Mujer

12/2/2026

Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

¿Cómo es el día a día de las mujeres en la ciencia? ¿Y qué ciencia les dejamos a nuestras niñas?

Agrupación Naranja CyT

Conicet.

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una investigación publicada en Antropologías del Sur nos obliga a preguntarnos: ¿Qué realidad viven realmente las mujeres en la ciencia argentina? ¿Y qué sistema científico estamos heredando a las niñas que hoy sueñan con ser investigadoras?

El sistema científico está diseñado sobre trayectorias masculinas que penalizan la maternidad. Pese a que las mujeres son el 54% del Conicet, enfrentan jornadas extenuantes, sobrecarga invisible y ahora una barrera de Anses que las obliga a elegir entre su carrera o su licencia por maternidad.

La paradoja de la mayoría numérica y la minoría en el poder

Argentina presenta cifras que podrían parecer motivo de celebración: según datos oficiales, las mujeres constituyen el 54% de los investigadores del Conicet, y el 50,9% del cuerpo docente universitario, muy por encima del promedio internacional del 33%. Sin embargo, el estudio "La contradicción encarnada" expone la brecha entre estas estadísticas y la experiencia cotidiana.

La investigación, basada en entrevistas a 20 científicas sociales de nueve provincias, documenta que las académicas enfrentan tres ejes sistemáticos de desigualdad: sobrecarga de "trabajos domésticos académicos", violencia simbólica y acoso sexual. Estas dinámicas se mantienen incluso cuando las mujeres ocupan cargos jerárquicos, evidenciando un problema estructural que trasciende las posiciones individuales.

Los días reales de las científicas argentinas

Las jornadas descritas por las entrevistadas poco se parecen al ideal romántico de la vida académica. Mientras la normativa del Conicet exige 40 horas semanales y la Resolución 58/2022 de la Administración Pública Nacional ordena presencialidad plena de 8 horas diarias, las entrevistadas del estudio reportan jornadas de 60 a 70 horas semanales. Lo significa que trabajan entre 20 y 30 horas más por semana de lo estipulado por ley.

Hay una dedicación del 30-40% de su tiempo a tareas de gestión, cuidado estudiantil (acompañamiento de trayectorias educativas, tutorías, etc.) y coordinación logística, actividades esenciales pero invisibilizadas en los sistemas de evaluación. "Siempre son las mujeres las que gestionan y están en toda clase de trabajos gratuitos", señala una investigadora. "¿Para qué dedicar tantas horas a corregir, estar en evaluaciones, en tribunales? ¡Esos antecedentes no suman en ninguna parte!"

Las investigadoras relatan, por otra parte, la necesidad de desarrollar estrategias de ocultamiento desde esconder la maternidad hasta modificar su apariencia física para "adecuarse" a expectativas institucionales.

Violencia simbólica: el mecanismo más eficaz de exclusión

El estudio identifica la violencia simbólica como la forma más persistente y dañina de desigualdad en la academia. Se manifiesta de múltiples modos: mediante la infantilización profesional, donde investigadoras con trayectorias consolidadas son llamadas "nenas" o "chicas" independientemente de su experiencia; a través de la desvalorización intelectual, que tilda sus publicaciones de "subjetivas" o "meras opiniones" en lugar de conocimiento riguroso; y por la sistemática apropiación de méritos, donde proyectos diseñados y ejecutados por mujeres terminan siendo dirigidos por colegas varones.

Estas dinámicas no son abstractas. Una académica relata cómo, habiendo entregado su tesis doctoral y estando a cargo de cátedras con más de 80 estudiantes, un superior la trataba de "nena" ofreciéndose a "formarla". "Mi corazón estaba a mil y me decía: 'No puedo reaccionar porque me va a dar un brote [de lupus]'", confiesa, ilustrando el costo físico y emocional de este desprecio enmascarado de condescendencia.

Dos décadas de evidencias sistemáticas

La investigación se enmarca en un extenso cuerpo de estudios que, desde hace veinte años, viene documentando estas desigualdades:

Marquina y Fernández (2008) identificaron la masculinización de los cargos más estables y mejor remunerados.

Maffía (2008) problematizó el sistema androcéntrico de exclusión y la narrativa del "esfuerzo femenino".

Rodigou et al. (2011, 2013) documentaron un cuadro sistémico de violencias de género.

Franchi et al. (2016) y Barrancos (2019) evidenciaron las brechas en el Conicet.

Andreozzi et al. (2020) constató que la imposibilidad de acceder a mejores condiciones de vida y trabajo son 72% mayores para mujeres académicas

El sistema científico está estructurado sobre una pirámide de desigualdades que operan en cascada

Las mujeres acceden en menor proporción a los cargos de mayor categoría y, por lo tanto, a los salarios más altos. Además, llegar allí es un recorrido laberíntico: la base de la carrera se sostiene sobre becas precarizadas sin reconocimiento laboral pleno, y adquirir la experiencia que el sistema exige (publicaciones, financiamiento, etc.) es mucho más complejo cuando se parte de una posición de desventaja acumulativa. A esa desventaja se suma ahora una nueva capa: los tiempos de revisión más largos para sus manuscritos.

Un estudio publicado este 2026, que analizó más de 36,5 millones de artículos de una base de datos de artículos académicos, encontró que los artículos con primera autora mujer tardan un 7,4% más en ser aceptados. Si la autora ocupa el rol de dirección de la investigación (corresponding author), la demora asciende al 12,7%; y cuando ambas posiciones son femeninas, el tiempo se extiende un 14,6% más. Aunque la demora por artículo parezca pequeña (7 a 15 días), acumulada a lo largo de una carrera puede significar entre 350 y 750 días adicionales de espera por cada 50 publicaciones. El sesgo de género no opera solo en evaluaciones explícitas, sino en los tiempos y procesos que estructuran cotidianamente la producción de conocimiento.

Siempre hay nuevas fronteras burocrática para perpetuar la desigualdad

En un giro que actualiza problemáticas históricas, científicas recientemente seleccionadas para la Carrera de Investigador Científico (CIC) enfrentan un obstáculo inédito: una normativa de Anses exige tres meses de antigüedad para acceder a la licencia por maternidad paga. Las investigadoras embarazadas que fueron seleccionadas para ingresar a la carrera científica, pero cuya efectivización se ha postergado en algunos casos más de 2 años, están siendo obligadas a elegir entre aceptar el cargo, o postergar indefinidamente su ingreso al sistema científico, debido a los avisos de toma de posesión de cargo con escaso tiempo de antelación

Esta disyuntiva expone cómo la desigualdad muta hacia mecanismos burocráticos aparentemente neutros. Es la "contradicción encarnada": instituciones que promueven inclusión mantienen prácticas que penalizan a las mujeres por ser madres en el momento crucial de sus carreras.

La violencia que viene por expediente: cuando la exclusión es política de Estado

Esta violencia administrativa también ataca de manera diferencial a las científicas trans y travestis dentro del sistema. Como hemos denunciado anteriormente desde la Naranja CyT, el sistemático incumplimiento de la obra social UP, avalado por la inacción del Conicet, en cubrir tratamientos médicos contemplados en el PMO (Programa Médico Obligatorio), viola flagrantemente la Ley de Identidad de Género y niega un derecho básico: el acceso a la salud integral. 

Así, en el mismo día que se celebra la participación de mujeres y niñas en la ciencia, se hace evidente que para muchas investigadoras y becarias trans, el Estado y las instituciones científicas determinan que sus vidas y su bienestar no son dignos de ser plenamente garantizados.

¿Qué ciencia heredamos a nuestras niñas?

En este 11 de febrero, la pregunta crucial es si estamos construyendo una ciencia donde las niñas puedan desarrollarse plenamente, o si les estamos legando los mismos obstáculos que enfrentaron sus predecesoras. Como concluye el estudio, la verdadera celebración del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia llegará cuando las jornadas de las científicas sean iguales a las de los colegas, cuando tengamos las mismas posibilidades de acceder a cargos estables y de mayor responsabilidad, cuando no suframos acoso sexual ni laboral y cuando se garantice nuestro acceso a la salud y derecho a maternar .

En un contexto donde el gobierno de Milei y la derecha internacional buscan expulsar la agenda del movimiento de mujeres de la discusión pública, solo la unidad política y la organización colectiva de las trabajadoras de la ciencia, investigadoras, becarias, técnicas, docentes y estudiantes, podrán transformar ideales en realidades. Porque el futuro que merecen nuestras niñas se conquista en las aulas, en los laboratorios y en las calles, defendiendo cada derecho y desmontando cada mecanismo de exclusión, en un momento donde lo que está en juego es seguir existiendo como sujetas en la ciencia y en la historia.

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