Políticas

2/5/2024

El ajuste en la industria nuclear agrava la dependencia energética y científica de Argentina

Historia y presente de la física nuclear en nuestro país.

Sus usos van de la generación eléctrica a la medicina.

El recorte presupuestario al complejo atómico nacional ya derivó en cientos de despidos y está en riesgo la continuidad de todo el sector, por lo cual se produjeron movilizaciones en la ciudad de Zárate en apoyo a los trabajadores de las centrales Atucha. Para dimensionar el problema, repasemos primero una pequeña historia de la física nuclear en nuestro país.

Construido en tan solo nueve meses, el RA-1 fue donde se alcanzó la primera reacción controlada de toda América Latina, el 17 de enero de 1978. Ubicado en el Centro Atómico Constituyentes, bajo la dirección de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el reactor RA-1 fue construido casi totalmente con tecnología y componentes pertenecientes a nuestra industria nacional (tan solo se importó el uranio enriquecido, grafito, y algunos componentes electrónicos). Le permitió al país avanzar en investigaciones relacionadas con la física nuclear, como la Terapia por Captura de Flujo Neutrónico en Boro (B.N.C.T. por sus siglas en inglés), o bien la producción de radioisótopos.

El B.N.C.T. (Boron Neutron Capture Therapy) consiste en acumular isótopos de boro-10 en un tumor, y posteriormente irradiarlo con un haz de neutrones en pos de destruirlo. Este haz impacta en el boro-10, destruyendo estos átomos de forma selectiva. Es un método moderno y sumamente eficiente para el tratamiento de tumores, actualmente aplicado en casos especiales. Dada lo difícil de aplicar que es esta tecnología, actualmente no se puede lograr de forma generalizada. Pero invertir en su investigación indudablemente acelera las posibilidades de este tratamiento.

Por su lado, los radioisótopos tienen innumerables aplicaciones. Una de las más importantes es en la medicina, donde se utilizan en 10.000 hospitales a nivel mundial, en los cuales se llevan adelante 40 millones de procedimientos de diagnóstico y tratamiento al año. Pero además, se lograron avances en la comprensión de enfermedades y descubrimiento de fármacos, entre otros (Fuente: Invap).

Desde el 24 de junio de 1974, está conectada a la red eléctrica nacional y en funcionamiento la central nuclear Atucha I, nuevamente, la primera de toda América Latina. Cuenta con una potencia de 362 MW y utiliza como combustible mezcla de uranio natural (0,72% 235U) y uranio levemente enriquecido al 0,85%.

A día de hoy contamos con tres centrales nucleares de potencia generando energía eléctrica (Atucha I y II y Embalse) que permiten evitar la emisión de alrededor de 5 millones de toneladas de CO2 al año (el equivalente a lo que emiten un millón de autos en un año).

Se encuentra en construcción el Carem-25: la primera central nuclear íntegramente diseñada y construida en nuestro país. También está el Carem-120, que se encuentra en fase de diseño, y sería un “modelo comercial con proyección nacional e internacional”.

En cuanto a los reactores de investigación, contamos con 5 operativos en todo el país: RA-1, RA-3, RA-6, RA-10 y RA-4. En el Centro Atómico Ezeiza se encuentra el RA-3 en funcionamiento, el mayor productor de radioisótopos de toda Latinoamérica, y el RA-10, cuya construcción comenzó en 2016 y que apunta a ser el reactor de investigación multifunción más grande del país. Podría desde autoabastecerse de radioisótopos para investigación médica hasta satisfacer gran parte de la demanda de estos en América Latina.

Pero los aportes de los reactores no solo se encuentran en el sector de la industria, sino que también a nivel educación. En el Centro Atómico Bariloche se encuentran dos puntos claves de la ciencia en nuestro país: el RA-6 y el Instituto Balseiro (IB), donde se forman profesionales de muy alto nivel. El IB es completamente público, donde los estudiantes son becados y se les provee de residencia en el lugar y una beca económica para estudiar.

Finalmente, y para destacar el alto nivel de nuestra ciencia, en 2007 nuestro país construyó en Australia el Proyecto OPAL, un moderno reactor de producción de radioisótopos. Cabe destacar que no solo exportamos recursos materiales, sino también humanos: en el mundo hay muchos investigadores argentinos formados íntegramente en el sistema de educación pública argentina. Entre estos podemos mencionar a Juan Martín Maldacena, egresado del Instituto Balseiro, quien postuló una importantísima teoría sobre la teoría de cuerdas: la conjetura de Maldacena.

Las repercusiones del ajuste

Debido a las proporciones del ajuste hechas por el gobierno de Javier Milei y el compromiso que asumió en la visita de Laura Richardson del Comando Sur, peligra la continuidad de la construcción del RA-10 y el Carem-25. También se anunció la cancelación del proyecto de Atucha III, que iba a construirse con capitales chinos. Los empleados de la construcción se vieron afectados por despidos masivos, lo cual se reflejó en un comunicado emitido por del gremio Uocra en que advierten sobre el detenimiento de las mencionadas obras del RA-10 y el Carem-25.

Esto es algo ridículo, para empezar porque la industria nuclear no genera ningún déficit. Es más, genera ganancias importantes, puesto que se exportan artículos con un muy alto valor agregado (como el ya mencionado proyecto Opal, y también la venta de insumos costosos a Canadá para la construcción de reactores). Pero lo que es aún más disparatado es que en caso de perder las obras del RA-10 y el Carem, deberíamos importar reactores.

Si no construimos nosotros los reactores tendríamos que comprarle a China. Tal es el caso del Hualong 1. Pero su instalación sería costosísima y la electricidad se vendería a un precio muy superior al promedio: 82 dólares por MWh, 20 por encima de los 62 actuales. Lo peor de todo esto es que si se dedicara la ganancia de los reactores nucleares del país a la construcción de los nuevos el presupuesto alcanzaría perfectamente.

A eso se le suma que el Carem-25 vendría equipado con una tecnología de vanguardia: es un reactor modular (Small Modular Reactor o SMR). Esto lo convierte en un reactor más eficiente, seguro y económico que uno tradicional. El Carem es uno de los poquísimos reactores SMR en etapa de construcción en el mundo (apenas tres). Es un tanto paradójico que detengamos la obra, estando en el umbral de una nueva tecnología, y le compremos un reactor (que para colmo no es de dicha tecnología) a otro país ¿No?

También, por supuesto, perderíamos la posibilidad de exportar energía eléctrica y radioisótopos y de generar recursos humanos de altísima calidad, y pasaríamos a depender más de otros países y peor aún de la “buena voluntad” de los privados. Un tanto triste, porque fuimos pioneros de esta industria en América Latina y actualmente contamos con un enorme potencial.

Lo que guía la política de Milei es alinearse a los mandatos del imperialismo norteamericano a costa del desarrollo científico e industrial nacional, para hacer buena letra mientras agranda la deuda del país. Es una profundización de una política que han llevado los gobiernos anteriores.

Hay que ponerle un freno a la motosierra del gobierno de Milei con un plan de lucha, unificando al sector de ciencia y técnica con el conjunto de trabajadores y estudiantes, y preparando la huelga general.

¿Qué hay de nuevo?

El recorte del presupuesto en ciencia es de todo menos exclusivo del ajuste de Milei. Si bien la ciencia de nuestro país tiene una posición algo avanzada y contamos con varios logros y avances sumamente importantes, la realidad es que podría ser muchísimo mejor.

Nos encontramos ante una ciencia que tiene el potencial para ser de las mejores a escala global, pero que se vio fuertemente refrenada por los distintos ajustes de gobiernos capitalistas y sus orientaciones. Esto es algo que se da en toda la ciencia, pero en nuestro caso específico, se da que el RA-10 podría estar terminado para este punto si se le hubiera dedicado el presupuesto.

Y más allá del peligro presupuestario, se encuentra el de la carencia de recursos humanos en el largo plazo, dado que la capacidad científica del país está fuertemente ligada al nivel de la educación universitaria, y esta última tampoco logró escaparse al ajuste de los distintos gobiernos. No sólo por la caída del porcentaje de estudiantes egresados, sino que del de ingresantes a carreras relacionadas con la ciencia y la tecnología también: del 30% en 2015-16 al 25,5% en 2022-23. Todo esto en un marco donde la retención de estudiantes en el primer año es tan sólo del 62,4% (Chile, por ejemplo, tiene una retención del 82,8% en las universidades). La baja retención se debe en gran parte a los problemas económicos y al bajo nivel de la educación secundaria pública, así como también la degradación de la salida laboral de los mismos.

En 2012 el ministro Barañao (designado por Cristina) propuso el plan “Argentina Innovadora 2020”, en la que se buscaba aumentar la cantidad de tres investigadores por cada 10.000 habitantes que tenía entonces el país a cinco. Esto es una meta que deja en claro el bajo interés del partido en la ciencia: el estándar para una ciencia de calidad es de 8 por cada 10.000 habitantes.

Este plan se vio interrumpido por Macri, que en campaña, prometió aumentar el presupuesto en ciencia a un 1,5% del PBI, y como era de esperarse, no lo hizo: lo bajó del 0,7% que heredó de Cristina al 0,22%. El ministro Barañao, quien mantuvo su cargo a pesar del cambio de gobierno, que en un primer momento parecía promotor de la ciencia estatal, jugó un rol clave en este ajuste.

Luego, en 2022, el acto de cierre del Encuentro de Ciencia, Tecnología e Innovación para la Soberanía Nacional, en Tecnópolis, Alberto Fernández afirmó que “no hay mejor inversión que en educación, conocimiento y ciencia”, para luego, en los números, hacer un aumento ínfimo: en 2023, tan solo 0,34% del PBI se invirtió en ciencia. Obviamente, durante su mandato no se concretó el plan Argentina Innovadora 2020.

Hay que marcar un plan de lucha, pero no para la restitución del presupuesto lamentable que dejaron los otros gobiernos sino para un aumento en serio en materia de ciencia y educación, que las acerque a los sectores más rezagados de la población para que los estudiantes no se vean forzados a abandonar las carreras, que no sea un sistema “expulsivo de científicos” como dijo Hurtado, que permita al Conicet aumentar la cantidad de becas otorgadas, que permita un buen desarrollo de la industria nuclear y satelital, y que otorgue un salario digno a los investigadores, docentes y no docentes. 

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