Políticas

2/6/2022

La “economía popular” de Grabois y de Milei

Sobre las coincidencias que expresaron en un debate televisivo.

Fueron entrevistados en Perfil.

Javier Milei participó junto al dirigente de Patria Grande Juan Grabois en un debate de más de cinco horas organizado por el periodista Jorge Fontevecchia para el diario Perfil, en el cual se abordó, entre otras cosas, la cuestión de los vendedores ambulantes. Ambos dirigentes intercambiaron posiciones y quedó expuesta de manera evidente su coincidencia en un problema de fondo.

Grabois trató de incomodar a Milei con el siguiente planteo: “Si está este conflicto entre los comerciantes formales que están ahí y mis compañeros vendedores ambulantes y vos tenes que decidir si sacarlos o no sacarlos, ¿qué haces?”; a lo que el libertario respondió “no lo denostarías como mantero, es decir, sería un competidor más y vos tendrías que ofrecer un producto de mejor calidad, con un mejor precio para que vayan a tu negocio y no al mantero”. Milei reforzó su idea señalando que si los comerciantes formales están disconformes con los manteros entonces ellos mismos deberían volcarse a la calle para competir.

Los medios han presentado este intercambio como una especie de comunión política entre dos dirigentes que desde el punto de vista ideológico son muy distintos. Detrás de este abordaje superficial, se esconde la defensa por parte de ambos de una política de precarización laboral.

Grabois es un defensor acérrimo de esa política. La denominada “economía popular”, que se impulsa con fuerza desde los círculos piqueteros oficialistas, es un embellecimiento de la extensión de la informalidad laboral en detrimento de los trabajadores bajo convenio. El gobierno de Alberto Fernández ha estado avanzando en la institucionalización de esta precarización presentando un proyecto de ley para crear un “monotributo productivo”, o con la aplicación del Potenciar Trabajo, mediante el cual miles de trabajadores laboran en municipios por salarios que están muy por debajo de la línea de indigencia.

El crecimiento de los trabajadores registrados en la “economía popular” es una expresión de la debacle a la que nos han llevado los gobiernos de las últimas décadas. El gobierno viene de festejar la disminución de la desocupación, que alcanzó un 7% (no tiene en cuenta a quienes dejaron de buscar trabajo), pero oculta que se llegó a ese número como producto de un aumento de la precariedad laboral, y que ese fenómeno forma parte del rebote económico que se produjo tras el abandono total de la cuarentena. El mismo proceso se desarrolla en los sectores de la clase obrera que tienen un empleo formal; “en 2011 un 12,7% de las personas con trabajo, eran pobres, y en 2021 ese porcentaje llegó al 28,2%, según el informe del Observatorio de Deuda Social Argentina (ODSA)” (Perfil, 3/05).

Por su parte, lo que Milei defiende es eximir de impuestos a los empresarios, y fomenta la economía informal en la que los trabajadores no tienen derechos laborales ni gozan de organización gremial. El ultraderechista se pronuncia en favor de los manteros porque su actividad comercial abarata el consumo de grandes franjas de trabajadores, lo cual habilita a su vez que el conjunto de los capitalistas pague menores salarios; le preocupa deprimir el costo de reproducción de la fuerza de trabajo, para recomponer la ganancia del capital.

Los manteros son uno de los sectores más oprimidos y explotados del capitalismo argentino. Una gran parte de ellos son migrantes, que a menudo carecen hasta de los derechos más elementales (DNI, acceso a la asistencia social, etcétera) y acceden a los peores trabajos. Asimismo, están constantemente al acecho de las fuerzas policiales, las cuales piden coimas a estos para poder operar, bajo la amenaza directa del desalojo. La libertad de competencia que esgrime Milei es un eufemismo para encubrir las profundas desigualdades que están detrás de la realidad de los manteros. No hay ningún atisbo de “libertad”, en la medida en que por ejemplo se los puede reprimir si se niegan a realizar un aporte a las cajas negras de la policía.

La salida a esto pasa por la lucha por trabajo genuino con salarios acordes a la canasta básica familiar y no por la defensa de la “economía popular” e informal.