidades nacionales son extranjeros. Incluso en Medicina de la UBA, la proporción de estudiantes regulares extranjeros informada por la propia universidad era del 28%, lejos del número instalado por el gobierno.
Para inflar el porcentaje, el gobierno considera "extranjero" a cualquiera que se haya inscripto inicialmente con pasaporte, tenga un DNI superior a 90 millones o haya cursado el secundario fuera del país. Es decir, mezcla residencia, documentación y trayectoria educativa para fabricar una estadística funcional a su campaña xenófoba. Muchos de esos estudiantes son residentes permanentes, tienen DNI argentino y aportan impuestos como cualquier trabajador.
El argumento económico tampoco resiste el menor análisis. Los estudiantes migrantes que viven, trabajan y consumen en la Argentina pagan IVA, impuestos nacionales, provinciales y municipales, además de tributar como cualquier trabajador registrado o monotributista. La universidad pública se financia con el conjunto de esos aportes, no con un supuesto privilegio reservado exclusivamente para los nacidos en el país.
El mismo gobierno que dice defender la soberanía impulsa la extranjerización de la tierra, incluso en zonas de frontera, facilita la concentración de enormes extensiones en manos de capitales extranjeros y entrega los recursos estratégicos del país. Mientras levanta el dedo acusador contra un estudiante boliviano, paraguayo o brasileño, abre de par en par las puertas a los grandes terratenientes y fondos internacionales. Estamos ante una impostura monumental.
La contradicción alcanza incluso la cuestión de Malvinas. Mientras se monta una cruzada contra jóvenes que vienen a estudiar o trabajadores migrantes que viven y producen en la Argentina, el gobierno mantiene una política de concesiones frente al saqueo de los recursos naturales del Atlántico Sur y del petróleo que rodea las islas ocupadas por el imperialismo británico. Hay una vara para perseguir a los de abajo y otra muy distinta para quienes hacen negocios con los recursos nacionales.
El objetivo real no es defender la Nación sino dividir a la clase trabajadora. Se busca enfrentar a trabajadores argentinos con trabajadores migrantes, responsabilizando a estos últimos por problemas cuyo origen está en el ajuste, el desfinanciamiento universitario y la destrucción del empleo que ejecuta el propio gobierno. Es el viejo recurso de fabricar un enemigo interno para ocultar a los verdaderos beneficiarios del régimen.
La defensa de la universidad pública, de los derechos de los migrantes y de las libertades democráticas forma parte de una misma lucha contra la política de Milei. Frente a un gobierno que entrega el país al gran capital mientras persigue a estudiantes y trabajadores extranjeros, corresponde oponer la unidad de la clase obrera, sin distinción de nacionalidad, contra el ajuste, la represión y la entrega nacional.




