Conferencia antifascista de Porto Alegre: un emprendimiento democratizante e impotente

El Secretariado Unificado y el MST a la rastra de la centroizquierda latinoamericana

La derrota de derechistas y fascistas sólo puede provenir de la mano de la clase obrera

Desde el 26 al 29 de marzo de 2026 se realizará la Conferencia Antifascista y por la soberanía de los pueblos en Porto Alegre. La misma fue convocada el 20 de noviembre de 2025 por ochenta participantes entre los que se encontraba el historiador belga Eric Toussaint, referente del Secretariado Unificado que se reivindica continuidad de la Cuarta Internacional, organizaciones sociales como el MST brasileño (Movimiento sin tierra) y el PSOL, el PT brasileño, el PC Do B, Nicoletta Griecco de la CGIL (central obrera italiana vinculada al centroizquierdista Partido Democrático), la UNES (Unión Nacional de Estudiantes de Brasil) y organizaciones políticas de Latinoamérica como el PC chileno, el PC y el PVP uruguayo, Libres del Sur de Argentina, entre otros. Participó también de la reunión y de la convocatoria el dirigente del MST argentino, Sergio García. El evento fue presidido por Roberto Robaina, presidente del PSOL. De acuerdo a la breve información que surge del temario de las comisiones, los ejes serán la ofensiva de la ultraderecha en el mundo, la solidaridad de los pueblos, el avance de la ultraderecha en Brasil, la resistencia palestina al sionismo y al genocidio, la confrontación de los trabajadores contra el fascismo en América, Resistencia, articulación y alternativas democráticas, y otros.

Basta ver la constelación fuerzas que participan de la convocatoria para advertir que estamos ante la tentativa de poner en pie una coalición internacional, de carácter frentepopulista, que tendría en Brasil su principal base de operaciones. Se podría hablar de una suerte de revival del Foro de San Pablo pero es necesario admitir que se tratar de una versión trasnochada y aún más derechista que su antecesora. El Foro de San Pablo congregó a fuerzas que aspiraban a convertirse en alternativa de poder. A diferencia del pasado, varias de las fuerzas convocantes de la “Conferencia antifascista” son en la actualidad gobierno como el Frente Amplio de Uruguay o el PT brasilero y su Frente Popular o lo fueron hasta hace muy poco como el PC chileno en el gobierno de Boric. Libres del Sur, a su turno, participó del gobierno de Alberto Fernández y de gobiernos provinciales. Y en esa condición han llevado adelante una política antipopular y vehículo de planes de ajuste y fondomonetaristas de ataque a los derechos de los trabajadores, de compromiso con el capital y el imperialismo. El predicamento y ascendiente que tenían sobre las masas fue utilizado como un arma de contención de la movilización y protesta popular y de disciplinamiento al orden social vigente. Los últimos 20 años han puesto en evidencia los límites insalvables del llamado progresismo, mezcla de centroizquierda y nacionalismo burgués que ocupó un lugar protagónico en América Latina. No solo se trata de una opción política devaluada, sino en retroceso que carga con el fracaso del MAS en Bolivia, de Boric en Chile, del chavismo en Venezuela y el kirchnerismo en Argentina.

Mientras tanto, Lula es en estas horas el abanderado de la negociación del acuerdo UE-Mercosur. Presenta como un “avance de la democracia y el multilateralismo” esta iniciativa que ni siquiera podría reclamarse como anti-imperialista, sino apenas con pretensión de selectiva en su asociación con distintas potencias imperialistas.

Frente popular y lucha contra la derecha

No se nos puede escapar que el dilema “fascismo versus democracia” fue instalado y agitado por la centroizquierda y el nacionalismo para atar a las masas a sostener a su gobierno y aceptar como una mal menor los ataques de sus conquistas. El llamado progresismo se ha revelado no solo como un vehículo de las ofensivas capitalistas contra las masas, sino que ni siquiera es un escudo contra la derecha. La falta de respuesta a las demandas y penurias populares, más aún, el agravamiento de esas penurias, crean las condiciones para que la ultraderecha y las tendencias fascistas levanten cabeza, fuerzas que crecen al amparo del régimen democrático, y hasta con su apañamiento. Por esa vía, se pavimentó el camino para el acceso de la reacción al poder.

Eric Toussaint destacó las virtudes de la unidad de la izquierda señalando: “Cuando las fuerzas de izquierda se unen, es posible contrarrestar la ofensiva de la ultraderecha” y tomó como ejemplo las elecciones presidenciales en las que triunfó Lula en 2022, y la victoria del Nuevo Frente Popular en las elecciones francesas del año pasado” (2024). La sección francesa del Secretariado Unificado rompió el Nuevo Partido Anticapitalista, que había creado, para confluir en el Frente Popular de Jean-Luc Mélenchon.

Los ejemplos mencionados por Toussaint pintan de cuerpo entero la naturaleza del evento convocado. No se puede obviar el hecho de que el golpe contra Dilma Rousseff, por el impeachment impulsado por su vice Michel Temer, y la pasividad del PT, de la CUT y de la UNES (Unión Nacional de Estudiantes), permitieron que prosperara tanto la conspiración derechista como la prisión de Lula, lo cual le abrió las condiciones para que Bolsonaro conquistase el poder. Recordemos que el triunfo de Lula en 2022 fue de escaso margen contra Bolsonaro (50,90% contra 49,10%) debido a la naturaleza conservadora y de adaptación al gran capital por parte del lulismo durante los mandatos del PT que se reflejó durante la campaña en su abandono de las reivindicaciones obreras y populares (y hasta el derecho al aborto), dejándolas en parte en manos de Bolsonaro (quien agitó el aumento de salarios). Lula vuelve al gobierno aliado con hombres y fuerzas derechistas que participaron activamente en el golpe contra el PT, empezando por Geraldo Alckmin con quien compartió la fórmula presidencial. En las elecciones municipales de octubre de 2025 en Brasil, como resultado de la política fondomonetarista del gobierno de Lula, éste perdió (con el nombre de Frente Amplio) en lugares de predominio del PT como el nordeste brasileño. Y agreguemos que en 85 ciudades de Brasil el lulismo se presentó con candidatos del bolsonarismo. El PSOL, partido que se había desprendido del PT, esta vez fue con candidatos en el Frente Amplio. Ambos son arquitectos y cabeza de la convocatoria de este frente antifascista.

El Nuevo Frente Popular (NFP) de Francia, a su turno, cumplió el rol de rescate del gobierno de Emmanuel Macron, sumamente debilitado y descreditado entre la población francesa. Las elecciones fueron un baldazo de agua fría para el presidente francés que quedó tercero, alejado de las fuerzas principales. En este contexto, el NFP llegó a un acuerdo por un “Frente democrático” retirando sus candidaturas en favor de Macron en aquellas circunscripciones donde eran terceros, con el argumento de evitar un triunfo de la derecha. Lo sorprendente en el ballotage es que el Nuevo Frente Popular conquistó el primer lugar. Este resultado debería dar paso a un primer ministro de Francia Insumisa de Jean Luc Melenchón, en su calidad de fuerza mayoritaria dentro del NFP. Pero, en lugar de respaldar esa postulación en el parlamento, el macronismo decidió poner un hombre de su propio palo. Cuando su situación estaba comprometida y se hablaba de su renuncia anticipada, el presidente francés logró pilotear la emergencia con la tabla salvadora de la coalición de izquierda y sobrevivir hasta el día de hoy, aunque, no ha logrado evitar crisis sucesivas en su mandato, como lo revela el hecho de que ya han pasado por el gobierno 4 primeros ministros en menos de dos años.

EL NFP está lejos de ser una fuerza de transformación social, sino que opera en el marco y asimilada al régimen social vigente. Es partidario de permanecer en la Unión Europea (UE). No hay una posición de ruptura con la UE cuando ésta es la cabeza, troika mediante, de la dominación imperialista en Europa. Ha evitado tomar una posición sobre la Otan, pero apoya el envío de tropas a Ucrania (peón de la Otan) en la guerra contra Rusia y en términos generales, no cuestiona la política colonial del Estado francés.

El MST argentino y su participación en la convocatoria

Sergio García, del MST argentino, señaló que celebraba “el crecimiento de Movimientos antifascistas” y adelantó que el 24 de marzo, en el 50 aniversario del golpe hay que unir fuerzas contra la ultraderecha y el fascismo urgente. El MST argentino no se ha delimitado de esta convocatoria ni ha realizado una crítica al contenido de la misma. No es casual, habida cuenta de su pasado apoyo a las candidaturas de políticos patronales argentinos como Pino Solanas y Luis Juez. Su postura respecto a la lucha contra el fascismo con una clara inclinación hacia un frente con franjas progres de los partidos de la burguesía ya se ha manifestado el pasado 24 de marzo de 2025, al romper con la realización de una columna independiente y converger con la oposición burguesa cómplice con el gobierno (La Cámpora, el Movimiento Evita, franjas pejotistas). El sostenimiento de la concepción de los frentes de colaboración de clase por parte del MST y su corriente brasileña de la LIS, que se traduce en esta convocatoria y en su política practica en la lucha de clases debe ser un llamado de atención al interior de las filas del MST, porque se opone a las premisas y perspectiva de independencia política sobre las que se constituyó el FIT-U.

Su corriente brasileña, Revolución Socialista permanece en el PSOL, incluso ahora, que integra una coalición política con el PT y ha llamado a apoyar a Lula y a sus candidatos. El PSOL es una maquinaria electoral y democratizante, cuya cúpula está dominada por carreristas políticos provenientes del antiguo PT y en cuyo seno actúan diferentes tendencias cuyo común denominador es sacar algún rédito en el reparto de cargos parlamentarios. El PSOL llama a volver al “PT de los orígenes”, a, o sea, su ruptura con el PT es solo formal, ya que su estrategia tiene como fundamento la defensa y el respeto del régimen capitalista.

Cabe señalar que la corriente Revolución Socialista (sección brasileña de la Liga Internacional Socialista) sufrió una ruptura en noviembre de 2025 por “diferencias políticas, metodológicas, programáticas y estratégicas”, poniendo el acento en que no se puede construir una organización socialista verdaderamente independiente y combativa a través del PSOL ya que “forma parte de las burocracias del Frente Amplio del gobierno de Lula-Alckmin, bajo la dirección de los ministros Guilherme Boulos y Sonia Guajajara”.

Es una señal de alerta que el MST se haya opuesto en la mesa del FIT-U a realizar actos propios del FIT-U contra la ofensiva de Trump en Venezuela y Latinoamérica y que el FIT-U sea convocante a una Conferencia Continental para reagrupar a sectores obreros, socialistas y antimperialistas en este sentido, como hemos propuesto desde el PO. La oposición que desarrollaron a este planteo desde la necesidad de una coalición “amplia” muestra acá su cara de claudicación a fuerzas patronales.

El frentepopulismo, el parlamentarismo y el democratismo constituyen una política de derrota y desmoralización de la clase obrera, contribuyendo a una encerrona a las masas oprimidas. El desafío de la izquierda que se reclama revolucionaria es impulsar un frente político que abrace la independencia de clase, que actúe como un motor de la lucha de clases y un canal de acción que apunte a transformar a los trabajadores en alternativa de poder. La derrota de derechistas y fascistas sólo puede provenir de la mano de la clase obrera, de su iniciativa de lucha y movilización independiente.

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