16/08/2021
Deportes

Sobre Messi, o cómo le roban el fútbol a las mayorías populares

Su salida del Barcelona y el gran negocio capitalista.

La salida de Lionel Messi del Barcelona y su arribo al PSG francés provocó una enorme conmoción, que se expandió más allá del mundo del fútbol. Acompañando el impacto deportivo, el pase también sacó a la luz los intereses y el dinero que se mueven alrededor del fútbol, en especial en el europeo -centro del negocio a nivel mundial-, que se ha convertido en un terreno de inversiones del cual participan varios de los más abultados multimillonarios del mundo. Para estos es una rama más de sus actividades lucrativas.

Un ejemplo de la magnitud del negocio del fútbol, que ha dado un salto enorme en los últimos 20 años, la da el monto global desembolsado en los fichajes de jugadores: en 2019, fueron u$s7.350 millones, que cayeron a u$s5.630 millones en el 2020 como consecuencia de la pandemia, según el Global Transfer Market Report de la FIFA. Aún más relevante es el dato del valor que alcanzan los principales clubes del mundo, todos de las más desarrolladas ligas europeas: los diez primeros, según la publicación especializada Forbes, sumaban en 2020 u$s37.700 millones, desde un mínimo de u$s2.300 millones -Tottenham- hasta los u$s4.760 millones del Barcelona.

El PSG, ahora de Messi, está valuado en ese ranking en u$s2.500 millones, cuando el jeque propietario lo adquirió en 2011 por poco menos de u$s90 millones. El negocio de la valorización y la venta de clubes, donde estos son una mercancía más, se muestra en que según datos de la UEFA (la entidad que regla el fútbol europeo) desde principios de 2020 en las principales ligas del viejo continente han cambiado de mano 52 clubes, de los cuales 36 son de las primeras divisiones.

Es tal el interés que ha despertado el fútbol como inversión que la mayoría de los clubes de las cuatro de las principales ligas de Europa –inglesa, española, italiana y francesa- pertenecen hoy a empresarios de los Estados Unidos, Singapur, China, Rusia, India, Egipto, Irán, Tailandia, Canadá e Israel, a los que se suman varios jeques árabes, todos los cuales disputan el mercado con los empresarios locales.

En el caso de la quinta liga en importancia, la alemana, donde también se ha volcado un flujo creciente de capitales, hay una ley vigente que impide superar a los privados el 49% del capital de los clubes.

A esta carrera también se han sumado fondos de inversión “de riesgo”, como el recordado Elliot Management, el fondo buitre de Paul Singer, hoy propietario del Milan porque el anterior dueño chino no le pudo devolver un préstamo de 300 millones de euros que le había concedido. Al tomar el mando del club -un antiguo ícono del grupo del exprimer ministro Silvio Berlusconi- Singer anunció que “Elliott cree firmemente que hay una oportunidad de crear valor en el Milan”. Según Forbes, el club ya vale u$s560 millones.

Que un negocio relativamente nuevo como el del fútbol convoque a invertir a empresarios multimillonarios como Robert Kraft, dueño de la mayor empresa privada de papel y embalaje de Estados Unidos y del New England Revolution, de la MSL norteamericana; Stan Kroenke, casado con una de las dueñas de los supermercados Walmart y dueño del Arsenal inglés; o Dietrich Mateschitz, empresario austríaco, propietario de la empresa de bebidas energéticas Red Bull y del Leipzig (fundado por él en 2009 y hoy en la primera división alemana), se explica también por la necesidad de desarrollar como negocios a nuevas actividades, para colocar el dinero que no encuentra lugar rentable en las ramas capitalistas tradicionales.

Una muestra de esto es el impulso que los capitalistas norteamericanos -los principales inversores en el fútbol europeo de los últimos años-, según datos de la UEFA, le han dado al negocio de ese deporte en los Estados Unidos, donde era virtualmente inexistente hasta hace poco más de 25 años, cuando se creó la liga de fútbol MLS.

Enormes inversiones en estadios, en fichajes de jugadores y técnicos extranjeros, volcados para el desarrollo de una “masa crítica” de socios e hinchas que haga viable a las franquicias -más que clubes-, con la particularidad de que allí ya nacen como un negocio. Con una generación de ingresos aún limitada, que ronda hoy los u$s1.000 millones anuales (la NBA de básquet llega a los u$s7.000 millones), el precio de mercado de las 23 franquicias de la MLS alcanza ya a los u$s5.500 millones, un 7,6% más que en el ejercicio anterior, según el último informe anual de 2020 de Forbes.

Respaldados por fortunas inmensas, producto de una expropiación histórica de las riquezas de sus países en beneficio de las cúpulas dominantes, los jeques de distintos países árabes también tienen un rol muy activo en el negocio. Además del qatarí Nasser Al-Khelaifi, del PSG, como gran jugador está el jeque Mansour bin Zayed Al Nahayan, propietario del Manchester City. Con su City Football Group (CFG) incursiona globalmente en el negocio, con adquisiciones en la MLS (New York City FC), India (Mumbai City FC), China (Sichuan Jiuniu FC), Australia (Melbourne City FC), Japón (Yokohama Marinos), Uruguay (Torque City FC) y España (Girona FC).

“El fútbol ha evolucionado y pareciera que ya no se trata más de equipos ni jugadores, sino de consorcios y empleados que en ocasiones pueden ser intercambiables. Ese modelo de negocio es el que defiende el CFG” (Goal, 11/5).

Un papel especial lo juegan los empresarios rusos y chinos, enriquecidos con las privatizaciones de la restauración capitalista en sus países. Los más importantes son Roman Abramovich, propietario del Chelsea, quien fuera gobernador de una provincia en Rusia y hoy reside en Londres, y el chino Zhang Jindong, dueño del grupo comercial Suning, que desde 2016 tiene el control accionario del Inter de Milán y del Jiangsu FC de China.

En el caso de Zhang Jindong, su compra de clubes formó parte de una ofensiva impulsada por el gobierno chino, que quiso entrar al negocio con inversiones tanto afuera como dentro de su país, desarrollando una liga competitiva. El proyecto fue parcialmente abandonado por el gobierno de Xi Jinping, y así es que en los últimos dos años 16 equipos del gigante asiático entraron en quiebra y cerraron sus puertas.

Tanto el Inter, en Italia, como el Jiangsu, en China, salieron campeones este año, pero Suning planteó que enfrentaba una crisis y disolvió al club chino campeón y se plantea la posibilidad de que venda el Inter.

En este juego de gigantes hay presencia argentina con uno de los popes del negocio local del fútbol, Christian Bragarnik, quien representa a decenas de jugadores y técnicos sudamericanos y adquirió el año pasado al Elche, de España; incursionando en un terreno de disputas donde le fue mal a Marcelo Tinelli con el Badajoz español hace más de 20 años.

En un negocio que mueve tantos millones y que hoy muestra una fuerte ofensiva del capital norteamericano, la guerra por una tajada mayor del mercado da lugar a batallas permanentes.

La crisis entre el Barcelona y la AFA española (LaLiga) alrededor de la salida de Messi y el contrato que quiere firmar esta última para la venta a la empresa CVC del manejo de los derechos televisivos (otra de las enormes patas del negocio) volvió a mostrar el enfrentamiento -que se mantiene larvado- que se produjo en abril pasado cuando varios de los grandes clubes europeos, con el apoyo del capital financiero norteamericano (el JP Morgan ofreció un préstamo de u$s5.000 millones para ponerla en pie) intentaron independizarse de la UEFA y conformar la denominada Superliga, para manejar libremente el negocio.

Hubiera sido la liquidación de la UEFA y la Champions League, que ella organiza y que es el campeonato económicamente más redituable del mundo. Las amenazas de la UEFA y la FIFA terminaron en horas con la iniciativa, pero el enfrentamiento sigue latente.

El argentino es un mercado menor, pero importante para los que medran con el negocio local, que se quedan con la tajada mayor de la compra venta de jugadores y con los negociados que vacían las arcas de los clubes. El total de fichajes de los cuatro primeros equipos entre 2019 y el 2020 fue de u$s83 millones; la valuación de los planteles supera los u$s935 millones y el valor de los cinco primeros clubes, según Forbes, alcanza a los u$s850 millones.

Esta radiografía muestra cómo el deporte más popular del mundo, con clubes que nacieron de los amantes del fútbol, en muchos casos de los sectores obreros y populares, que mueve y conmueve a miles de millones de personas en todo el planeta, está siendo totalmente confiscado por los capitalistas y se aleja cada vez más de sus legítimos dueños, los hinchas y los que aman el fútbol.

Los guerra de intereses tiene el componente de la corrupción, de los arreglos espurios y de los resultados amañados, como lo muestra la serie Perros de Berlín, donde se denuncian todos los chanchullos que ocurren en la supuestamente impoluta liga alemana de fútbol, la Bundesliga.

Recuperar el fútbol como deporte y recreación para las mayorías populares es una tarea que solo un gobierno obrero puede llevar a cabo.

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