Universidad
28/8/2026
Sociales UBA: inician las clases, que la lucha no quede afuera
Cuando las burocracias sindicales y las autoridades universitarias administran el ajuste Milei avanza.
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Volvemos a las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales en un escenario político que está lejos de cualquier normalidad que ciertos sectores buscan evocar. El gobierno de Milei viene de recibir un golpe en las calles frente al intento de avanzar contra la soberanía sobre las tierras, acompañado por una brutal represión. La movilización popular logró hacer retroceder parcialmente al gobierno, que tuvo que retirar el capítulo de extranjerización de tierras de su proyecto.
El dato político es sencillo: cuando se lucha, el gobierno retrocede. Cuando las burocracias sindicales y las autoridades universitarias optan por negociar, administrar el ajuste y desmovilizar, Milei avanza.
La universidad no es ajena a esta contradicción. Volvemos a cursar después de un proceso electoral que reconfiguró las camarillas que gobiernan la UBA y Sociales, pero que no modificó la orientación de fondo: una nueva entrega de las autoridades universitarias frente al ajuste del gobierno. El recambio en Sociales confirmó el pacto entre La 15 y Alternativa Académica para llevar a Diego De Charras al decanato y a Juan Rebón al vicedecanato, con el acompañamiento de La Mella, La Cámpora y Urbana. La UES, que se presenta como oposición, evitó incluso votar en contra.
La excusa es conocida: construir una alianza amplia para enfrentar a Milei. Pero ¿qué clase de oposición es esta que termina integrada al mismo esquema que sostiene al Rectorado? La política de diálogo y negociación ya mostró sus resultados: ajuste presupuestario, salarios docentes deteriorados y una universidad cada vez más condicionada.

El inicio de un gran romance: La Mella y el radicalismo
La participación de La Mella en este armado no puede pasar como un detalle. La Mella está jugando directamente dentro del esquema que permite el avance del radicalismo en Sociales.
No se trata de una alianza circunstancial ni de una simple coincidencia electoral. Es la expresión de una adaptación al régimen universitario. Mientras se presenta como una fuerza enfrentada al reformismo y al gobierno, participa de una gestión que integra al radicalismo y que necesita de la desmovilización estudiantil para gobernar.
La experiencia de la 15 muestra el resultado de este camino. Llegó al CECSo prometiendo superar la burocratización de la UES, pero su primer año de conducción estuvo marcado por menos asambleas, menos deliberación y una integración creciente con la gestión de la Facultad.
Volvió la UES, todo sigue igual, ¿todo sigue igual de bien?
Las elecciones estudiantiles dejaron una universidad teñida de reformismo. Sociales tampoco fue la excepción. La UES vuelve a disputar protagonismo después de haber perdido la conducción del CECSo a manos de la 15 en medio de la rebelión universitaria de 2024.
Pero encuentra otro escenario. El radicalismo, que durante años fue un sostén fundamental de la UES, comenzó a soltarle la mano. El reordenamiento de las camarillas universitarias también modifica sus alianzas y abre una disputa por la conducción de la UBA.
¿Le alcanza la nafta a la UES para volver a conducir como antes? Está por verse. Su regreso se produce sobre un terreno condicionado, pero también favorecido por la parálisis a la que llevó la antigua conducción de la 15. Aunque ya no sea la fuerza preferida del rectorado, la UES no modifica su orientación y función: contener al movimiento estudiantil.
En ese sentido, su pelea circunstancial con el rectorado y el radicalismo nada tienen de progresivo, simplemente expresan el agotamiento de esta corriente como una herramienta de control directo de este espacio, sustituido por otro. Los choques que la UES puede llegar a tener con la nueva gestión no son más que peleas para intentar reacomodarse en un régimen universitario que parece haberlos desplazado.
Porque aquello que permitió derrotar a la UES en 2024 no fue solamente una elección: fue una movilización estudiantil que cuestionó sus métodos burocráticos y su integración con las autoridades. La mejor forma de combatir su regreso no es reproducir sus métodos bajo otro nombre, sino reconstruir un movimiento estudiantil independiente y de lucha.
Una facultad que no puede paralizarse
Sociales tiene una enorme tradición de lucha y de intervención política. Es una facultad que debería aportar herramientas críticas para comprender la realidad y transformarla. Sin embargo, nos encontramos nuevamente con una parálisis que contradice esa tradición.
Mientras la universidad atraviesa una crisis profunda, con problemas presupuestarios, dificultades de inscripción, cierre de comisiones por deserción docente y reducción de la oferta horaria, las conducciones estudiantiles siguen sin poner en pie una organización capaz de enfrentar estos problemas.
Esto también se expresa en las carreras. El caso de Sociología es ilustrativo: la reforma del plan de estudios avanza restringiendo el debate y retomando planteos previamente sostenidos por la UES. Lo mismo ocurre con Trabajo Social. No es una discusión técnica: frente a un gobierno que ataca a las ciencias sociales, necesitamos una formación crítica y científica, no planes adaptados a las necesidades del mercado laboral precarizado.
El gobierno es derrotable, la salida es luchar
La experiencia de la movilización contra la Ley de Tierras vuelve a poner esta discusión sobre la mesa. El gobierno no es invencible. La presión popular logró modificar sus planes y la represión no consiguió borrar la movilización.
La tarea de los estudiantes es llevar esa experiencia a la universidad. No podemos aceptar un nuevo ciclo lectivo presentado como si nada estuviera pasando. Necesitamos discutir nuestras condiciones de cursada, el salario docente y no docente, las comisiones, las becas, la infraestructura y nuestros planes de estudio.
Para eso necesitamos recuperar las herramientas gremiales: asambleas, organización desde las bases y movilización. La universidad no puede quedar en manos de quienes convierten los centros de estudiantes en oficinas administrativas mientras las autoridades negocian a nuestras espaldas. En ese sentido, el paro convocado por AGD, y las acciones convocadas por la comisión Interna no docente nos marcan el camino. Sus acciones de lucha rompen con la "falsa normalidad" e irrumpen en el acuerdo entre las autoridades universitarias y la burocracia sindical (Apuba, Aduba, Feduba) con el gobierno.
Una tarea para la izquierda: la unidad
En este escenario, la izquierda tiene una responsabilidad particular. Necesitamos construir un bloque unitario que pueda darle la pelea a Milei por fuera de los encorsetamientos del régimen universitario.
Por eso hacemos un llamado a los compañeros del PTS: hay que abandonar el faccionalismo rupturista y construir una política de unidad del FIT-U y de la izquierda en el movimiento estudiantil.
No planteamos diluir las diferencias políticas. Planteamos que esas diferencias no sean utilizadas para romper las herramientas comunes de lucha. El FIT-U tiene que expresarse también en la universidad como una alternativa política común frente a las camarillas del régimen y las conducciones que se adaptan a ellas.
Por eso proponemos comités unitarios de lucha, abiertos a las organizaciones de izquierda, y estudiantes que quieran enfrentar realmente el ajuste, en ese sentido La experiencia común que estamos haciendo con los compañeros de la JIS, es más que positiva: constituyendo un polo de atracción a quienes simpatizan por el FITU en la Facultad. No como sellos electorales, sino como espacios para organizar asambleas, movilizaciones y una alternativa independiente. La salida no es esperar a 2027. La salida es ahora.
Si las burocracias universitarias bloquean la lucha, tenemos que construir una alternativa real. Si las autoridades entregan, tenemos que organizarnos desde abajo. Si las conducciones estudiantiles paralizan, tenemos que poner nuevamente en movimiento a Sociales.
Volvemos a clases. Que también vuelva la lucha.




