29/11/2021
Río Negro

El proyecto de hidrógeno verde… sigue muy verde

Fortescue pone paños fríos a los anuncios de Glasgow.

Con bombos y platillos el presidente Alberto Fernandez y gran parte de su gabinete económico habían anunciado desde la conferencia climática en Glasgow, Escocia, una inversión de unos 8.000 millones de dólares en los próximos años para la producción del llamado hidrógeno verde en la provincia de Río Negro. La inversión se localizaría centralmente en Punta Colorada, en las cercanías de la ciudad rionegrina de Sierra Grande, conocida por su mina de hierro -que desde su privatización ha pasado de mano en mano de distintos capitales vaciadores, el último de origen chino.

La oferta del proyecto anunciado por Alberto Fernandez proviene de la minera australiana, Fortescue, en manos del multimillonario empresario Andrew Forrest y de diversos bancos (HSBC, JP Morgan, City, BNParibas) y fondos de inversión. Luego de la seguidilla de anuncios rimbombantes, la propia empresa puso paños fríos al proyecto. En recientes declaraciones durante una reunión con la gobernadora Arabella Carrera y el ministro nacional de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, la CEO de la empresa fue lapidaria: “En Glasgow se habló de empezar a producir entre el 2024 y el 2025. Es el objetivo buscado, pero no nos podemos comprometer con ese tiempo” (Río Negro, 28/11).

En una entrevista posterior con el mismo diario, precisó aún más el tema: “No hay proyecto definitivo. Es modular, es decir, se avanza por módulos”. Lo que en criollo quiere decir que entre estudios de vientos y otros, así se definiera en 2022, llevaría varios años una producción considerable para exportar. Y esto no es menor, porque la propia CEO deslizó que el proyecto en Río Negro quedó seleccionado entre otros siete “a nivel global” y que se “requieren definiciones y medidas que incentiven la instalación y la producción” (ídem). Exigen mayores ventajas, incluso hasta la adquisición del puerto que tiene la empresa china que posee la concesión de la mina de hierro en Sierra Grande.

Los colaterales, la piedra en el zapato

Los parques eólicos que habría que construir, la planta de desalinización de agua de mar, el tema del puerto, las líneas de alta tensión, y otras obras anexas necesarias para que la planta de hidrógeno verde funcione, están todos en “evaluación”. Estas obras anexas significan grandes inversiones que suman un costo adicional al producto final.

Dado que la mira de la producción de hidrógeno verde es la exportación, esto atenta contra la obtención de un precio competitivo en el mercado mundial. Por ejemplo, la CEO de la empresa australiana dijo que “se agregarán módulos y se dará mayor producción en la medida que se se sumen parques eólicos” (ídem); lo cual subordina el tamaño de la planta para niveles rentables a inversiones anexas, que a su vez dependen que la planta requiera la energía que produzcan. Estamos ante un círculo vicioso.

Ninguna inversión en un parque eólico se hará si no hay un mercado que consuma su producción de energía, y si la planta de producción de hidrógeno es modular -es decir, comenzaría por una pequeña producción- no estimulará las inversiones en parques eólicos. También el uso de agua de mar desalinizada para la producción de la planta de hidrógeno está “en evaluación”; pero para usar otra fuente de agua (para obtener el hidrógeno), habría que realizar otra obra anexa: un acueducto.

Hidrógeno verde… pero oscuro como el petróleo

Otro dato que no guarda coherencia con los anuncios es que Australia es precisamente el país que lidera los proyectos de hidrógeno verde a poner en producción dentro de cuatro o cinco años, y por volúmenes y producción energética uno de ellos es el más grande del mundo, y otros cuatro son muy superiores al anunciado para Argentina. Sin pasar por alto además que Chile tiene sus proyectos y posee ventajas competitivas en relación a costos y otras cuestiones.

Estas limitantes técnicas y económicas son lisa y llanamente ignoradas en los entusiastas anuncios oficiales, que divagan sobre la creación de 15.000 puestos de trabajo directo y 50.000 indirectos.  Es decir que habría que transformar la pequeña localidad de Sierra Grande (poco más de 15.000 habitantes) en una ciudad de más de 200.000 personas en apenas unos años, y montar toda la infraestructura necesaria como proveedores, empresas de servicios y de logística. La propia Vaca Muerta, tras varios años de desarrollo, no ha provocado en su “capital”, la localidad de Añelo, un salto poblacional semejante.

En la entrevista del diario Río Negro se hizo la pregunta clave, ya que la empresa que hace la oferta de la planta de hidrógeno es el cuarto productor mundial de hierro: ¿Existe la opción de adquirir el complejo minero (hoy de la empresa china) y ese puerto? La respuesta fue: “Se analizan opciones… Ya lo vamos a informar. El puerto es una cuestión importante”.

Advertida que su proyecto de campaña hacia el 2023 quedaba sostenido del pincel, la gobernadora Arabella Carrera intervino para levantar un poco las conclusiones, diciendo que “el proyecto está, se sabe a dónde vamos y cuáles son las capacidades de Río Negro. Ahora, hay que lograr precisiones en los vientos y el proyecto final para analizar el impacto ambiental, someterlo a la comunidad y darle el camino administrativo indicado. Hay un año para precisar”. Pero ella misma termina poniendo también paños fríos: “hay un año para precisar”. Un plazo que en la actual situación del mercado mundial de la energía y la crisis nacional equivale a un siglo.

Lo que es seguro es que un proyecto como el mencionado es parte de la disputa de los recursos de nuestro país entre las potencias mundiales, y hay que considerar que bien podríamos estar ante un proyecto auspiciado por Estados Unidos contra la injerencia china en la región. Después de todo, los anuncios de Glasgow se producen apenas días después que EEUU firmara con Australia y Reino Unido un acuerdo militar denominado Aukus, como parte de los preparativos bélicos en su disputa con China. Este punto se irá develando a la medida que el proyecto salga del papel y las declaraciones oficiales.

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