Mujer

17/8/2023

Milei y el derecho al aborto

Candidata a jefa de gobierno porteño del Frente de Izquierda Unidad.

Javier Milei.

Javier Milei superó el 30% de los votos en las Paso y el mismo lunes posterior a la elección comenzó a dirigir discursos con el objetivo de colectar votos para alcanzar el 45% que necesita para ganar en primera vuelta. En este contexto volvió a traer el tema del derecho al aborto legal, planteando nuevamente que convocaría a un plebiscito para eliminarlo. Mientras esto ocurría y sin siquiera dar una explicación a la población, el ministro candidato, Sergio Massa, daba un nuevo impulso a la campaña de Milei empobreciendo, con una nueva devaluación, a los sectores populares.

Es interesante que Milei no haya planteado un plebiscito mientras se libraba la lucha por el aborto legal sino que sólo lo conciba como un instrumento a utilizar (y manipular) cuando le toque detentar el poder del Estado. El único que advirtió sobre el carácter que tienen los plebiscitos llamados desde el poder del Estado capitalista fue Gabriel Solano, que desde su cuenta en la red social X escribió: “Un plebiscito desde el poder es un elemento cuasi fascista. Hitler lo usó para anexar Austria. En materia de derechos civiles, el plebiscito es un arma totalitaria. Una eventual mayoría no puede negar sus derechos a una eventual minoría”.

Sin embargo, cuando las consultas populares o plebiscitos se impulsan desde los sectores populares para torcer una decisión o ir hacia un rumbo contrario a lo que el Estado capitalista quiere, este instrumento asume un poder revolucionario, como ocurriera en Esquel, donde se utilizó para evitar la instalación de la megaminería. Pero este no es el caso ya que es un derecho que ya fue arrancado por la movilización, y, en tal sentido, un plebiscito convocado desde el Estado es solo un instrumento reaccionario para quitarlo.

Sobre el plebiscito, algunos juristas respondieron que no tiene condiciones legales para plebiscitar el aborto legal ya que de acuerdo al artículo 39 de la Constitución Nacional “no serán objeto de iniciativa popular los proyectos referidos a reforma constitucional, tratados internacionales, tributos, presupuesto y materia penal.” Y entienden que este tema entra dentro de lo que es “materia penal”. Como se sabe, las interpretaciones sobre esta cuestión dependen mucho de la política coyuntural más que de la interpretación jurídica, cuestiones que siempre van de la mano.

En el programa “A dos voces”, por primera vez un periodista les preguntó a Milei y a su compañera de fórmula, Victoria Villarruel, qué harían con los subsidios estatales a los cultos. Dijeron que eran derechos constitucionales y que ellos no planteaban modificar la Constitución. Lástima que los periodistas no le recordaron al presidenciable que horas antes había manifestado su deseo de terminar con el artículo 14 bis. Cuando se trata de derechos de los trabajadores promete motosierra. Cuando se trata de beneficios que llevan a que un obispo cobre un millón de pesos mensualmente del Estado, desaparece la motosierra.

La adhesión constitucional del Estado argentino al culto católico no supone de por sí el financiamiento de los sueldos de obispos y curas, como ocurre hoy por decretos de Videla que ningún gobierno derogó. Mucho menos los gobiernos terminaron con la gran fuente de financiamiento multimillonario que tienen las iglesias: infinidad de subsidios, exenciones impositivas, tercerización de la asistencia social, y la donación de tierras e inmuebles que las legislaturas provinciales y el congreso nacional les destinan a través de leyes especiales o dentro de sus presupuestos. Para Milei, los cultos son un recurso fundamental de control social, a los que busca ganar para implementar sus políticas; recursos que podrá aprovechar ya que el peronismo y todos los gobiernos los han financiado largamente. Como se vio en Brasil y en Bolivia, el sostenimiento y reforzamiento de “nacionales y populares” a católicos y evangélicos termina beneficiando a una derecha rancia que va por más. La separación de la iglesia del Estado es otra bandera arriada por el feminismo institucionalizado, que antepuso sus privilegios al cumplimiento de un programa integral de defensa de las mujeres y del conjunto de las y los trabajadores.

Finalmente, Milei en el poder también podría convocar a un plebiscito no vinculante desde el Poder Ejecutivo y armar una campaña para colocar a los sectores enemigos de este derecho en acción militante que, de darles un triunfo, podría servir para condicionar al Congreso. El candidato Milei no parece una persona que vaya a anteponer la letra constitucional a sus propósitos políticos. Un Milei en el poder y con al menos 40 diputados de base tampoco está tan lejos de reunir una mayoría que le permita derogar la ley. Cada fuerza tiene sus propios elementos enemigos de este derecho, y, a su vez, cada fuerza, vaciada absolutamente de principios, tiene a sus propios saltimbanquis. Para combatir a estos sectores (y como regla en la vida) hay que estar preparados para enfrentar lo peor y no negar que eso pueda pasar.

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Frente a las reacciones al respecto del ataque a los derechos de las mujeres, el mileísmo responde que es absurdo hablar de “derechos” soslayando que la gente no tiene para comer, ni vivienda y un montón de cosas más. Es un discurso muy adecuado en el contexto de hambre y miseria reinante, aunque más absurdo sea que, en ese contexto, hablen del aborto legal y busquen derogarlo, como si eso le fuera a dar a la gente mejores condiciones de vida cuando en realidad la derogación cumpliría el efecto contrario. Es importante marcar que la vida del no nato no es de interés de Milei, sino que para él el tema es una oportunidad para reforzar los mecanismos de control social necesarios para la aplicación de un plan feroz: que templos e iglesias funcionen como un factor central de contención social es una necesidad que tiene y por eso defiende a estas instituciones integralmente y levanta sus banderas. La misma idea anima el financiamiento y los puestos de funcionarios que el peronismo ha invertido en este sector.

Lo cierto es que el caso es una muestra de que las batallas culturales no se ganan con hambre, inflación y empobrecimiento de los pueblos. Y mucho menos con la retirada del pueblo de las calles y arriando las banderas de una agitación política e ideológica que debiera formar parte de la vida cotidiana. Mientras la progresía y parte de la izquierda hacían silencio sobre los incumplimientos del Ministerio de Mujeres, y ante los ataques a las mujeres piqueteras que ejercen su derecho a marchar junto a sus hijos, un sujeto cruelmente discriminado al que no se considera siquiera que sea plausible de ser defendido, Milei se mostraba consustanciado con sus padecimientos, contraponía aborto a las condiciones materiales de miseria y se ganaba la atención de los que más sufren el ajuste. Si no empezamos por mirarnos un poco, definitivamente no vamos a encontrar los instrumentos para combatir esta deriva de más ajuste con políticas más reaccionarias.

No es solo que Milei quiera derogar la ESI. La ESI no existe en el país, sólo se imparte donde hay un activismo estudiantil y docente que lo impone; la ley nunca fue de orden público, por lo tanto las adhesiones y regulaciones provinciales tardaron años y en muchos casos son contrarias al espíritu de la propia ley. En Chaco impiden su aplicación los grupos evangélicos junto a la iglesia católica, y, en CABA, Larreta y Acuña redujeron los cupos del postítulo para evitar que la docencia se forme y bloquearon su implementación. Sin una mirada crítica sobre el presente no hay forma de frenar el futuro oscuro que se avizora con el crecimiento de Milei. El punto de partida para disputarle el ascendente popular a esta derecha es no seguir negando el daño social de las políticas de peronistas y macristas y tirando abajo de la alfombra la brutal realidad social que se vive.

El peronismo, una vez aprobado el aborto, condición que le puso la ola verde y que debieron aceptar para poder ganar el 2019, retiró a las mujeres de las calles y a una parte importante de las referentes las endulzó con las mieles de puestos en el Estado. Estas últimas se dispusieron a incumplir con las promesas de campaña y a disfrazar de verde uno de los ajustes populares más profundos de la historia argentina. Mancharon una lucha. La devaluaron. La desprestigiaron. Inflaron a un facho. Hasta le gestionaron listas en la provincia de Buenos Aires para dividir el voto PRO. No les importó inflar a un facho para eso.

Para enfrentar esta deriva reaccionaria de hambre, miseria y ataques a derechos adquiridos necesitamos reunirnos en asambleas e incorporar todos y cada uno de los reclamos de todos los sectores populares a nuestras demandas. Hay que dejar de ningunear el padecimiento de millones de mujeres que son el sector más empobrecido del país por las políticas fondomonetaristas e incluir la defensa de nuestros derechos con una mirada de clase que integre las demandas laborales, habitacionales y la defensa del trabajo con derechos.

Pongamos en pie asambleas en cada barrio y lugar de trabajo y estudio. No subestimemos este momento. Sumate a poner el cuerpo para entender lo que pasa y actuar para cambiarlo.

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