14/09/2020

¿Cuál es el carácter de clase del motín de la policía bonaerense?

"El obrero, convertido en policía al servicio del Estado capitalista, es un policía burgués y no un obrero". León Trotsky

Ambas fotos de Daniel Peluffo, de la concentración policial en Adrogué

El discurso de los partidarios del gobierno nacional y provincial respecto del motín de la policía bonaerense fue virando vertiginosamente en las redes y los medios a lo largo de la crisis de la semana pasada. Pasó de un intento de socavar a la democracia a un reclamo salarial comprensible y justo, largamente postergado. Kicillof en su conferencia de prensa del viernes, cuando se rindió ante todos los reclamos del motín, sin plantear sanciones ni represalias, combinó las dos cosas. El aumento a la policía, fuera de todo panorama salarial en una provincia con todas las paritarias suspendidas, venía a “satisfacer reivindicaciones históricas de la policía bonaerense desde tiempo inmemorial”. Al mismo tiempo, si continuaban las protestas, demostrarían su “uso político”.

Como lo venimos destacando en Prensa Obrera, se trató de un movimiento que buscó reforzar económica y políticamente al mismo aparato represivo que viene promoviendo el tándem Alberto Fernández-Axel Kicillof-Sergio Berni. Ellos han colocado la militarización de los barrios como principal medida frente a la intensa crisis social, como se ve nuevamente con desalojos en el conurbano, incluidas las amenazas contra los más de diez mil habitantes en el predio de Guernica. Los objetivos del motín fueron reaccionarios, y al mismo tiempo estuvieron, de manera general, ubicados en el mismo sentido que la política del gobierno.

El planteo de que se trató de una movida golpista fue desautorizada por el propio Alberto Fernández, que llevó a que un sector del propio kirchnerismo, Juan Grabois y Patria Grande, que había convocado una marcha “en defensa de la democracia” la suspendiera velozmente. Al gobierno no le convenía subirle el precio al argumento de “golpismo” para luego ceder frente a los reclamos. Sin embargo, el amague tuvo ecos en la izquierda. El Nuevo MAS salió a reclamar una movilización nacional contra un golpismo inexistente. “Alertaron” sobre la posibilidad de que el gobierno capitulara, y plantearon que una movilización le cerraría el paso a esta política.

 

No estuvo planteado golpe alguno, como lo hemos explicado, sino de un movimiento dedicado a aprovechar el rol central en que han puesto a la policía para sacar una tajada mayor del presupuesto y al mismo tiempo para asegurarse la continuidad de la impunidad en los hechos de represión contra los trabajadores y la juventud. La burguesía discute con este gobierno cómo llevar adelante su política, desde el acuerdo por la deuda a la reforma laboral de hecho que se implementa en la industria.

Policías y trabajadores

Desde algunos sectores, que incluso se reivindican marxistas, se ha planteado un apoyo explícito al motín policial, diciendo sobre la acción de los policías que “la clase obrera lucha como clase obrera”.

Esta posición indica el abandono de la concepción revolucionaria sobre el Estado y sus fuerzas represivas. Para los revolucionarios desde Marx y Engels, como lo defendió brillantemente Lenin en El Estado y la Revolución, la fuerza del Estado que impone su orientación sobre los oprimidos de la sociedad se compone esencialmente por “destacamentos de hombres armados”. La misma existencia de estos destacamentos, como la bonaerense, son los garantes de la defensa de la dominación de la burguesía.

Es claro que los policías vienen de los mismos barrios o familias que los trabajadores. Trotsky, en un texto que circuló extensamente estos días por redes sociales, decía: “El hecho de que los policías hayan sido elegidos en una parte importante entre los obreros socialdemócratas no quiere decirlo todo. Aquí, una vez más, es la existencia la que determina la conciencia. El obrero, convertido en policía al servicio del Estado capitalista, es un policía burgués y no un obrero. En el curso de los últimos años, estos policías han debido enfrentarse mucho más a menudo a los obreros revolucionarios que a los estudiantes nacionalsocialistas. Por semejante escuela no se pasa sin quedar marcado. Y lo esencial es que todo policía sabe que los gobiernos pasan, pero la policía continúa.»(León Trotsky, “¿Y ahora?, Problemas vitales del proletariado alemán”, 25 de enero de 1932).

Ser obrero no es una característica que responda a un patrón genético o territorial, sino a una relación social. Los policías (como también los delincuentes profesionales, y en general el lumpenproletariado) puede provenir de la clase obrera pero su realidad es otra, y por ende también sus intereses. Hay un proceso de desclasamiento, que también es de descomposición social, sobre todo en un medio de profundo entrelazamiento con la represión, el delito y los crímenes contra la población como lo es la Policía Bonaerense.

Esto no quita que el aumentazo que Fernández y Kicillof dieron a los uniformados, que no tiene paralelo en ningún gremio estatal de la provincia, oficie como un revulsivo frente al congelamiento de paritarias. No va a ser la primera vez que un choque entre sectores ajenos a nuestros intereses dispare una intervención de la clase obrera. Asignar por esto a los asesinos de jóvenes de “vanguardia de la clase obrera” es darle barniz rojo a la política de los Berni y las Patricia Bullrich.

De todas maneras, esta sola caracterización sociológica no agota el problema. La sindicalización policial ha jugado un rol reaccionario en general, como en Estados Unidos donde es la vanguardia de la ultraderecha, ya que corporiza la búsqueda de las mejores condiciones de desarrollo de una fuerza represiva.

Donde existan protestas o rupturas de la cadena de mando que sean contrarias a las tareas represivas, se desprenden otras tareas políticas para la izquierda revolucionaria. La agitación sobre las filas de las fuerzas represivas del Estado puede jugar un rol central en muchos momentos, pero siempre para que rompan filas y se unan a la clase obrera, nunca para promover sus intereses corporativos como tales.

La ruptura de la contención de la burguesía en la mitad de una carestía brutal requerirá enfrentar prontamente a quienes estuvieron de ambos lados de la mesa de negociación en esta crisis. Para eso debemos dar cuenta de estos planteos incompatibles con la independencia política de la clase obrera.

Más que nunca, fuera Berni; justicia por Facundo Castro y todos los caídos por las fuerzas policiales; cárcel inmediata a los responsables directos y a los encubridores: Todos este sábado 19 al plenario antirrepresivo nacional para unificar las luchas en curso tras estos objetivos.