Universidad
24/6/2026
Unsam: el rector Greco, el CIN y la crónica de una entrega anunciada
La asamblea días antes de la entrega, en la que Greco llamó a "salir de la zona de conflicto" y por qué hace falta una alternativa independiente en la Unsam.
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Mientras miles de estudiantes y trabajadores universitarios en todo el país reclamaban el cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) terminó firmando el 10 de junio un acuerdo con el gobierno de Javier Milei que dejaba atrás esa reivindicación sin garantizar su aplicación efectiva. Lejos de tratarse de una sorpresa, el desenlace fue preparado durante meses por las propias autoridades universitarias, que apostaron a contener la movilización, sembrar expectativas en la negociación y desalentar la organización independiente.
En la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), el rector Carlos Greco jugó un papel destacado en esa orientación. La señal más clara ocurrió el 28 de mayo, durante la asamblea universitaria convocada para debatir y aprobar el Informe de Gestión 2025. Allí, Greco sostuvo que "el conflicto permanente no nos lleva a ningún lado". No se trató de una frase aislada. Fue la expresión política de una estrategia que apostaba a reemplazar la lucha por la confianza en una negociación entre las autoridades universitarias y el gobierno nacional.
Apenas trece días después, el CIN firmaba el acuerdo. La secuencia es elocuente: mientras estudiantes y trabajadores reclamaban una pelea consecuente por el cumplimiento de la ley, las autoridades universitarias preparaban el terreno para aceptar una salida negociada que terminó consolidando el ajuste.
¿Qué firmó exactamente el CIN? El acta suscripta el 10 de junio estableció un aumento salarial del 21,33% para docentes y no docentes, cuando la pérdida acumulada por incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario superaba el 56%. Es decir, el acuerdo convalidó una quita de más de 35 puntos porcentuales respecto de lo que la ley mandaba pagar. Además, anuló el retroactivo que correspondía por siete meses de incumplimiento, fijó la próxima negociación paritaria recién para diciembre y no garantizó aumentos para las becas Progresar, las más extendidas entre el estudiantado. El acta no fue producto de una negociación paritaria sino de un acuerdo cerrado entre el gobierno y los rectores del CIN, con el texto conocido apenas al momento de rubricarlo.
Greco preparó la entrega
Las palabras de Greco en la asamblea universitaria adquieren un significado aún más claro vistas en perspectiva. No habló como alguien que impulsaba la movilización para conquistar las reivindicaciones de la comunidad universitaria, sino como quien buscaba convencerla de que la salida pasaba por abandonar el conflicto. "Tenemos indicios de que hay cierta predisposición al reconocimiento de esta situación", sostuvo, transmitiendo confianza en una negociación que ya se encontraba en marcha. Y agregó que "el conflicto permanente no nos lleva a ningún lado".
El mensaje era claro: había que esperar los resultados de las gestiones institucionales y moderar las expectativas en la lucha.
La contradicción atravesó toda la asamblea. Mientras Greco describía la gravedad del ajuste y el deterioro salarial de docentes y nodocentes, el Informe de Gestión dedicaba la enorme mayoría de sus páginas a mostrar una universidad que seguía avanzando pese a la crisis. No se trataba de organizar a la comunidad universitaria para derrotar el ajuste, sino de administrarlo.
Esta orientación tampoco se limitó a los discursos. Durante los paros docentes y nodocentes, decanos y autoridades académicas relevaron quiénes adherían a las medidas de fuerza bajo el argumento de informar a los estudiantes sobre el dictado de clases. Al mismo tiempo, desde el rectorado se insistía en que los paros terminaban favoreciendo al gobierno nacional. Mientras Milei avanzaba contra la universidad pública, las autoridades trabajaban para contener la respuesta de su propia comunidad.
La única oposición al informe
La asamblea universitaria dejó expuesta una contradicción central. Mientras el rectorado describía una situación presupuestaria crítica y reconocía el deterioro salarial de docentes y nodocentes, el documento presentaba una universidad que seguía avanzando y desarrollándose pese al ajuste.
La única voz estudiantil que votó en contra del informe fue la de La Caldera, a través de Florencia Sarmiento, consejera estudiantil y única representante del Frente de Estudiantes de Izquierda en la asamblea universitaria.
En su intervención, Florencia denunció que el informe no contenía una sola propuesta concreta para profundizar la lucha por el financiamiento universitario ni para enfrentar el ajuste impulsado por Milei. Cientos de páginas describían logros institucionales, pero ninguna explicaba cómo organizar a la comunidad universitaria para defender el presupuesto, los salarios y las condiciones de estudio.
También cuestionó el llamado de Greco a confiar en los "indicios" de predisposición del gobierno para reconocer la crisis universitaria. Como señaló en la Asamblea, ni siquiera se hablaba de una solución, sino apenas del reconocimiento del problema. Una orientación que, lejos de fortalecer la lucha, solo podía actuar como un factor de desmovilización de estudiantes y trabajadores.
La intervención denunció además distintas expresiones de burocratización de la vida universitaria. Entre ellas, las maniobras que impidieron discutir en los órganos de cogobierno un pronunciamiento contra el desguace del Inti, la reducción sostenida del porcentaje de docentes concursados y los intentos de restringir actividades impulsadas por los propios estudiantes.
Florencia también denunció durante la asamblea los más de 400 despidos producidos este año en el call center tercerizado que funcionó a través de convenios de la Unsam con Banco Nación. Mientras el Informe de Gestión reivindica los convenios universitarios como herramientas de vinculación y formación, nada se dice sobre aquellos que sirvieron para sostener durante años un esquema de tercerización y precarización laboral. El trabajo se ocultaba detrás de convenios universitarios: había horarios, supervisores y objetivos, pero ningún empleador dispuesto a asumir plenamente sus responsabilidades. Los trabajadores debían afrontar por su cuenta gastos como el monotributo o la conexión a internet y no veían respetados sus horarios de estudio. La caída del convenio los dejó en la calle, sin preaviso ni indemnización.
La Caldera fue la única fuerza estudiantil que rechazó el informe de gestión y planteó una orientación alternativa basada en la organización, la movilización y la independencia política frente a las autoridades universitarias.
Los aliados estudiantiles de esta política
Esta orientación encontró apoyo en las conducciones estudiantiles peronistas. Durante todo el conflicto, los centros de estudiantes conducidos por Construir no impulsaron asambleas ni promovieron un plan de lucha, y se subordinaron a la orientación del rectorado.
Cada vez que aparece la disyuntiva entre movilizar o preservar el vínculo con las autoridades, Construir termina del lado de estas últimas. El conflicto por la Ley de Financiamiento Universitario volvió a mostrar ese papel.
La misma lógica se expresó en las burocracias sindicales docentes y nodocentes, que aceptaron el acuerdo sin consultar a sus bases y privilegiaron la negociación por sobre la lucha.
Organizar una alternativa independiente
La universidad pública no se va a defender mediante acuerdos cerrados a espaldas de estudiantes y trabajadores, sino con organización desde abajo, asambleas y una alternativa independiente de las autoridades y de quienes acompañan su política.
Por eso impulsamos la construcción de comités unitarios del FIT-U en la Unsam, para transformar la simpatía creciente hacia la izquierda en organización e intervención concreta frente al conflicto universitario. Cuando los rectores vuelven a pactar con el gobierno y consuman una nueva entrega frente al ajuste, los comités unitarios pueden ser un punto de apoyo para fortalecer la organización independiente desde abajo.




