03/04/2021
Hidrocarburos

La varadura de Vaca Muerta: sin inversión, la «normalización» es a costa de los trabajadores

La cantidad de equipos de perforación está muy por debajo de lo anunciado, pero crece la superexplotación.

La varadura del buque carguero que trabó el comercio internacional a través del canal de Suez por unos días permite una alegoría con la situación de Vaca Muerta, donde las inversiones están obturadas y la cantidad de equipos de perforación en los yacimientos está muy lejos de lo anunciado meses atrás para incrementar la producción hidrocarburífera.

En un parte oficial de fines de diciembre, el gobernador neuquino Omar Gutiérrez afirmó que en el primer trimestre de este año la actividad estaría “normalizada” y que habría “más equipos que los que teníamos antes de que llegara la pandemia en febrero de 2020”.

Pero en ese momento había 18 equipos perforadores en actividad en Vaca Muerta y al finalizar marzo 24, cuando en enero de 2019 había 45 equipos y hacia fines de ese año (previo a la pandemia) eran 36. Es decir que al finalizar el primer trimestre de 2021 hay apenas dos tercios de la cantidad los equipos perforadores que había cuando ya la actividad estaba trabada hacia el final de la gestión de Macri -tras la resolución 566/19- y la mitad que hace dos años atrás. Esto a pesar de que precio internacional del crudo ha recuperado los niveles prepandemia y a pesar de los millonarios subsidios estatales dolarizados a la producción de gas.

Incluso con menos equipos perforadores (lo que cuenta para sostener e incrementar la producción), el volumen de petróleo extraído en Neuquén crece sin pausa. “En febrero se produjeron en la provincia un promedio de 177.044 barriles de petróleo por día. Este nivel representa un crecimiento del 6,12% en comparación con el mismo mes del 2020” (Vaca Muerta News, 22/3). Esto se explica por dos razones.

La primera es el aumento del nivel de productividad de cada trabajador, cuando según el propio sindicato petrolero hay todavía unos 1.500 obreros suspendidos, además de los miles que fueron presionados para aceptar los retiros “voluntarios”. Asistimos a una mayor producción con menores planteles, gracias a la adenda flexibilizadora que la conducción gremial de Guillermo Pereyra firmó con las patronales, la cual bajó las dotaciones por torre.

La segunda razón es que se aumentan los volúmenes sobre la base de exprimir los pozos ya perforados (pozos más “largos” y con mayor cantidad de fracturas). Es decir que se usa el capital ya invertido, pero no se incrementa el ritmo de perforación de nuevos pozos -lo cual requiere enviar a los yacimientos mayor cantidad de equipos de perforación.

Esta huelga de inversiones refleja que las empresas no tienen confianza en la política de estímulos del gobierno de Alberto Fernández, e incluso en una recuperación de la demanda futura mundial de petróleo. Grandes multinacionales mantienen una producción marginal de petróleo en Vaca Muerta: en febrero pasado Exxon produjo 2.780 barriles/día, la escandinava Equinor 3.931, Conoco-Phillips 399, contra una producción de YPF y asociadas que supera los 80.000 barriles diarios.

Los datos son más lapidarios en cuanto al gas. En este caso no solo se perfora por detrás de la necesidades de autoabastecimiento del país, sino que la producción cayó en Neuquén un 13,3% en febrero en relación al mismo mes del año pasado. Es una demostración de que hasta ahora el Plan GasAr, formulado por el gobierno para evitar perder dólares por importación de gas para cubrir la demanda interna, no ha entusiasmado. Ello no porque no sea beneficioso el precio en dólares que se paga por el gas en boca de pozo, sino por las contradicciones mortales de la política económica del gobierno.

Por eso seguirá la importación del fluido para el período invernal vía gasoductos y barcos de GNL, cuando la apuesta oficial es guardar las divisas para el pago de la deuda externa. Los tarifazos y naftazos permanentes, de todas maneras, siguen en marcha.

La crisis de la “economía nacional” empalma con un mercado mundial signado por la tendencia a la depresión y la liquidación de capitales excedentes. La contracción económica y las restricciones a la circulación por el coronavirus impactan de lleno en un mercado petrolero ya dominando por grandes pulpos y potencias imperialistas -que sostienen los precios internacionales en base a acuerdos de recortes en la producción. La competencia capitalista por la sobrevivencia golpea de lleno en el presente y futuro de Vaca Muerta.

La salida progresiva a esta declinación pasa por la nacionalización sin pago de toda la industria de los hidrocarburos, bajo control obrero, en el marco de una plan de desarrollo energético y productivo del país, bajo la dirección de la clase obrera.

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