Internacionales
5/10/2026
Cámaras, cuerpos y voces: tres años de cine y cineastas contra el genocidio palestino
La mayor agitación en la historia del mundo audiovisual.
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Cine x Palestina
Si hiciéramos con ella una película, sería una plagada de colores, paisajes, empatía, ritmo, diálogos y sonidos vibrantes, combates y adversidades, a través de los cuales un protagonista colectivo se forma y se fortalece.
En conexión con la enorme acción de los pueblos en defensa de Palestina, y como parte de un fenómeno en todo el campo artístico, desde hace tres años el mundo del cine asiste a una movilización que -por número, extensión internacional, diversidad y nivel de conciencia- representa una experiencia verdaderamente inédita en la historia del séptimo arte. Decenas de miles de trabajadores y trabajadoras audiovisuales se pronuncian, marchan, producen, apoyan la lucha palestina, exigen visibilidad para su arte y sus víctimas, boicotean a los partícipes y cómplices del genocidio. Y lo hacen, en muchos casos, enfrentando censuras y cancelaciones, violencia estatal y paraestatal y el lobby y las operaciones mediáticas del sionismo.
De Palestina…
La luz de la pantalla se encendió ya frente a los primeros pasos del asedio israelí sobre Gaza, con el impulso nativo y de la diáspora. Ante los ataques, que obligaron a cancelar el festival Palestine Cinema Days, la respuesta fue la convocatoria al Palestine Cinema Days Around the World, que el 2 de noviembre (aniversario de la Declaración Balfour) llevó a cabo 171 funciones en 41 países. Palestina cuenta con numerosas expresiones por la causa, como el Palestine Film Institute, festivales, productoras, espacios de formación y ciclos de cine.
En esos días se publicó también una Declaración de Cineastas Palestinos a Hollywood y Europa, exigiendo el fin del silencio de los festivales, reclamando la protección de periodistas y realizadores en Gaza y llamando a cineastas e industrias a no participar en certámenes, plataformas ni producciones financiadas por el Estado de Israel.
Este espíritu de boicot colectivo se extendió a la campaña No pride in genocide (Ningún orgullo en el genocidio), impulsada por la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel. El festival Queer Cinema for Palestine denunció el pinkwashing a las masacres coloniales y divulgó proyecciones centradas en la producción LGBT+ palestina. Entre jornadas coordinadas para el Mes del Orgullo y otras descentralizadas, el festival alcanzó en su última edición 300 funciones en unos 60 países.
...al mundo
Ese mismo octubre de 2023, reconocidos directores e intérpretes publicaron la carta abierta de Artists4Ceasefire al entonces presidente yanqui Joe Biden, reclamando el inmediato alto al fuego y al envío de armas, así como el ingreso de ayuda humanitaria. Las firmas del campo del cine incluían a Joaquin Phoenix, Cate Blanchett, Mark Ruffalo, Kristen Stewart, Mahershala Ali, Susan Sarandon, Riz Ahmed, Ramy Youssef, Bradley Cooper y Alfonso Cuarón, entre otros.
Le siguieron y siguen numerosas declaraciones colectivas, cada vez más filosas en la denuncia de Israel, con el sello de centenares de creadores y creadoras de todo el mundo, entre ellos Benedict Cumberbatch, Pedro Almodóvar, Tilda Swinton, Aki Kaurismäki, Penélope Cruz, Javier Bardem, Mike Leigh, Cillian Murphy, Elliott Gould, Todd Haynes, Joel Coen, Joshua Oppenheimer, Apichatpong Weerasethakul y un larguísimo etcétera. Muchos de ellos iban a participar de eventos como Together for Palestine y la lectura realizada en Madrid de los nombres de miles de infancias interrumpidas por las bombas y el hambre.
Mientras tanto, distintos grupos comenzaban en el festival Sundance de 2023 los diálogos informales que luego dieron lugar a la formación de Filmworkers for Palestine (FWP). En respuesta al llamado de cineastas palestinos, la red lanzó una declaración contra el genocidio y la complicidad, “instando a la industria cinematográfica internacional a rechazar el silencio, el racismo y la deshumanización”; e inspirada por la experiencia de Cineastas Unidos contra el Apartheid sudafricano, comprometía a las y los firmantes a “no proyectar películas, ni aparecer en, ni trabajar de ninguna otra manera con instituciones cinematográficas israelíes —incluidos festivales, cines, emisoras y productoras— que estén implicadas en el genocidio y el apartheid contra el pueblo palestino”. 9.000 trabajadores del cine suscribieron el texto.
A niveles locales, surgieron (o continuaron su actividad) agrupaciones y redes de cineastas por Palestina, así como muestras estables, en Medio Oriente (Egipto, Líbano, Jordania, Siria…), Asia oriental (Singapur, Japón, India, Indonesia, Malasia…), África (Sudáfrica, Kenia…), Oceanía (Australia, Nueva Zelanda…), Europa (el Estado Español, Portugal, Reino Unido, Grecia, Italia…) y América, donde a Canadá, Estados Unidos, Brasil, Chile, México se suma el colectivo Cine x Palestina de Argentina, que formamos en agosto de 2025.
En la Europa imperialista
En los festivales de cine más resonantes (“Clase A”), las notas explícitamente políticas suelen reducirse a películas puntuales o reconocimientos a cineastas. En los últimos años, por el contrario, la causa palestina le está dando a esos eventos un verdadero sacudón. No solo se expresan reclamos contra el genocidio y en defensa de la vida y libre expresión de los realizadores palestinos; en muchos casos se apunta al carácter colonial del sionismo, se reclama por la ruptura de relaciones estatales con Israel y se alzan vivas por una Palestina libre.
Un aspecto tiene que ver con las acciones frente a los festivales, donde se destacan las marchas masivas en San Sebastián (País Vasco), ante la Mostra de Venecia y las acciones y piquetes frente a Cannes (cuya conducción prohibió las manifestaciones políticas). En sintonía, miles de artistas con distinto nivel de reconocimiento (incluyendo integrantes de los jurados) vienen publicando declaraciones frente a estos y otros eventos, reclamando posicionamientos claros y expresándose por Palestina en sus discursos, en banderas e incluso en su indumentaria.
La movilización global, y en particular en el sector, está imponiendo en los diversos galardones la inclusión de cine palestino y su financiamiento.
En sentido inverso se destaca la Berlinale, bajo control del Estado alemán, aliado incondicional del sionismo. El uso de la kuffiyeh y las intervenciones de cineastas contra el genocidio han motivado falaces acusaciones de antisemitismo por parte de funcionarios, aprietes de la conducción del festival e incluso la apertura de causas. Fue duro ver a Wim Wenders, presidente del jurado en 2026, declarar en este escenario que “tenemos que mantenernos al margen de la política”, pero no tardó en llegar la respuesta pública de otras maestras y maestros como Ken Loach. En alianza con PACBI, FWP lleva adelante una intensa campaña contra el festival y la participación en el mismo.
Contra los capitales de la muerte
La inmundicia de los Estados abiertamente cómplices, pero también la hipocresía de los “críticos” del genocidio, es evidente al ver que el mercado internacional de Israel, y en particular sus ventas de armas y tecnologías de guerra, no paró de crecer desde 2023. En contraposición, los sujetos conscientes del mundo audiovisual han levantado la voz.
En el Festival de Toronto, las y los activistas apuntaron contra las producciones del Israel Film Fund y en especial contra el Royal Bank of Canada, patrocinador principal del evento y gran financista de corporaciones militares que abastecen al ejército israelí.
A la par de la referida a la Berlinale, la otra gran campaña de FWP, en sintonía con el ya añoso BDS (Boicot, desinversión y sanciones), se dirige contra la plataforma de “cine de autor e independiente” Mubi, financiada por Sequoia Capital (un fondo de inversión ligado al armamento israelí y con directivos arabofóbicos). Se estiman 200.000 suscriptores dados de baja, además del retiro de películas y cineastas de la plataforma. Hubo movilizaciones y otras acciones en diversos países, entre ellos Argentina, contra los “Mubifest”, que en México lograron incluso la cancelación del festival. La campaña logró algunos compromisos de Mubi pero continúa, ya que la empresa no se desligó de Sequoia.
Irrupciones en la alfombra roja y persecuciones del sionismo
Para disgusto de Donald Trump, hasta los galardones de Hollywood fueron tocados por esta causa de toda la humanidad, incluyendo el “Palestina libre” en el discurso de Hannah Einbinder al recibir un Emmy.
Pero las dos escenas de más impacto tuvieron lugar en los Oscar.
En la edición de 2024, mientras unas mil personas se manifestaban afuera por Palestina, dentro del Teatro Dolby el director británico Jonathan Glazer, de origen judío, obtuvo el premio a mejor película internacional por su película The zone of interest, centrada en el comandante nazi Rudolf Höss. Con sus limitaciones, su discurso de recepción apuntó duro contra la propaganda sionista, rechazando que “nuestro judaísmo sea secuestrado” y que “el Holocausto haya sido instrumentalizado por una ocupación que ha provocado un conflicto para tantas personas inocentes”. El empresariado y los creativos sionistas pusieron el grito en el cielo con una carta pública de repudio, que ilustró la decadencia moral de gran parte de Hollywood y fue respondida por creativos judíos y no judíos críticos del sionismo.
La acción escaló en 2025, con el premio a Mejor Documental para No other land, que retrata el ataque sistemático de Israel a Cisjordania, mostrando que la garra colonial no pisa solo sobre Gaza. Fue recibido por sus cuatro realizadores: los palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal y los israelíes críticos Yuval Abraham y Rachel Szor. Poco después, Ballal era atacado brutalmente en su hogar por colonos israelíes y secuestrado por las Fuerzas de Defensa Israelí, sin que la Academia -como denunciaron miles- tomara cartas en el asunto.
La política de persecución y censura del sionismo se hizo patente también en la cancelación de papeles a Susan Sarandon (desvinculada de la agencia UTA por participar de movilizaciones propalestinas), Melissa Barrera (expulsada de Scream 7), Javier Bardem y Mark Ruffalo, entre otros, que sin embargo continúan alzando la voz y marchando por Palestina.
La resistencia de crear y preservar
Como lo ha hecho con tanto brillo a lo largo de su historia, el pueblo palestino tomó el arte, en estos tres años, como una trinchera de lucha frente al supremacismo colonial israelí.
La Unidad de Cine de Gaza, el FilmLab Palestine, el Palestine Film Institute, las redes Aflamuna y el colectivo Archives of Resistance han desarrollado programas para preservar el archivo audiovisual local frente a los bombardeos de las instituciones locales de arte y el asesinato de realizadores. Estas iniciativas buscan a la vez preservar la memoria y generar registros del presente, utilizados a su turno como material bruto para nuevas obras, como la antología de cortos From Ground Zero.
En sintonía, las y los realizadores palestinos vienen creando en el período películas que celebran su origen y denuncian al sionismo desde la ficción, la observación o el documental reflexivo, en una lista que incluye entre otras a Bye Bye Tiberias, The Teacher, Three Promises y Vibrations from Gaza (de finales de 2023); A Fidai Film, A stone’s thrown, Happy Holidays, To a Land Unknown, The Flowers Stand Silently, Witnessing y 10 Minutes Younger (de 2024) y Palestine '36, Once Upon a Time in Gaza, All That's Left of You y Put Your Soul on Your Hand and Walk (de 2025).
El movimiento global de solidaridad, por su parte, acompañó este proceso con películas como Israelism (estrenada algunos meses antes de octubre de 2023), The Night Won't End: Biden's War on Gaza (2024), La voz de Hind Rajab, La gran Palestina y The Encampments (2025), Todos somos Gaza y Naza (2026).
Nuestros ojos y manos
Este relato deja pendiente un desarrollo sobre el caso del cine argentino, así como complejos debates en curso, que merecerían un desarrollo aparte. Es el caso de las preguntas que el actual genocidio, el más registrado de la historia, ha reabierto acerca del estatuto de las imágenes del horror y qué hacer con ellas, en particular en tiempos de redes sociales. O las valiosas polémicas sobre la mayor jerarquía y validación dada a la denuncia occidental que a la palestina.
Pero vale mencionar el pánico del sionismo ante los registros de sus crímenes, que sin duda ha jugado un papel en la movilización global por Palestina y el aislamiento de Israel. Algo que se hace evidente con los lamentos de funcionarios del Estado ocupante de que “no pueden competir” con la resistencia palestina porque esta “usa fotos de niños muertos”, como parte de un supuesto “Pallywood” (Palestina + Hollywood) que manipularía y hasta inventaría tales imágenes. Pero sobre todo, en el mayor asesinato selectivo de periodistas y trabajadores audiovisuales de la historia, cuya memoria se inscribe en la historia de nuestros mártires.
La acción de las y los trabajadores fílmicos por una Palestina libre no va a alcanzar su misión por sí misma, porque esa tarea le cabe a la rebelión de los pueblos del Levante y el mundo entero. Pero merece ser considerada como parte de esa movilización, y como una respuesta a la banalización, el pesimismo y el individualismo promovidos desde el poder y la industria audiovisual capitalista.
Y especialmente, hay que valorarla en toda su potencia, porque este proceso inédito de agitación y creación en el mundo audiovisual tiene un papel que jugar ante un panorama de reforzamiento bélico e invasiones imperialistas, y por una realidad sin opresión ni masacres.
Escribió el poeta palestino Mahmud Darwish:
¡Oh, relámpago! Ilumina para nosotros la noche, ilumínala un poco.
Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.
Lo mejor que podemos hacer desde el campo del cine es ampliar este relámpago hasta sus últimas consecuencias, en su organización, conciencia y unidad con las luchas populares.

