18/10/2021
Día de la "Lealtad"

17 de Octubre: un acto de crisis, entre la impostura kirchnerista y la vacilación presidencial

Críticas a Alberto Fernández, que tras idas y vueltas finalmente no fue.

Por esas ironías de la historia, el Día de la Lealtad peronista fue el escenario abierto de expresión de la profunda crisis política y las divisiones dentro de la coalición gobernante, luego de una semana en la que sin disimulo se mostró que la agenda oficial está dominada por la negociación con el FMI y la recepción de los reclamos del gran capital congregado en el Coloquio de Idea. Aquella mística de un movimiento de trabajadores quedó hoy reducida a concentraciones separadas y pases de factura, imposturas kirchneristas en un cuadro de pérdida de adhesión popular y un dubitativo desplante presidencial.

Los medios de comunicación fueron siguiendo el desenlace de lo que ya en los días previos había sido un ida y vuelta de Alberto Fernández en torno convocar o no a un recordatorio del 17 de Octubre, y llegado el acto registraron las vacilaciones que incluyeron un anuncio por altoparlante de un discurso de cierre del presidente, el cual finalmente no asistió. Esto, luego de que varios oradores que reportan en el kircherismo posaran de críticos hacia su gestión. Así las cosas, la actividad presidencial del día fue… reunirse con Juan Manzur para conocer los resultados del encuentro que el jefe de gabinete y el ministro Martín Guzmán sostuvieron el viernes en Nueva York con ejecutivos de los fondos de inversión más grandes del mundo, como BlackRock y el JP Morgan.

Tal vez el discurso que más ruido hizo, en esta primera movilización política oficialista tras la irrupción de la pandemia, fue el de Hebe de Bonafini. Dirigiéndose directamente a Alberto Fernández, interrogó: «más de la mitad de los argentinos estamos bajo la línea de la pobreza. ¿Y usted con qué quiere pagar la deuda?», afirmó que «este acto es el inicio de una lucha hasta que consigamos no pagar la deuda», y finalmente manifestó sentir «mucha tristeza porque usted siempre se junta con los ricos, con Idea, con los grandes empresarios, pero a nosotros no nos escucha ni nos mira». El exvicepresidente en libertad condicional Amado Boudou, el dirigente de Suteba Roberto Baradel, Daniel Catalano de ATE Capital, y el intendente ensenadense Mario Secco, respaldaron esos dichos.

La impostura es notoria, cuando semanas atrás fue la propia Cristina Kirchner quien dejó en off side a todos los que ella misma había incentivado a quejarse por la utilización de los DEG para pagar vencimientos al FMI. No puede sorprender, por parte de una fuerza política que en los 12 años que gobernó el país pagó 175.000 millones de dólares para dejar la Casa Rosada con mayor endeudamiento y cepo cambiario por «escasez de divisas». Por lo demás, como analizáramos en un artículo ayer, el recule público de la vicepresidenta al proclamar el sostén de Guzmán se evidenció en que nadie cuestionó al ministro de Economía, recién llegado de su participación en el cónclave anual del Fondo Monetario y el Banco Mundial.

Las críticas al rumbo oficial por parte de las agrupaciones oficialistas que se concentraron en Plaza de Mayo reavivan el bochorno que siguió a la histórica derrota en las Paso, cuando una carta de Cristina señalaba que el ajuste fiscal era la causa de que millones dejaran de votar el Frente de Todos y se filtraban audios de la diputada K Fernanda Vallejos reconociendo que el Presupuesto votado se asemejaba a los del mandato macrista y que robaron la movilidad a los jubilados. Al igual que entonces, estamos ante acusaciones autoincriminatorias, porque se anuncia una «lucha hasta que consigamos no pagar la deuda» pero no para romper con el gobierno sino para sostenerlo y buscar contener a amplios sectores por izquierda.

No solo no rompen con el gobierno, sino que no hubo tampoco cuestionamientos a la derechización del «relanzado» gabinete, con Juan Manzur y Aníbal Fernández como máximos exponentes. Es por eso que no se expresó en este recordatorio del 17 de Octubre ninguna causa popular. No podían hacerlo en estas condiciones las demandas de la Ola Verde ni la lucha contra la represión e impunidad, con tan declarados enemigos encumbrados en altos cargos.

Pero menos aún podía aparecer una agenda ligada a los reclamos del movimiento obrero, luego de que el gobierno se comprometiera a eliminar la prohibición de despidos y la doble indemnización, y ofrendara la eximición de aportes patronales y la conversión de los planes sociales en subsidios a los empresarios que contraten beneficiarios, como gesto de que toma en serio la promesa de avanzar en una reforma laboral aunque sea con acuerdos convenio por convenio, como hizo punta Toyota. Los Baradel y Catalano que vienen de pactar paritarias a la baja mal podían convocar a pelear contra el ataque a los salarios, puestos de trabajo y derechos laborales.

Más directamente comprometido con esta ofensiva capitalista estará el acto que mientras se escriben estas líneas monta la conducción de la CGT, luego de participar de numerosas instancias plegándose al discurso patronal sobre la necesidad de aggionar los convenios colectivos.

Las críticas explícitas del kirchnerismo a Alberto Fernández son una manifestación de las tensiones que surcan a un Frente de Todos empantanado y amenazado por un nuevo desastre electoral el 14 de noviembre. Como las cartas de Cristina, dan la sensación de ser una cobertura ante una eventual ruptura de la coalición gobernante, para ofrecer un paraguas en caso de tener que presentarse como con un rumbo alternativo. En todos los casos, es una función reaccionaria. Como sea, en lo inmediato cumple el rol de pata «izquierda» de un gobierno subordinado a las tareas del ajuste que exige el FMI y la clase capitalista, incluso en plena campaña electoral. El informe de ejecución presupuestaria de la Oficina de Presupuesto de Congreso refleja que en septiembre volvió a reducirse el déficit fiscal, y el IFE fue descartado.

Independientemente del devenir de esta crisis, en la que como vemos juegan también sus cartas la burocracia sindical, las disputas entre Manzur y Sergio Massa, la pulseada entre los intendentes del PJ bonaerense y Axel Kicillof, es necesario refutar que el kirchnerismo represente una variante diferente o progresiva dentro del rumbo de gobierno. Finalmente, ¿no fue para renegociar la deuda y tender puentes con el establishment que Cristina Kirchner cedió a Alberto Fernández la candidatura presidencial en 2019? Es este contenido de la «unidad peronista» la que logró en tiempo récord empequeñecer el ruinoso final de la experiencia de Macri.

Para luchar contra el pago de la deuda, el ajuste que exige el FMI, la reforma laboral en la que se embarcan las patronales y por todos los reclamos populares, es necesario volver a llenar la Plaza de Mayo, pero con una plaza de la izquierda por el desarrollo de una alternativa política de los trabajadores contra todo este régimen de saqueo. El 30 de octubre, esa será la perspectiva de la tribuna de masas que va a levantar el Frente de Izquierda Unidad.

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