29/10/2020

La Iglesia condena las tomas, pero no la represión

El comunicado de la Conferencia Episcopal.

Horas después del brutal desalojo en Guernica, la Conferencia Episcopal Argentina salió a bendecir el operativo represivo en un comunicado en que afirma que “nada justifica la intrusión y la violencia a costa de la vida y los derechos de los demás. La Iglesia no avala las tomas. Son ocasión de violencia y agitación social, muchas veces incentivadas”.

Para cubrir este ataque contra la población más oprimida, el comunicado reconoce que “las distintas ocupaciones de tierras evidenciaron la precaria situación de tantas familias, que han debido procurarse un lugar para vivir”. Pero en la medida en que condena las ocupaciones, es decir, la acción de esas familias en defensa de su elemental derecho a la tierra y la vivienda, la frase se convierte en un perverso llamado a la resignación.

El comunicado eclesiástico es una impostura, porque omite toda referencia a los responsables de que casi un tercio de los argentinos tengan problemas de vivienda: los sucesivos gobiernos y los grandes grupos económicos que despojan de la tierra a las grandes masas. Mientras esta injusticia la tiene sin cuidado (después de todo, la curia es una gran propietaria de bienes raíces y terrenos), la Conferencia Episcopal carga las tintas en forma oblicua contra las organizaciones que apoyan las tomas, bajo la desgastada muletilla del “aprovechamiento” político. Decimos: no hay mayor manipulación política de las necesidades populares que la que practica la Iglesia, que desarrolla un profundo trabajo de disciplinamiento y sometimiento ideológico de los oprimidos por medio de su aparato asistencial.

En cuanto a la violencia, la Iglesia sabe perfectamente que esta procede de los desalojadores, quienes actúan con saña extrema contra una población desarmada que solo pide tierra y vivienda, como lo ilustra la quema de casillas y comedores con nafta por parte de la Bonaerense en Rafael Castillo.

El comunicado recomienda una “diligente intervención de la justicia” y su “mediación”, pero los jueces son una pieza clave del desalojo de las familias sin techo. Al mismo tiempo, alienta un “Estado presente” que adopte políticas para el acceso a la vivienda, pero en las actuales circunstancias el Estado se muestra en toda su crudeza como lo que verdaderamente es: un órgano de dominación de la clase capitalista.

En el día del desalojo contra las familias de Guernica, la Iglesia vuelve a mostrar que está del lado de los poderosos.

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