18/09/2020

Europa, ante un septiembre negro por el Covid-19

Los gobiernos y las patronales son responsables.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el nivel de transmisión del Covid-19 en Europa es “alarmante”. En las últimas dos semanas, el número de casos se ha duplicado en más de la mitad de los países del continente. Se registran entre 40 y 50 mil casos diarios (incluyendo a Rusia), niveles que están por encima de los que había a comienzos de abril.

Entre los países más afectados se encuentran España, Francia y el Reino Unido. En el primer caso, la enfermedad se ha propagado particularmente en la Comunidad de Madrid, donde la atención primaria se encuentra colapsada, según la denuncia de sus trabajadores, quienes han emprendido medidas de lucha. En el país galo, algunos departamentos han sido declarados como “zonas rojas”. En el Reino Unido, el gobierno de Boris Johnson se ha visto obligado a imponer medidas de aislamiento en algunas regiones de Inglaterra. Un 14% de los contagios en el continente corresponden al personal de salud, golpeado por la precarización laboral, la falta de insumos y de equipos de protección.

La aceleración de los contagios aparece relacionada con el abandono de las medidas de aislamiento social, que los gobiernos emprendieron en función de los reclamos de los grandes grupos capitalistas. A su vez, las vacaciones y viajes, sin ningún tipo de control, han disparado los casos, sobre todo en la juventud. El único atenuante con respecto a la primera oleada de la enfermedad es que se concentran ahora en la población más joven, donde la tasa de letalidad es más baja.

Pese al incremento de los casos, los gobiernos resisten todo lo que pueden el establecimiento de cuarentenas estrictas. España, Francia y Reino Unido han anunciado medidas de restricción sumamente limitadas, que no incluyen a los lugares de trabajo, que son grandes focos de contagio. Peor aún, contra las recomendaciones sanitarias, se acorta el período de aislamiento para personas que hayan estado en contacto con el virus. En Francia y en Madrid se redujo a siete días (la OMS recomienda 14), mientras que en el Reino Unido e Irlanda es de 10. Portugal y Croacia también analizan recortarlo.

Ante la ausencia de una vacuna, solo las medidas de aislamiento ofrecen la posibilidad de mitigar el avance del virus. El director regional de la OMS para Europa, Hans Kluge, dijo que que en junio los casos alcanzaron en el viejo continente “un mínimo histórico” (BBC, 17/9), en coincidencia con el momento de mayor alcance de las cuarentenas. Abandonadas esas medidas, la enfermedad está volviendo a sus peores momentos. Cabe recordar que Europa ingresó tardíamente a las medidas de aislamiento social, lo que explicó la virulencia de la primera oleada de la pandemia en la región. La negligencia criminal de las empresas llevó a la muerte de decenas de obreros en las zonas fabriles de Lombardía, en Italia.

El abordaje de la pandemia se caracteriza por la falta de un plan y de una coordinación entre los Estados. Los países europeos quedaron envueltos en un rosario de acusaciones recíprocas, atribuyéndose mutuamente la responsabilidad por el crecimiento de los contagios a partir del levantamiento de las restricciones en los viajes.

A la par del desastre sanitario, los gobiernos transfieren sobre las espaldas de las masas el peso de la crisis económica, con despidos masivos y recortes salariales.

Es necesario un programa de los trabajadores frente a la pandemia, que parta de la centralización del sistema de salud, la prohibición de despidos, las licencias sin afectar el salario, la asistencia a los desocupados y comisiones de seguridad e higiene en los barrios y lugares de trabajo.

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