LGBTI
29/7/2026
Alemania
El atentado en Berlín contra la comunidad LGBTQ+ y el orgullo de resistir
Durante la celebración del Christopher Street Day, que conmemora los sucesos de Stonewall.
Seguir
Durante la celebración del Christopher Street Day (CSD), una jornada histórica que se realiza en la ciudad de Berlín para conmemorar los sucesos de Stonewall, ocurrió un brutal ataque por parte de un joven de 21 años, el cual embistió a una multitud de manifestantes con su auto, dejando así más de 30 heridos y una víctima fatal. El agresor fue abatido por las autoridades de Berlín; estas describen que, luego de cometer el crimen, el joven siguió atacando a varias personas con un arma blanca.
El gobierno alemán, por boca del primer ministro, Friedrich Merz, intenta aprovechar el atentado para fortalecer el aparato represivo estatal y la islamofobia, valiéndose de los antecedentes del agresor, quien, según el gobierno alemán, habría intentado en el pasado integrarse al Estado Islámico. En cambio, Merz (que pertenece a la derecha tradicional, la CDU –Democracia Cristiana) guarda silencio sobre otro hecho. El aumento de las agresiones a las diversidades sexuales en Alemania viene de la mano del crecimiento de grupos ultraderechistas y neonazis. En 2025, la mitad de los eventos del día del orgullo sufrieron algún tipo de agresión o contramanifestación, según un informe de la fundación Amadeu Antonio.
No es que antes no existieran esos ataques, por supuesto, pero sí se han multiplicado. En un contexto de crecimiento de la extrema derecha en el mundo y de una creciente legitimación de discursos de odio contra las diversidades sexuales y de género, el atentado ocurrido durante las celebraciones del Christopher Street Day (CSD) en Berlín volvió a poner en evidencia que la violencia ejercida contra la comunidad LGBTQ+ no se constituye en una sucesión de hechos aislados, sino en una de las expresiones más extremas de un clima político y cultural. Esto es la consecuencia de una creciente descomposición del régimen político, el cual dio pie a que los discursos fascistas y de odio dejaran de ocupar los márgenes para instalarse en los parlamentos, en los medios de comunicación, en las instituciones públicas, etc.
¿Por qué les molesta tanto nuestra existencia?
Nos convertimos en uno de los principales objetivos de la ofensiva reaccionaria, ya que cada derecho conquistado, desde el matrimonio igualitario hasta las leyes de identidad de género y las políticas de salud pública, fue producto de décadas de organización, militancia y lucha en las calles, no por una decisión espontánea del Estado o de las clases dominantes.
El Estado, la familia heterosexual y la división sexual del trabajo no son instituciones neutrales, sino mecanismos fundamentales para la reproducción de la fuerza de trabajo y de las relaciones sociales sobre las que se sostiene el sistema. Cuestionar esas estructuras al poner en discusión las normas de género, la familia tradicional y la organización social que estas reproducen no es solo un pronunciamiento vacío; es el motor que impulsa nuestra lucha.
Por esto mismo, reivindicarnos como diversidades sexuales nunca fue únicamente por nuestro reconocimiento; más bien, constituye una disputa contra la opresión capitalista, patriarcal y el racismo. La persecución que sufrimos no responde a un simple prejuicio individual, sino a una estrategia política para preservar un sistema de dominación basado en la explotación y la opresión.
¿Cómo opera la derecha?
El atentado de Berlín ocurre en un momento en que la extrema derecha atraviesa uno de sus mayores crecimientos desde la Segunda Guerra Mundial. En Alemania, Alternativa para Alemania (AfD); en España, Vox; en Francia, el Rassemblement National; y en Italia gobierna una coalición encabezada por Fratelli d'Italia, partido con raíces en el posfascismo italiano. Procesos en alza que se ven reflejados en los Estados “modernos” de todo el mundo.
No podemos entender este fenómeno únicamente como un cambio electoral. En momentos de crisis económica, precarización laboral y nula redistribución del capital, lo cual conlleva una desigualdad aún más brutal, sectores de la burguesía encuentran en el discurso de la extrema derecha un instrumento para desviar el conflicto social hacia enemigos construidos: migrantes, mujeres, personas trans y disidencias, gays, lesbianas, entre muchos otros colectivos históricamente oprimidos, son usados como chivo expiatorio ante la crisis. Todo esto ocurre mientras se reformulan leyes que aprueban el extractivismo, la venta de tierras, la toma de deuda, el aumento de la jornada laboral, entre otras reformas regresivas.
Por eso, el fascismo necesita convertirnos en un enemigo interno: la lucha por nuestra emancipación pone en evidencia que otro modelo de sociedad es posible. Atacar nuestros derechos es, en definitiva, atacar toda forma de organización que desafíe al capital, mostrando que existe otra alternativa de poder.
¿Cuál es la salida?
Sin organización colectiva independiente no hay posibilidad de enfrentar el avance del fascismo y el régimen capitalista. La historia nos demostró que ningún derecho fue concedido pidiendo permiso; cada conquista de la comunidad LGBTQ+, del movimiento obrero, del movimiento de mujeres, y de los pueblos oprimidos fue el resultado de la organización y la huelga general. La respuesta está en fortalecer la organización desde abajo, en las calles, en los sindicatos, en los centros de estudiantes y en los barrios. Porque el fascismo no se derrota únicamente en las urnas; se lo derrota con organización.
La lucha por nuestra liberación no puede separarse de la lucha contra el capitalismo, porque ambas enfrentan las mismas estructuras de dominación. Mientras siga existiendo un sistema que necesite oprimirnos para reproducirse, nuestra tarea seguirá siendo organizar la resistencia y construir una sociedad donde las diversidades no tengamos que sobrevivir, sino tener el pleno derecho de existir en libertad. Defender la diversidad no es únicamente defender una identidad; es defender el derecho de todos los pueblos a vivir libres de explotación, de opresión y de violencia.




