21/10/2021
Editorial

Lo oportuno de la Plaza de la Izquierda

El 30 a colmar Plaza de Mayo para establecer una salida de los trabajadores.

Los actos en conmemoración del “Día de la Lealtad”, rememorando el 17 de octubre del 45, fueron un salto en la crisis de gobierno, expuesta por la derrota electoral del oficialismo en las Paso y que llevó al cambio de una parte sustancial del gabinete, golpe palaciego mediante.

El oficialismo se ufanó de ir a las Paso unido, un mes después apareció con tres actos. Posiblemente el dato más relevante es que el presidente de la Nación ha quedado desautorizado por partida triple. Desde ser ignorado en el acto del 18 de la CGT, el que supuestamente era en su apoyo, hasta recibir críticas directas en la plaza el propio 17. En ese acto una concurrencia variopinta se dedicó a despotricar contra la esencia de la política del gobierno (todo) que es el pago de la deuda; que Alberto haya sido anunciado como orador de ese acto reiteradamente y luego él mismo in situ haya desistido de participar patentizan el “despiste” en que vive el presidente.

Los actos confirmaron una tendencia creciente por parte del oficialismo a producir “bloopers” que terminan convirtiéndose en la comidilla diaria y que dejan la fuerte impresión de que el gobierno no podrá dar vuelta la derrota del 12 de setiembre.

Es que después de caracterizar, vía CFK y la diputada Vallejos, que la derrota era la consecuencia del ajuste, este sigue vivito y coleando. Una expresión concreta es el crecimiento de la inflación en setiembre (3,5%) y la tendencia a superarse en octubre, siempre con el rubro de alimentos y salud por encima de la media. El gobierno que iba a “poner platita” para dar vuelta el resultado electoral se limitó fuertemente: no hay IFE, el bono a jubilados está aún verde y no se han habilitado nuevas paritarias. Para no ser pobre se necesitan, según el Indec, un ingreso familiar de $ 70.500 cuando el salario mínimo vital y móvil no alcanza el 50% de ese requerimiento. Además de eso la ayuda social viene cayendo sensiblemente (desde escasísima asistencia a los comedores donde se busca paliar el hambre de millones de personas, hasta la negativa a universalizar los planes sociales). En un país donde el 40% de su población es pobre, y una gran parte de ella indigente, el tema no es menor. En los primeros nueve meses del año el déficit fiscal fue el 1,5% del PBI, contra un 4,5% presupuestado para todo el año, esto tuvo que ver en parte con una mayor recaudación pero también por la reducción de las partidas “sociales”, donde se incluye a los jubilados que, junto a los trabajadores del Estado, son los más esquilmados y base del “ahorro”.

El decreto del congelamiento de precios del nuevo secretario de Comercio Interior viene precedido de los fracasos de los “Precios Cuidados” y “Precios Máximos” (estos últimos incluso con más productos regulados -2.400), que se caracterizó por la falta de esos bienes en las góndolas y las trampas de la patronales sustituyéndolos por otros productos, cambios en el etiquetado y terminó siendo desmantelado por el propio gobierno. Además no forman parte del acuerdo ni frutas ni verduras, cuando ambos rubros son claves en la estructura de la canasta alimentaria. Se trata de una película que ya vimos en esto meses y que no ha evitado la estampida de los precios.

FMI y reforma laboral: donde muere la grieta

El oficialismo en todas sus fracciones (y la oposición también) está dominado por el propósito de abrir un nuevo ciclo de endeudamiento para afrontar los gastos corrientes y refinanciar la hipoteca nacional, pero sobre todo por el requerimiento de la clase capitalista. CFK sostuvo a Guzmán, el ejecutor del ajuste, porque es, por ahora, una pieza clave en la negociación de la deuda. Y quienes en la plaza del 17 despotricaron contra el pago de la deuda vienen de ser pagadores seriales (Boudou) y sostenedores del derrumbe del salario (Baradel, etc.), ni que decir del acto de la burocracia sindical del lunes 18, donde están los firmadores de acuerdos salariales a la baja y de cláusulas de flexibilización laboral.

El propósito de volver al mercado de capitales necesita, como mínimo, llegar a un acuerdo con el FMI lo cual exige profundizar el ajuste fiscal y avanzar en un ataque más profundo a los derechos de las masas, tanto en lo laboral como en el acceso a la salud, la educación, la vivienda, etc. Y esto no lo disimuló la campaña electoral.

En el centro de la agenda electoral (a excepción de la campaña del FIT-U) no figura la gravedad de la situación que viven los trabajadores (tampoco en los actos por el 17) sino la “reforma laboral” y la reconversión de los llamados “planes sociales”. Ya en las Paso Larreta salió a reclamar que había que terminar con las indemnizaciones por despidos, ahora es acompañado por Brancatelli el periodista ultraK de Intratables, en su papel de dueño de un “supermercadito”. El ataque a los planes sociales y a quienes luchan contra la desocupación y la pobreza tiene como objetivo dividir a los trabajadores y ganarlos a la necesidad, como única alternativa, de ceder en sus derechos como vía para producir una reactivación, de la cual en algún momento recibirían los beneficios, y así crear puestos de trabajo. Ni qué decir que la reconversión de los planes sociales no pasa de tratar de convertirlos en subsidios directos a las patronales y establecer un nuevo piso salarial a la baja, sin que calme la voracidad capitalista por más concesiones.

¿Un acuerdo con el FMI y la eliminación de las indemnizaciones y otros derechos abrirían un nuevo ciclo virtuoso de la economía, terminando con la desocupación, la pobreza y las consecuencias que todo ello trae? La experiencia (y la teoría) revela que sucede exactamente lo contrario. Cada renegociación de la deuda, que todos los gobiernos llevaron adelante, terminó pariendo un mayor endeudamiento y una fuga de capitales, que se ha ido acentuando. Para más la situación internacional está dominada por una crisis que aleja el flujo de capitales de los países “emergentes”, es decir, hay viento de frente y el gobierno ha fracasado en contener una depreciación mayor de la moneda con un agotamiento en su capacidad de endeudarse en pesos sin alejar la posibilidad que la situación estalle en un cuadro de hiperinflación e, incluso, una corrida bancaria. En el caso de la reforma laboral, la iniciada por Menem, que luego se fue profundizando, dejó el tendal de desocupados y un aumento de la pobreza.

Pero además las estadísticas del propio Indec revelan que el problema no es el costo laboral que tanto invocan. En el segundo trimestre de 2020, la participación en el PBI de la remuneración del trabajo asalariado en el sector privado sufrió un derrumbe; sobre la creación del valor agregado bruto está en el 31,1% contra un 58,1% del excedente de explotación (o sea los beneficios de los capitalistas). La más baja desde 2005. Como se ve la huelga de inversiones tiene que ver con el “costo capitalista” que exige maximizar la ganancia solo sobre la base de la superexplotación de los trabajadores.

La casta política que hoy gobierna le debe dar las gracias a los Milei y Espert que con sus discursos “disruptivos” y sus “críticas al sistema” le cubrieron la espalda para poder plantear, sin tapujos, los requerimientos de la verdadera casta que domina que es la de los capitalistas.

De todas maneras, un acuerdo con el FMI requiere algo más que ganas y disposición a flexibilizarse. Según los trascendidos el FMI se ha “endurecido” y exige mayores garantías de que se va proceder a reformas integrales en lo laboral, previsional y tributario y que se va a profundizar el ajuste. El tema es si existen las condiciones políticas para imponer un “programa” de estas características que va a tener varias víctimas y no solo entre los trabajadores.

Un gobierno dividido, con un presidente debilitado, y una oposición que trata de no hacer olas para no poner de manifiesto su propia crisis, hija de su fracaso con la experiencia macrista, no auguran una salida sin sobresaltos ni crisis mayores. No es descartable que incluso acordar con el FMI se prolongue en el tiempo, y la ausencia de un acuerdo actúe como una extorsión para que vayan haciendo su trabajo sucio, sin empujar la situación al abismo (con un default por ejemplo). El planteo lanzado por Sergio Massa de la necesidad de un acuerdo con la oposición tiene en cuenta esta situación, pero el apuro en anunciarlo como parte de la pelea por el control del gobierno terminó esmerilándolo. Por último, ¿es posible un acuerdo con alguna perspectiva sin la firma de CFK y Macri? La crisis después del 14 de noviembre tendrá nuevos y más álgidos episodios.

La plaza de los trabajadores es la de la izquierda

Hay que tener presente que a esta situación llegamos como resultado de la política de los nacionales y populares, los liberales, los macristas, etc., que gobiernan desde hace décadas. El 17 de octubre se celebraba el levantamiento popular, que surgió por iniciativa propia del movimiento obrero, contra el golpe que había encarcelado a Perón en Martín García en 1945. A partir de entonces el peronismo ha desplegado a lo largo de más de 7 décadas todo su programa mostrando el fracaso del mismo para sacar a la Argentina del pelotón de los países semicoloniales, o afirmar incluso aquellos derechos que concedió para asociar a la clase trabajadora junto a la burguesía nacional; muy lejos de eso, su fidelidad a los intereses capitalistas lo convirtió en un verdugo de los trabajadores, en el negador de sus derechos, y afirmó la dependencia y el sometimiento colonial. Eso es incorregible.

El 30 la plaza de Mayo será nuevamente de la izquierda. Levantaremos las reivindicaciones de los trabajadores: por un salario de $ 100.000, por el 82% a los jubilados, por trabajo genuino, por un plan de viviendas, etc. Plantearemos una salida basada en el no pago de la deuda usuraria, el rechazo al acuerdo con el FMI, la nacionalización de la banca, del comercio exterior y de la energía bajo control de los trabajadores.

Llamaremos a reforzar el voto al FIT-U para avanzar, además de nuevas conquistas en los parlamentos, en las condiciones políticas para que la crisis termine alumbrando una salida que responda a los intereses populares, de los explotados, de los trabajadores. Es nuestra lucha por un gobierno de los trabajadores.

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