28/10/2020 | 1608
Editorial

Gobierno devaluado

De la crisis económica y sanitaria a la crisis política.

La crisis económica se agrava cada día que pasa. Nerviosa, la cartera económica ha salido a respirar aliviada a partir de dos jornadas de baja consecutiva de la divisa norteamericana: porque el dólar paralelo retrocedió 10 pesos, pero aún así la brecha con el oficial se ubica en la fantástica e increíble cifra de 130%. El gobierno, según los trascendidos, ha apelado a “manos amigas”. En la operatoria diaria habrían aparecido en escena, sugestivamente, algunos operadores vendiendo dólares en el mercado informal y, por esa vía, evitar que se sobrepase la emblemática barrera de los 200 pesos. Esta operatoria era una práctica común en los tiempos de «Toto» Caputo, de modo tal que el albertismo terminó echando mano de los métodos del macrismo. Si nos guiamos por los resultados de su antecesor, ya podemos anticipar qué le depara al gobierno actual. Estamos frente a una maniobra de patas cortas, que prolonga la agonía.

Para evitar la estampida del dólar, el gobierno ha puesto en marcha un paquete de medidas financieras, que incluyen un nuevo y gran endeudamiento. Martín Guzmán emitió una montaña de títulos atados al valor del dólar y anuncia otros directamente suscritos en moneda norteamericana. Los destinatarios de estos últimos serían Pimco, Templeton y otros fondos de inversión, que están buscando una válvula de escape a sus inversiones locales en pesos y salir del país. Le buscan una puerta de salida a los especuladores “atrapados” en pesos, mientras el pueblo trabajador argentino queda “atrapado” en la destrucción de sus ingresos.

Esta andanada de bonos, de un modo general, está hecha a medida del gran capital, que pide garantías para estar a resguardo de una devaluación. El interés por estos bonos atados al dólar ha superado las expectativas oficiales, pero eso no puede pasar por alto que se trata de una verdadera bomba de tiempo. Una devaluación que asoma como amenaza cierta haría estragos en las finanzas del país. Se trata de un contrasentido, pues se vuelve a recrear una deuda dolarizada y vencimientos en dólares en el corto plazo luego de haber cerrado un acuerdo con los bonistas, cuyo mérito principal -según sus promotores y apologistas- era tirar para adelante el pago de la deuda. No se nos puede escapar el negocio colosal que representa este nuevo endeudamiento, que estaría reportando un 17 por ciento de interés en dólares a sus tenedores. Es también lo que están rindiendo los bonos recién canjeados -cuyos precios sufrieron un derrumbe sin precedentes tratándose de deuda recién reestructurada-, lo cual abre las puertas para la aparición en escena de fondos buitre, que es lo que el gobierno pretendía evitar. Argentina sigue afuera del mercado internacional de deuda, a pesar del canje que concedió todo a los fondos de inversión.

Tormenta perfecta: derrumbe económico y crecimiento exponencial de contagios

Estas medidas, sin embargo, no han sido suficientes para frenar la caída de reservas. En las últimas jornadas, el Central tuvo que seguir vendiendo divisas. A esto hay que agregar que continúa el retiro de depósitos en dólares de los bancos, que han bajado en menos de un mes en 2.000 millones de dólares. La situación tiende a agravarse, pues todo indicaría que las reservas líquidas disponibles del gobierno ya son negativas y el gobierno estaría echando mano a los dólares de los ahorristas. Por otro lado, hierven los contratos de dólar futuro que ya ascienden a la friolera de 5.600 millones de dólares, otro negociado contra las arcas del Estado. Conclusión: la corrida cambiaria pavimenta el terreno de una corrida bancaria.

Se acaba de dar a conocer la noticia de que el superávit comercial ha bajado sensiblemente en septiembre. Las exportaciones se han contraído en un 18 por ciento en relación al año anterior mientras que las importaciones han aumentado un 3%, lo cual es llamativo en un país en recesión. La explicación, según los analistas, es que las cerealeras y otros productores estarían reteniendo la producción a la espera de una devaluación, mientras que por las mismas razones, importadores estarían acelerando sus compras, sobrefacturación incluida, aprovechando la actual cotización del dólar oficial, antes de que se venga una alteración en el tipo de cambio. Al extremo que se está importando granos para la molienda, por faltante de una producción que es netamente nacional (BAE, 23/10).

La presión devaluatoria es cada vez más fuerte y el gobierno, por más que promete evitarla, hace aguas por todos lados. Esto está llevando a una creciente desorganización económica y, más aún, a una paralización de la actividad productiva. Los grandes formadores de precios están reteniendo la mercadería especulando con un salto en el tipo de cambio oficial y los productos se entregan cada vez más a cuentagotas sobre la base de nuevas listas de precios. Lo cierto es que empieza a constatarse faltante de productos de primera necesidad en las góndolas, mientras se dispara la remarcación de precios. Naturalmente, esto afecta toda la cadena de producción y consumo, pues a la falta y escasez de bienes e insumos se une la incertidumbre sobre los precios de reposición.

La crisis económica se entrelaza con la sanitaria. Argentina duplicó la mortalidad en los últimos 31 días, “este indicador despertó preocupación en la reunión de expertos que asesoran al Presidente” (Infobae, 27/10). A nivel mundial, es el 11º país en muertos por millón de habitantes. El discurso gubernamental cada vez está más devaluado en la opinión popular, mientras Argentina es uno de los países del mundo que menos tests por millón de habitantes ha realizado desde el inicio de la pandemia. Saltan a la luz los límites insalvables de la política oficial, que tropieza con la precariedad y ausencia de asignación de recursos. “Hay que tener disponibilidad de tests, de más personal que vaya a testear y la logística de laboratorio para poder hacerlo. Con que falte una de estas tres condiciones, ya no se puede llevar adelante un mayor testeo”, analizó Eduardo López, uno de los principales infectólogos del país (ídem).

 

Unidad nacional con los saqueadores

Las medidas del gobierno no han logrado apaciguar la inquietud y presiones de la clase capitalista, que no detiene la fuga de capitales y la corrida contra el peso. El J.P. Morgan acaba de calificar el paquete de Guzmán como «curitas». La promesa del ministro que va a dejar de emitir recurriendo a un mayor endeudamiento no resulta convincente. La presión del gran capital es que la única garantía para lograr este objetivo es pasar a un ajuste fiscal en regla, en el marco de un plan económico acordado con el FMI. Es lo que está delineando Guzmán en el prometido “plan plurianual”, de tres años de “convergencia monetaria y fiscal”. Aunque el Presupuesto se ha convertido en un gran dibujo, en sus pronósticos desacreditados en materia de dólar e inflación, sí merece ser tomado en consideración en lo que se refiere al recorte que plantea en áreas de salud, educación y asistencia social.

Pero la cuestión no se agota en este punto. La crisis económica ha ido muy lejos y ha terminado provocando un deterioro político acelerado de esta nueva tentativa nacionalista. El Coloquio de Idea, que reunió a los principales empresarios del país, realizado semanas atrás, estuvo dominado por este hecho: lo que se puso en tela de juicio no es la agenda delineada por el gobierno sino la capacidad política para llevarla adelante. La crisis económica ha mutado en crisis política y se expresa en las crecientes tensiones en el gabinete y en la coalición oficialista.

En este cuadro debe hacerse la lectura de la carta de Cristina. Ha habido múltiples interpretaciones de la carta, pero lo que debe concentrar la atención es la parte final: “sin un acuerdo que abarque el conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina” sería imposible resolver lo que llamó la «economía bimonetaria», un eufemismo para referirse a la disparada del dólar. En otras palabras, Cristina sale a proclamar la necesidad de una “unidad nacional” que debe extenderse a la clase capitalista y a la oposición, incluido Magnetto. Cristina en su misiva prometió que “nos guste o no nos guste” hay que respetar la investidura presidencial. Recordemos que Roberto Lavagna, dos semanas antes, venía de pronunciarse en ese sentido. Morales Solá, uno de los principales columnistas de La Nación, acaba de llamar a apoyar la propuesta, lo mismo que Pichetto y Orlando Ferreres. Hay una conciencia que el colapso económico y social pone en tela de juicio la gobernabilidad. En la misma línea apunta la sorpresiva recomendación de Elisa Carrió de votar a favor de Daniel Rafecas, propuesto por el gobierno, como procurador general, superando una de las principales causas de la llamada “crisis judicial”. Pichetto estaría tomando distancia de Macri y buscando oficiar de puente entre el oficialismo y la oposición.

La propuesta de CFK desmiente a quienes de un lado u otro del mostrador han tratado de verla como portavoz de un proyecto alternativo. El kirchnerismo no ha sacado los pies del plato hasta ahora. Más aún, ha tenido un peso determinante en definiciones estratégicas del gobierno como el arreglo con los bonistas y en la búsqueda de un acuerdo con el FMI. Ahora se pone a la cabeza de cerrar la grieta. Aunque ha sido reticente a las fotos en común con Alberto Fernández, ha salido a cerrar filas con su gobierno. Esta orientación es la que viene fogoneando el FMI, cuyos emisarios están teniendo reuniones con las diferentes alas de la coalición oficialista y Cambiemos, abogando por darle al gobierno una base ancha de sustentación política, cuando lo que está en juego es la implementación de una ofensiva de grandes dimensiones contra las masas.

Actos en todo el país

Estamos frente a giros y realineamientos políticos que, con seguridad, se van a ir acelerando al ritmo de la crisis política y económica. Por lo pronto, el gobierno de Alberto Fernández ha acusado recibo del planteo de Cristina y si bien se ha declarado reacio a tomar en sus manos la convocatoria de Cristina, argumentando que “las vías de diálogo ya existen”, estaría acelerando un llamado a un Consejo Económico y Social, tratando de lograr una confluencia entre el Estado, el empresariado y la burocracia. Seguramente, ese ha sido el contenido de las reuniones de AF con Coto, Bulgheroni y Paolo Rocca, quien al comienzo del año fue incluido entre los empresarios “miserables”. Se pondrá a prueba cuál es la capacidad de arbitraje del gobierno.

Este escenario pone en el orden del día la urgencia y la actualidad de emprender una acción política desde la vereda de los explotados. Al acuerdo con el FMI que se pretende hacer pasar por medio de una unidad nacional entre oficialistas y opositores, que implica penurias inauditas para las masas, hay que oponerle la defensa de todos los reclamos apremiantes de la población laboriosa y un programa integral de salida de los trabajadores. Es necesario darle expresión política a todas la luchas en curso, empezando por Guernica y las demás ocupaciones de tierra, las huelgas tenaces como la de Algodonera Avellaneda, la lucha salarial del puerto de Buenos Aires, los paros de la docencia universitaria, de los maestros de Entre Ríos o los metalúrgicos de Gri Calviño. Tenemos la responsabilidad de desarrollar esta alternativa de los trabajadores y la izquierda, para promover la intervención de conjunto de los trabajadores en la crisis y desafiar y quebrar la polarización de las fuerzas políticas que han gobernado el país las últimas décadas.

En este marco llamamos a impulsar una gran jornada política nacional del Frente de Izquierda-Unidad, con actos simultáneos en todo el país, con cabecera en Capital Federal, impulsando la presencia masiva de los trabajadores y la juventud. Los tiempos se agotan, la paciencia de las masas seguramente también.

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