13/10/2021

Ahora en el Colón, la obra Theodora: un nuevo ataque de la Iglesia Católica contra el arte

Comunicados, denuncias y abucheos de patotas contra una obra de Alejandro Tantanián, Mercedes Morán y Franco Torchia.

La Iglesia Católica protagonizó en estos días una nueva arremetida contra el arte y la libertad de expresión, en defensa de lo “intocable” de su doctrina oscurantista.

El blanco de ataque fue en esta ocasión un oratorio (tipo de obra dramática con preminencia de la palabra) del compositor barroco alemán Georg Friedrich Händel, que se presentara en el Teatro Colón con interpretación de Mercedes Morán y dirección de Alejandro Tantanián; Theodora. Concretamente, el motivo de la agresión fue la intervención al texto original realizada por el periodista y activista LGBT Franco Torchia, que incorporó al mismo extractos de la obra de la argentina Marcela Allthus Reid, directora de la Asociación Internacional de Teología Queer y fallecida en 2009.

Como describe Torchia en entrevista con Página12, las agresiones se iniciaron cuando “un sacerdote, una suerte de cura youtuber [Eduardo Pérez dal Lago] grabó dos videos criticándola e inició una especie ‘vía crucis’ por el Colón, el INADI, la Defensoría del Pueblo buscando radicar una denuncia”. Tras ello, la Corporación de Abogados católicos exigió por esta presentación teatral la renuncia del ministro de Cultura Porteño Enrique Avogadro, mientras que la cúpula de la Iglesia Católica -concretamente la Conferencia Episcopal Argentina- emitió un comunicado en la que la tildaba de “pretendida expresión artística” donde “se bastardearon y blasfemaron la fe y la religiosidad con palabras que no se pueden aceptar referidas a la Virgen María (…) nada menos que en el Teatro Colón, ícono de la cultura de la Ciudad de Buenos Aires y de nuestra patria”.

En la entrevista, Torchia agrega: “No solo es una reacción al feminismo queer de Marcella, sino a los cuestionamientos que ella hace a la gestión monopólica de la pobreza que buena parte de la Iglesia Católica tiene en Argentina y que se expresan en la obra”.

Esta prédica oscurantista, como ya sucediera en el pasado, promovió acciones de violencia como la acontecida en una de las últimas funciones de la obra, cuando un grupo de personas –encabezada por el sacerdote de los videos- abucheó la obra.

La operación clerical contra esta presentación artística recordó a la ejercida contra la exposición de León Ferrari en 2004, con el ataque de una patota clerical y comunicados de Bergoglio, hoy Papa Francisco, denunciando una blasfemia. Pero estos operativos de amenazas e intentos de censura son todo un modus operandi. En 2018, la obra Dios de Lisandro de la Torre, en la que se colocaba un pañuelo verde a una estatua de la virgen María, fue objeto de ataques tanto de la Iglesia como de sus aliados en el poder político en la ciudad santafesina de Rafaela. Ese mismo año la curia puso el grito en el cielo cuando el ministro Avogadro comió una torta con forma de Jesús expuesta por el dúo artístico Pool y Marianela, al punto de pedir un juicio político contra el funcionario; tras lo cual tanto este como el mandatario Rodríguez Larreta bajaron la cabeza y pidieron disculpas públicas. Al año siguiente, la curia procuró censurar la presentación de otra “virgen abortera” de una muestra en el Centro Cultural Haroldo Conti.

Que estas acciones no son propiedad exclusiva de la Iglesia Católica lo dejó en claro la reciente embestida de los cleros evangélicos contra la serie El Reino, y en particular contra su coguionista Claudia Piñeiro, reconocida por su activismo en favor de la legalización del aborto.

Las iglesias operan de este modo amparadas en su entrelazamiento con el poder político, tanto del oficialismo K como de la oposición derechista, que continúan solventando sus negocios, permitiéndoles un lugar protagónico en la salud y la educación y teniéndolas como aliadas en los manejos asistenciales. La reciente designación de Manzur, primera línea de los pañuelos celestes, como jefe de Gabinete, es todo un gesto para estas instituciones enemigas de los derechos de las mujeres y diversidades y de la emancipación de la clase trabajadora.

La preocupación manifestada por Torchia de que estos asaltos clericales se repitan está más que fundada. La movilización de la comunidad artística, el movimiento de mujeres y diversidades y el conjunto de los movimientos de lucha contra las amenazas y censuras de las iglesias y por su separación del Estado está a la orden del día. Defendamos el derecho a la libertad de expresión y del arte a manifestarse contra los poderes establecidos.

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