Ambiente

28/11/2025

Calor extremo, tormentas intensas y el fracaso de la COP 30

La cumbre de la ONU inaugurada por Lula fue un fiasco. Los capitalistas y sus gobiernos ya ni disimulan su responsabilidad en el calentamiento global.

Se profundiza el uso de combustibles fósiles.

Una ola de calor extrema afecta a buena parte del país y se combinará con fuertes lluvias y tormentas. La recurrencia cada vez mayor de estos fenómenos es expresión de la crisis climática producida por los capitalistas y sus gobiernos. El sábado terminó en un verdadero fiasco la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que tuvo lugar en la ciudad brasileña de Belém. Los trabajadores tenemos el desafío de salvar al planeta del capitalismo.

Este miércoles, en el norte del país, la temperatura llegó a promedios de 39°C. Es probable que provincias como Jujuy, Salta, Formosa, Catamarca y Chaco superen ese número. En el conurbano bonaerense, la temperatura alcanzó este jueves los 32°C. Las temperaturas, alertan los expertos, superan los promedios habituales de esta época del año. Por otra parte, habrá lluvias, chaparrones y tormentas de importantes dimensiones en varios lugares del país. Habida cuenta la dramática situación que atraviesa la infraestructura en Argentina, es probable que, por ejemplo, muchos barrios sufran graves inundaciones con las afecciones a la vida que eso implica.

El aumento de la temperatura es un fenómeno global, que hunde sus raíces en el decadente modo de producción capitalista. La COP fracasó nuevamente en formular un programa frente a la crisis climática; no hubo acuerdo para abandonar el uso de combustibles fósiles –ni siquiera se mencionó la palabra “fósiles” en el borrador final del acuerdo. Ninguna cumbre pudo cumplir el objetivo fijado en la de París (2015), a saber, las metas de emisión y limitar el calentamiento global por debajo de los 2°C respecto a los niveles preindustriales –incluso a 1,5°C. De hecho, el mundo va hacia un calentamiento de 2,8°C. ¿Por qué ocurre esto? Porque quienes integran las cumbres son representantes de los negocios extractivistas y contaminantes.

En rechazo a esta orientación, durante el segundo día de la COP30 hubo una movilización que tuvo a las comunidades indígenas como principales protagonistas; logró abrir las puertas de la Zona Azul (ámbito restringido de las negociaciones, de acceso exclusivo para acreditados de gobiernos, empresas, medios de comunicación y ONGs). Las comunidades del Bajo Tapajós exigieron participar de las negociaciones, así como también la creación de un impuesto a los súper ricos (Jacobin, 20/11). La movida, en el país del contaminado Amazonas, supuso un golpe contra el gobierno greenwasher de Lula.

Los cabilderos ligados a empresas capitalistas que extraen combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón equivalieron a uno de cada 25 asistentes acreditados a la COP, según la ONG Kick Big Polluters Out. El cuadro en el que se encuentra el planeta es crítico. Las emisiones de efecto invernadero se incrementan. La utilización de carbón batió récords durante 2024. Las emisiones anuales de dióxido de carbono se aproximarán a las 40 gigatoneladas a principios de 2030, tras haber alcanzado picos este año según la ONU.

También aumentó exponencialmente la emisión de metano, que es 80 veces más potente que el dióxido de carbono y su existencia explica más o menos un tercio del calentamiento imperante. De los 176 años de registro del estado del clima, tanto este año como los dos anteriores fueron los más calurosos. El punto de no retorno se cierne, cada vez con más fuerza, como una amenaza a varias bandas –derretimiento de glaciares, extinción de especies, deforestación, contaminación de mares. La quema de combustibles fósiles y los incendios forestales que se vienen multiplicando son algunos de los factores que están detrás del aumento de dióxido de carbono.

A la devastación de ecosistemas con sus respectivas faunas y floras se suma el impacto de la crisis climática sobre la salud de las personas. Según Amnistía Internacional, más de 2 mil millones padecen problemas de salud asociados al cáncer, a enfermedades cardíacas y a nacimientos prematuros por vivir a menos de 5 kilómetros de una instalación de combustibles fósiles. Una persona muere por minuto a causa del calentamiento global; la tasa de muertes relacionadas con el calor aumentó un 23% desde la década de 1990. En 2019, más de seis millones de personas fallecieron a causa de afecciones de salud relacionadas con la contaminación atmosférica, según la prestigiosa revista británica The Lancet (2022).

En este marco, las 100 mayores empresas que usan combustibles fósiles proyectaron un aumento de su producción. Estos emprendimientos cuentan con el financiamiento de importantes bancos. Solo Estados Unidos, que pegó el faltazo a la COP30 al igual que China, India, Rusia y Japón –junto a EE.UU. son los principales países emisores de gases de efecto invernadero–, aportará aproximadamente 4 mil millones de toneladas más de carbono a la atmósfera, el equivalente a la producción anual combinada de la Unión Europea y Japón. En el ranking latinoamericano de emisores de gases de efecto invernadero, Argentina ocupa el tercer puesto, quedando por detrás de Brasil y México; el 50% de las emisiones del país están relacionadas con el sector energético y el 25% al agropecuario (La Nación, 23/7).

¿Por qué a pesar de las catastróficas advertencias científicas no se logra un acuerdo para el progresivo abandono de la producción de combustibles fósiles y la adopción la energía renovable? Porque la producción capitalista se basa en la rentabilidad, y la primera es más rentable. Por eso incluso los gobiernos progresistas que no superan el marco burgués solamente pueden hacer demagogia "verde". Una mitigación real del calentamiento global requiere terminar con la propiedad capitalista sobre las palancas de la producción social, en el marco de una transformación integral de la sociedad que solo pueden llevar adelante los trabajadores y los explotados.

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