Políticas
29/7/2026
Grabois le lava la cara a Peter Thiel y se ofrece como interlocutor del tecnocapitalismo
Un magnate tecnológico reaccionario, militarista, antidemocrático y aliado del imperialismo.

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Las declaraciones de Juan Grabois, dirigente de Patria Grande, sobre su reunión con el magnate tecnológico Peter Thiel constituyen un nuevo paso en la adaptación del peronismo, incluso de su ala “izquierdista”, a los intereses del capital internacional. Lejos de denunciar el operativo del gobierno de Javier Milei para convertir a la Argentina en un laboratorio de negocios para las corporaciones tecnológicas y la inteligencia artificial, Grabois terminó otorgándole una cobertura política al principal exponente de esa ofensiva imperialista.
La reunión entre ambos tuvo lugar el 3 de junio en la mansión que Thiel adquirió en el Barrio Parque porteño, luego de que el multimillonario mantuviera encuentros con Milei, ministros, funcionarios y empresarios. Recién ahora Grabois decidió explicar públicamente esa cita, afirmando que necesitaba "entender cómo funciona el circo" y que era preferible reunirse "con el dueño y no con los gorilitas". Incluso sostuvo que Thiel encontró "interesante" discutir su propuesta de ingreso básico universal, presentando el encuentro como un intercambio intelectual entre posiciones divergentes.
Pero Peter Thiel no es un académico ni un simple empresario exitoso, sino uno de los principales ideólogos de la fracción más reaccionaria del capital tecnológico norteamericano. Cofundador de PayPal y uno de los primeros inversores de Facebook, construyó un enorme poder económico para ponerlo al servicio de una agenda profundamente antidemocrática, militarista y favorable a la concentración del poder en manos de las grandes corporaciones. El propio Thiel ha sostenido públicamente que la libertad y la democracia son incompatibles y ha cuestionado la expansión del sufragio como un obstáculo para el capitalismo.
La expresión más acabada de ese proyecto es Palantir Technologies, empresa fundada por Thiel con financiamiento inicial de la CIA. La compañía desarrolla sistemas de vigilancia masiva, procesamiento de datos e inteligencia artificial utilizados por el Pentágono, la CIA, el FBI, el ICE -la agencia encargada de perseguir migrantes en Estados Unidos- y diversas fuerzas armadas. Sus plataformas han sido ampliamente señaladas por su utilización en operaciones militares y de vigilancia, incluyendo el apoyo tecnológico a las Fuerzas de Defensa de Israel durante la guerra en Gaza.
Thiel fue uno de los principales financistas de la campaña presidencial de Donald Trump en 2016 y mantiene estrechos vínculos con los sectores más derechistas del Partido Republicano. Diversas investigaciones periodísticas también dieron cuenta de su relación con los círculos frecuentados por el financista Jeffrey Epstein. Su proyecto político combina el poder de las grandes plataformas tecnológicas con una ofensiva contra las libertades democráticas y una creciente militarización de la economía.
No es casual que Milei haya desplegado una verdadera alfombra roja para este personaje. El presidente ya se reunió con Thiel en la Casa Rosada, al igual que Santiago Caputo, Federico Sturzenegger, Mauricio Macri y otros representantes del poder económico. El magnate aparece mencionado entre los interesados en áreas estratégicas como Arsat, la industria nuclear y Vaca Muerta, mientras Palantir fue vinculada al proyecto oficial del denominado "Gemelo Digital", una iniciativa que despierta fuertes cuestionamientos por sus implicancias en materia de vigilancia estatal. El Rigi, la desregulación económica y las reformas en los organismos de inteligencia forman parte del mismo operativo destinado a convertir a la Argentina en una plataforma privilegiada para los negocios del tecnocapitalismo.
Las explicaciones de Grabois terminan funcionando como una verdadera lavada de cara. El dirigente insiste en que se reunió con Thiel para comprender el "modelo civilizatorio" de Silicon Valley y combatirlo mejor. Sin embargo, al presentar al magnate como un interlocutor válido e incluso como alguien dispuesto a debatir propuestas sociales, contribuye a humanizar a uno de los principales representantes del capital tecnológico imperialista justamente cuando Milei procura atraer esas inversiones y legitimar su desembarco en el país.
Mientras el gobierno ofrece los recursos naturales, las empresas públicas y la infraestructura estratégica del país al gran capital tecnológico, Grabois aparece dispuesto a presentarse como un interlocutor confiable de esos mismos sectores. No cuestiona el carácter de clase de ese proyecto, sino que procura ubicarse como una alternativa de recambio capaz de administrar la misma orientación con otro discurso.
No es la primera vez que Grabois ensaya este tipo de aproximaciones. En otras oportunidades reivindicó aspectos de Steve Bannon, uno de los principales estrategas de la extrema derecha norteamericana y exasesor de Donald Trump, intentando separar sus coincidencias tácticas de las posiciones profundamente reaccionarias que representa. La reunión con Thiel confirma esa tendencia: la búsqueda permanente de tender puentes con figuras del gran capital internacional bajo el argumento de comprenderlas o disputarles influencia.
La izquierda del peronismo vuelve así a desempeñar el mismo papel que el conjunto del PJ: ofrecer garantías al poder económico de que existe una oposición dispuesta a administrar sus intereses cuando Milei agote su ciclo. Frente a una ofensiva que pretende transformar a la Argentina en un enclave para los magnates de la inteligencia artificial, la vigilancia masiva y la explotación de los recursos estratégicos, la tarea no consiste en brindarles respetabilidad ni en disputar quién dialoga mejor con ellos. La única respuesta consecuente es organizar una oposición independiente de los trabajadores contra el gobierno "libertario", contra el Rigi y contra toda tentativa de convertir al país en una colonia del imperialismo.




