24/06/2021
Editorial

El desafío político de la intervención obrera ante el ajuste insoportable

fotos Willy Monea y Andrés Ojo Ojo Obrero Fotografía

La enorme movilización piquetera del viernes pasado golpeó en la línea de flotación del gobierno porque puso en evidencia el crecimiento de la pobreza, la desocupación y la caída del nivel de vida de la mayoría de los trabajadores en la Argentina.

Sin embargo, constituye apenas la punta de un iceberg, ya que representa una parte de la realidad social que emerge en los piquetes desde los sectores populares más golpeados de trabajadores precarizados, desocupados y sobre todo de una juventud que no tiene acceso al trabajo ni a la educación.

Por debajo de esta realidad que apenas asoma, millones de trabajadores han sido llevados a la pobreza aunque trabajen, o sean jubilados que luego de toda una vida de aportes cobran $23.000, debajo de la canasta de indigencia, o aquellos que habiendo trabajado como pudieron carecen de los aportes para jubilarse y están abandonados.

El mismo viernes 18, muy temprano, un grupo de enfermeras cortó valientemente el Puente Pueyrredón en reclamo de aumento de salarios y una semana atrás, en el marco de una jornada del Plenario del Sindicalismo Combativo, tercerizados y despedidos de diversas luchas cortaban también el emblemático Puente por sus reclamos. Fue una jornada nacional que unió a los sindicatos combativos y al movimiento piquetero en lucha, además de los conflictos.

Lo del viernes pasado fue un salto en la acción de la Unidad Piquetera, en sus métodos y en su acumulación de fuerzas. Se desarrolló de una punta a la otra del país, concentrando según los medios nacionales a más de 80.000 personas. Participaron decenas de miles sobre la avenida 9 de Julio, con piquetes y manifestaciones en todo el país: solo en Chaco con 11 cortes de ruta, sobre todo de la comunidad Qom, con 7 cortes en Misiones y acciones en 22 provincias, literalmente de Ushuaia a La Quiaca.

La medida no pudo ser ocultada por los grandes medios de comunicación bajo la fórmula del caos de tránsito. Más importante aún, los medios de la burguesía reflejaron el impacto de la multitud en la calle, que puso en evidencia un profundo problema social que impacta en la propia base social del gobierno en las vísperas de la campaña electoral. Se trató de la más numerosa -y extensa geográficamente- jornada contra el ajuste desde el inicio del gobierno de los Fernández. Un dato político ineludible de la situación social.

Los editoriales de los dos grandes medios burgueses escritos tomaron nota del fenómeno, no solo por su impacto directo sino por su perspectiva, en algún caso viendo la acción, como una “amenaza al liderazgo populista de Cristina en el conurbano” (La Nación, 18/6).

La caída en las expectativas en el gobierno de Fernández de una parte mayoritaria de los trabajadores y la desazón por un futuro absolutamente incierto en cuanto al trabajo, a la educación y hasta la salud golpean una base social muy amplia, que va desde los sectores precarizados y sin trabajo hasta los pequeños comerciantes, el sector de los trabajadores estatales, que han perdido el 10% de sus ingresos, y jubilaciones de miseria, abarcando un amplio abanico de clases sociales populares que en suma representa más del 50% de la población que se empobrece sin pausa y que complica las expectativas electorales del Frente de Todos y el peronismo, sobre todo en el caliente conurbano bonaerense.

El empobrecimiento general de la Argentina es el producto de un ajuste indisimulable que golpea a los trabajadores y jubilados, especialmente a los más pobres, y a una parte importante la clase media, que según estudios se empobrece sin cesar desde el 2015.

La llamada derecha, el macrismo y los «liberales» de los Milei y otros, no abren la boca ante el avance de la pobreza y la resistencia obrera, no pueden capitalizar la caída en las expectativas en el gobierno, que golpea al pueblo con el ajuste, porque ella misma es ajustadora serial y aspira representar los intereses capitalistas, que se benefician con el ajuste o al menos lo descargan sobre las masas. Por lo que no pueden agitar las aguas frente al agravamiento de la situación social ni mucho menos ser un canal contra esa política.

La inflación el arma central del ajuste de Guzmán

Se podría decir que el gobierno de Fernández-Fernández + Massa ejecuta un ajuste clásico, donde la variable de más afectada son los ingresos fijos, o sea salarios, jubilaciones y programas sociales. Recaudan según precios que vuelan y gastan con la pauta presupuestaria trucha del 29%. La inflación es un mecanismo despótico de transferencia de ingresos de los bolsillos populares al Estado y al capital.

Los números de la realidad social hablan por sí solos de la magnitud de la caída en la pobreza de una enorme porción de los trabajadores, 45,3 % de pobreza, 6 chicos de cada 10 son pobres, 20% de desocupados –entre los que buscan trabajo y no consiguen y los que no buscan más- y otro tanto de subocupación, paritarias a la baja, cierres de pequeños comercios, eliminación del IFE, baja del 18 % en el gasto social tomado de conjunto. Son los números que Guzmán presenta al FMI aunque el acuerdo no llega ni llegará antes de las elecciones. La promesa de Cafiero de que a fin de año los salarios le ganarán a la inflación suena a cínica mentira de campaña.

Un sector capitalista descarga la crisis sobre los trabajadores, otro se enriquece con la crisis también a expensas de los trabajadores como las alimentarias y los exportadores que ganan con la inflación internacional y la trasladan criminalmente al mercado interno ante un gobierno que parlotea pero no le abre un libro a ninguna empresa. En tanto la especulación financiera siempre de fiesta si miramos que de intereses de las Leliqs se pagan $100 mil millones por mes. Y las potencias del Club de París finalmente se llevan U$S430 millones de anticipo de la cuota que vence el 31 de julio para extender un crédito puente que devengará más intereses. Una cachetada a los reclamos por el hambre y por la vidas que se pierden todos los días para los cuales no hay recursos. El centro de la política en curso es viabilizar el acuerdo con el FMI que caerá con todas sus exigencias después de noviembre. Son los deberes que exigen desde todos los sectores del capital financiero y desde las potencias imperialistas integrantes del Club de París y del directorio del Fondo.

Nuestros desafíos

Los desafíos que enfrentamos los trabajadores se centran, por un lado, en ampliar y unir a los sectores que enfrentan el ajuste mediante la deliberación de los trabajadores en sus sindicatos para superar la losa de la burocracia sindical que maniata a la clase obrera. El camino lo marcaron las enfermeras, los médicos y el conjunto del personal de salud neuquino: la asamblea, la huelga y la acción directa mediante piquetes y movilización. En esa dirección apunta la unidad de ocupados y desocupados, mediante un programa de reivindicaciones y una acción común.

Por otro lado emerge una necesidad y una oportunidad agudamente planteadas por la situación: la de reforzar una alternativa política que dispute con la defraudación de amplios sectores con el gobierno del Frente de Todos y el peronismo y que son conscientes al mismo tiempo de la amenaza para los trabajadores que representa la oposición antiobrera y proimperialista del macrismo.

El planteo del Partido Obrero de un congreso del Frente de Izquierda Unidad tiene ese objetivo, unir a los que luchamos todos los días contra el ajuste con un planteo de conjunto, una alternativa política unitaria, con el método obrero de la deliberación colectiva y la participación de los luchadores en la actualización del programa de independencia de clase de nuestro frente al momento del país y de América Latina, al momento de la lucha de clases que atravesamos, en la combinación de la pandemia y la crisis capitalista.

El otro punto asociado a esta perspectiva es el de las listas únicas para combatir a los bloques capitalistas cuando faltan semanas para la inscripción de alianzas. Desde todos los sectores del activismo surge el reclamo de un frente común más activo y unido que nunca que explote las fracturas y crisis de los bloques capitalistas, evitando por todos los medios que las Paso se transformen en un campo de disputa de la izquierda. Ahora es cuando.

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