12/09/2020

Nuevos testimonios sobre abusos del cura Rubén Marchioni

La curia platense sigue sumando de denuncias en su contra.

A la derecha Rubén Marcioni, acompañado por el intendente de La Plata Julio Garro y el Arzobispo Víctor Fernández.

Nuevos testimonios de abuso sexual apuntan contra el párroco de la Iglesia Cristo Rey de La Plata, Rubén Marchioni. El cura se encuentra al frente de la parroquia ubicada en la localidad de Villa Elvira desde 1991, es directivo de la UCALP y actualmente ocupa además el cargo de director diocesano de la Pastoral Social platense. El año pasado habían sido difundidas acusaciones por maltratos y abusos cometidos por Marchioni y el suicidado Eduardo Lorenzo hacia el «Padre G», entre 1989 y 1991. Ahora se suman dos nuevos relatos.

Además de haber tenido estrechas relaciones con Lorenzo -cuyos abusos sobre niños y adolescentes fueron probados en la Justicia, de manera tal que se suicidó cuando fue dictada la orden de detención-, a Marchioni también se lo vincula con el exazrobispo de La Plata, Héctor Aguer, mientras que el actual arzobispo, «Tucho» Fernández, fue quien lo promovió a su cargo de director en la Pastoral Social.

Uno de los nuevos testimonios (publicados por Pulso Noticias, 9/9) es el de Fernando. Hace unos meses, se contactó con la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico y por primera vez pudo poner en palabras lo que padeció 20 años atrás. «Una noche llegué a la casa parroquial, desde la Escuela Naval. Él (Marchioni) me dijo si quería que me hiciera unos masajes arriba. Yo hasta ese momento nunca había visto mala intención de su parte, así que esa vez lo tomé como algo de amigo, en confianza», relata.

«Subimos a una de las habitaciones del entrepiso. Me dijo que me sacara la ropa, y me quedé en boxer. Cuando me di cuenta él también estaba en boxer. Me pidió que me acostara en una cama de una plaza y me empezó a hacer masajes. Empezó a tocarme más abajo de la cintura, y me sentí muy incómodo. No me dio para más, me levanté y le dije ‘está bien así, te agradezco’, me puse la ropa y me fui a mi habitación».

Al poco tiempo, Fernando decidió irse de la casa parroquial. «Marchioni era una persona de ostentar mucho, siempre tomando los mejores vinos y comiendo la mejor comida. Cuando terminé el reclutamiento, a un grupo de chicos nos pagó de su bolsillo un viaje a Mar del Plata, hotel, comida y salidas. Hasta nos mandaba a sacar plata a una de las alcancías de la parroquia (la de San Cayetano, que él decía que era la que tenía más plata). A mí me decía que fuera a comprar comida a una rotisería. Pero a otros chicos llegó a decirles que fueran a buscar prostitutas y las llevaran a la casa parroquial», cuenta sobre el accionar del cura.

El segundo testimonio es el de Ricardo, quien formó parte del Grupo Scouts de Cristo Rey de 1988 a 1994, año en que el pastor Marchioni abusó de él. Relata que cuando no tenía aún 14 años un día el cura logró que se quedaran a solas, lo llamó desde su habitación para pedirle que se acueste a su lado a mirar televisión. Fue entonces cuando el sacerdote comenzó a manosear al menor que, impactado, logró salir y volver a su casa.

A partir de ese momento, Ricardo dejó de asistir a la parroquia. Luego de unos años le contó lo ocurrido a su dirigente scout, y decidieron presentarse ante el capellán regional de Scouts de Argentina para informarle lo que había padecido el menor de edad. Pero el capellán era nada menos que Eduardo Lorenzo, quien al enterarse de lo ocurrido dijo que «lo iba a charlar» y que se disculpaba en nombre de Marchioni. El caso evidencia el encubrimiento eclesiástico ante las denuncias de las víctimas, y revela toda una cadena de abusos al interior de la institución.

Néstor, un íntimo amigo de Ricardo, tenía 16 años cuando fue víctima de Marchioni. Una noche junto a otro amigo aceptaron la invitación de quedarse a dormir en la casa parroquial. «Había dos camas de una plaza, y el cura se acostó en un colchón en el medio. Durante la madrugada empecé a sentir una mano que me tocaba la pierna. Me quedé duro. Empezó a meterla dentro de mi boxer, hasta que me corrí haciéndome el dormido. No supe qué hacer», narra.

Estos relatos se conocen en medio de la campaña contra el cura Raúl Anatoly Sidders, que perpetraba todo tipo de tratos vejatorios con los alumnos del colegio San Vicente de Paul de La Plata. Sidders fue denunciado penalmente por abuso sexual por «Rocío» a principios de agosto, en el marco de la publicación en redes sociales y medios de comunicación de decenas de testimonios de exalumnos del colegio que reflejaron las múltiples violencias  que cometía. La reacción del Arzobispado, de nuevo, fue el encubrimiento.

Nos encontramos frente a una institución donde los abusos sexuales dentro de su ámbito son una constante, y que sostiene como modus operandi el encubrimiento y la impunidad. Los sobrevivientes, junto al movimiento de mujeres y la diversidad sexual, impulsará sin embargo esta lucha hasta que se haga justicia por las víctimas, y por la separación de la Iglesia del Estado.

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