Sociedad

19/12/2022

La Scaloneta y los primeros minutos de la eternidad

El fútbol argentino en tierra de sueños.

Periodista deportivo

El seleccionado argentino con la copa de campeón mundial.

Las trepadas a los postes de luz, vaya uno a saber por qué, reflejan en días carnavalescos de festejo la belleza de lo conseguido. En el segmento callejero que se extiende desde el obelisco hasta el Teatro Colón, hay camisetas celestes y blancas por todas partes: incluso si uno mira hacia el cielo. La mayoría, resulta lógico, festeja. Pero hay gente suelta, posiblemente treintañera, que simplemente mira. Uno no puede hablar por cientos, es cierto, pero el interrogante que tiene cada uno como denominador común parece estar claro: ¿hay algo más feliz que esto?

Cada festejo en cada rincón de Argentina se da horas después de una final apasionante, de esas que engalanan el fútbol mundial. No solamente por la valoración del deporte en sí, sino también por la demostración genuina de lo que significa la pasión: el fútbol es fútbol por aquella máxima del periodista y escritor Dante Panzeri, que alguna vez dijo y dejó fijado que este juego es “dinámica de lo impensado”. La actuación angelada del seleccionado nacional durante casi ochenta minutos no fue suficiente para ganar sin sufrir. El semblante cambiante en el que todo lo que parece lógico puede trastocarse en el andar deportivo implica que el fútbol tiene una veta casi artística: la belleza de lo imprevisible.

La final y el enorme rendimiento futbolístico que mostraron en la cancha los equipos de Qatar 2022 evidenció la genuinidad del juego en contraste con las corruptelas de los dirigentes que la organizaron, como mostró la reciente revelación de sobornos a los eurodiputados para mirar para otro lado frente a la explotación laboral. El fútbol en manos de sus talentosos ejecutores se convierte en otra cosa.

Millones de banderas y de risas. Algunos llantos. Es probable que el festejo, más allá de haber conseguido la gloria máxima, sea aumentado porque la selección argentina de fútbol logró una conexión implacable con su hinchada, de una profunda raigambre popular. Ese cariño posiblemente se haya forjado a través de buen fútbol y trofeos (la Copa América 2021 en el Maracaná y la Finalísima contra Italia, en Wembley) pero es un vínculo que tiene líneas más firmes.

¿Cómo no va a generar eso Lionel Messi, que gambetea como cuando corría en la “categoría 87” de Newell´s? ¿Cómo no van a lograrlo Scaloni y Aimar, que se visten con la ropa de la selección a todo momento porque “hay familias que necesitan 24 cuotas para comprarla”? ¿Cómo eso no va a ocurrir, si Enzo Fernández la pone debajo de la suela como hacía en el club barrial La Recova de San Martín, si Julián Álvarez corre, gambetea y choca como cuando jugaba en Calchín, si Alexis Mac Allister maneja la pelota como cuando jugaba en la B Nacional en La Paternal, si Otamendi rechaza con el ímpetu de ese joven que brillaba en el Vélez del “Tigre” Gareca?

Una selección de arrabal. Lo dejó en claro la música de Yerba Brava, en los festejos en el vestuario: “Al equipo que tiene más aguante lo llevo dentro del corazón”. Tierra de Diego y Lionel. También de Distéfano, Bochini, Corbata, Labruna, el “Chango” Moreno, Rojitas, Kempes, Elba Selva. Más acá en el tiempo, de Riquelme, Aguero, Mascherano, Estefanía Banini, Yamila Rodríguez y tantos otros y otras.

Hay un canal indudable, entre tanto festejo, de reivindicación individual. La consagración de Lionel Messi, tantas veces criticado por carencia de títulos, como uno de los tres mejores jugadores de la historia, quizás el más grande. Párrafo aparte para Ángel Di María, el que iba en el canasto de Gloria (nombre familiar que le habían puesto a la bicicleta), manejada por la mamá, y que soñaba con jugar en su amado Rosario Central y luego con el seleccionado argentino. Los pibes y pibas con guantes soñarán, a partir de ahora, atajar como el “Dibu” Martínez, ese que cambia penales por sueños imposibles.

Este valor se dio, también, en la hinchada, que popularizó que a los pibes de Malvinas jamás los olvidaremos. Las islas colonizadas por el reino británico se encontraron vinculadas al fútbol desde el partido contra Inglaterra del Mundial ‘86. Agraciada comparación, en un Mundial que encontró en el fútbol un vehículo de manifestación antiimperialista constante. No es casual que en Bangladesh, Escocia, Irlanda y tantos otros lugares se hinche por Argentina.

¿Por qué genera tanto el fútbol? Con la pelota no se come, no se cura, ni se educa. Las críticas por parte de una amalgama de intelectuales (¿?) pueden tener una parte certera, pero excluyen una afirmación que es, por lo menos, igual de justa: los gobiernos y el poder político en manos de los bolsiqueros de esta tierra tampoco solucionan los problemas de esta gente. De ahí a plantear que la selección tiene que “enseñarle” al personal político suena un tanto ridículo, pero sí que el deporte logra, en su faceta más genuina, triunfos y felicidades populares que no pueden todos los gobiernos que entregan el país a intereses ajenos. Hay en el fútbol, entonces, una impronta (quizás efímera, pero concreta) de liberación.

Ahora, entre tanta algarabía, ya es de noche y hay personas en la 9 de Julio preguntándose si hay algo más después de esto. Si la felicidad puede ir más allá. Posiblemente la cuestión sea cambiante y se modifique durante los días o las semanas. Pero, por ahora, mientras transitamos los primeros minutos de la eternidad futbolera, la respuesta es no.

(Escrita en la noche del domingo de festejo)

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