Políticas

24/9/2026

El corredor de Milei y Trump... para bloquear a China

El imperialismo yanqui busca asegurarse recursos estratégicos y cadenas de exportación.

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Acuerdo Argentina y EEUU.

El lanzamiento del Corredor Andes-Atlántico expone el verdadero carácter de la asociación entre Milei y Trump, que consiste en organizar la infraestructura argentina en función de la extracción y exportación de minerales e hidrocarburos, bajo la órbita de los intereses estratégicos del imperialismo norteamericano y en competencia directa con China. El proyecto promete herramientas de financiamiento estadounidense por hasta 7.000 millones de dólares hacia 2027 para conectar el noroeste minero y Vaca Muerta con los puertos atlánticos y los mercados occidentales. Pero por el momento siguen sumando anuncios sin que vengan realmente capitales.

El propio diseño del corredor establece como prioridades los ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, puertos, energía y conectividad para sacar petróleo, gas, litio, cobre y otros minerales hacia los mercados internacionales, dando cuenta de que no estamos ante un programa general de “desarrollo de la infraestructura nacional”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, expresó que “invertir en Argentina es favorecer la seguridad económica de Estados Unidos”, resumiendo el verdadero propósito del acuerdo. Los recursos argentinos son considerados parte de las cadenas de suministro estratégicas que los Estados Unidos pretenden asegurar.

Un acuerdo para bloquear a China

La disputa por el control de estos recursos no empezó con el corredor, sino que se inscribe en las tratativas de Trump para bloquear la influencia china en la región. En abril, el embajador estadounidense Peter Lamelas había planteado abiertamente la necesidad de desplazar a China de los negocios mineros y del litio del norte argentino.

Tanto la Hidrovía, como los ferrocarriles de carga Belgrano, San Martín y Urquiza, las conexiones entre Vaca Muerta y Bahía Blanca, los puertos y las redes digitales, como la injerencia en Arsat o la aprobación del ingreso de Metrotel en las telecomunicaciones, forman parte del corredor anunciado. El gobierno argentino con la privatización de Belgrano Cargas, cuya red tiene un papel estratégico para transportar producción del norte y otras regiones hacia los mercados de exportación.

La disputa por la Hidrovía ya había dejado un capítulo del enfrentamiento de Trump con los chinos, durante la licitación, cuando desde algunos sectores interesados denunciaron la supuesta participación indirecta de capitales chinos en una de las ofertas, manteniendo reuniones con el embajador estadounidense. La Hidrovía concentra alrededor del 80% de las exportaciones argentinas y se convirtió así en un punto de disputa entre capitales por el control de una vía estratégica.

Lo mismo ocurre con la infraestructura de Tierra del Fuego, donde existen intereses chinos concretos y Trump busca consolidar la presencia norteamericana. No se trata de una preocupación abstracta por la “seguridad” de las cadenas de suministro, sino que estamos ante la competencia entre potencias por el control de recursos, rutas, puertos, energía y comunicaciones.

El negocio que Milei ofrece

El acuerdo también deja expuesto que detrás de los anuncios de una supuesta lluvia de inversiones extranjeras no existe una ola general de capitales dispuestos a “desarrollar la economía argentina”. El mecanismo presentado consiste en financiar proyectos específicos, garantizar negocios y asegurar la participación de empresas estadounidenses.

El gobierno ofrece para eso el RIGI, beneficios fiscales, cambiarios y comerciales y un marco destinado a garantizar las inversiones de gran escala. Sin embargo, estas inversiones nunca llegan, o lo hacen a cuentagotas, sin mover el amperímetro y a costa de fuertes sacrificios fiscales que luego son trasladados a los trabajadores. El corredor se presenta como una nueva oportunidad para los capitalistas, mientras los trabajadores siguen pagando el costo de una economía orientada a los negocios de los exportadores.

Se construye infraestructura para abaratar y acelerar la salida de petróleo, gas y minerales, mientras las ganancias quedan en manos de multinacionales y capitales exportadores. La experiencia reciente de Vaca Muerta ya muestra el problema donde récords de producción y exportación conviven con combustibles caros para la población argentina y con una política que privilegia la renta petrolera por sobre los intereses de los trabajadores.

La infraestructura necesaria para el desarrollo del país no puede quedar subordinada a esta competencia entre potencias ni al negocio de las multinacionales. Ferrocarriles, puertos, energía, telecomunicaciones y recursos naturales deben estar bajo control obrero y orientado a satisfacer las necesidades de la población trabajadora. El corredor de Milei y Trump muestra, precisamente, el camino contrario: más entrega de los recursos estratégicos y mayor subordinación al capital internacional.

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