Políticas

26/9/2023|1677

Milei y Marra quieren liquidar las paritarias

Los “libertarios” quieren congelar los salarios consolidando la caída histórica de la última década.

Javier Milei y Ramiro Marra.

En una entrevista televisiva, Ramiro Marra, candidato a jefe de gobierno de La Libertad Avanza, dijo que de concretar la dolarización que proponen “los sindicatos no van a tener tanto quilombo porque no va a haber más inflación y, por ende, no van a ser necesarias las paritarias”. Los “libertarios” quieren congelar los salarios consolidando la caída histórica de la última década, a lo que se sumaría una liquidación del peso que implicaría una megadevaluación de los ingresos de la población.

Las negociaciones paritarias son comisiones especiales integradas en números iguales por representantes del sindicato y de la patronal, y homologadas por el Estado vía Ministerio de Trabajo, que tienen la facultad de analizar puntos específicos de las relaciones laborales (salarios, condiciones de trabajo, horarios, etcétera) y los convenios colectivos de trabajo. La negociación colectiva es una herramienta elemental para que el trabajador pueda contrapesar la desproporción de condiciones con la empresa a la hora de resolver cuestiones contractuales. Milei y Marra las identifican por eso como un blanco de ataque, para avanzar con una política económica al servicio de la ofensiva capitalistas contra los salarios y los derechos laborales.

En Argentina, las paritarias son una conquista histórica que los trabajadores lograron imponerle al Estado y a las patronales, y que fue adquirida mediante una denodada lucha por defender los salarios, incluso a pesar de la burocracia sindical. En 1952 el gobierno peronista congeló los salarios por dos años, pero los reclamos obreros y las huelgas presionaron al gobierno al punto que tuvo que abrir negociaciones paritarias para contenerlos. En 1953 se aprobó la Ley 14.250 que reglamenta las Convenciones Colectivas de Trabajo.

En 1954 se convocan las primeras paritarias. A pesar de los esfuerzos de la burocracia de la CGT y de los sindicatos, una ola de huelgas ‘salvajes’ anuló los intentos de imponer topes salariales a las discusiones o de introducir en los convenios cláusulas contrarias a los trabajadores. La UOM, por ejemplo, fue a una huelga general durante 17 días al margen de la dirección sindical. La CGT se vio obligada a intervenir diversos gremios (Caucho, Tabaco, Vestido, etc.) y la policía se lanzó a reprimir. Las patronales fracasaron en su intento de imponer una mayor explotación obrera mediante “la incorporación de la productividad como forma general de medir el salario” y el movimiento obrero conseguía estructurar la negociación colectiva.

Los ataques a los salarios y el derecho de organización gremial se profundizó luego del golpe autodenominado la Revolución Libertadora y popularmente conocido como la “Fusiladora”. La burocracia sindical peronista se dividió entre diversas alas colaboracionistas con los sucesivos gobiernos, mientras el movimiento obrero libraba grandes luchas. Luego de dos décadas de ofensiva patronal, fueron un sostén del famoso “pacto social” implementado con la vuelta de Perón, para frenar el ascenso obrero que venía del Cordobazo; ese pacto social implicaba, junto a algunas medidas crediticias y de subsidios en apoyo a las patronales, el congelamiento de salarios y la suspensión de paritarias por dos años. Al cabo de ese período venía ni más ni menos que la devaluación, y los tarifazos del Rodrigazo.

Es por este papel de la burocracia sindical que, a pesar incluso de que los reclamos salariales hayan sostenido estos años a las paritarias como práctica corriente en todos los gremios, se sucedan los acuerdos a la baja y la flexibilización de las condiciones laborales. Es lo que ha llevado a que hoy Argentina tenga el salario el dólares más bajo de toda la región. Esto ha logrado desprestigiar a los sindicatos y sus representantes frente al movimiento obrero e imponer una desmoralización que dificulta la pelea por derechos y reivindicaciones de manera colectiva, algo acicateado además por las represalias patronales y la criminalización por parte del Estado.

Es sobre esto que se montan los Milei y los Marra para proponer la eliminación de conquistas históricas de los trabajadores, como son las paritarias, y consolidar así la caída histórica de los salarios, mientras defienden una mega devaluación de los ingresos como la dolarización. Sobre este punto cabe destacar también que Estados Unidos está promediando un 8% de inflación anual y proliferan los reclamos salariales, lo que rebate el argumento de que la inflación se terminaría, y con ella los problemas en los ingresos de la población.

A su vez, Marra también reconoc que el año que viene no va a ser mejor: “Con nuestra propuesta va a cambiar el rumbo de la Argentina pero yo no dije de inmediato, soy honesto. Si digo de inmediato me putean en 6 meses. Seguramente van a pasar cosas difíciles en 2024. No puedo prometer que Argentina vaya a ser Disney”, sostuvo Marra. Recordemos que esto también incluye la limitación del derecho a huelga, la eliminación del régimen de indemnizaciones y la eliminación de la figura del unicato sindical, entre otras.

Sin embargo, y por el contrario, en los gremios donde la burocracia ha sido desplazada, como es el caso del neumático, y donde la dirección del sindicato ha recuperado los métodos históricos de los trabajadores, como la deliberación por asamblea y la elección de delegados mediante ese organismo, las negociaciones paritarias son el campo de batalla de una fuerte lucha de clases que, acompañada por la movilización colectiva, redundan en paritarias históricas que configuran una recomposición salarial permanente. Así lo ha demostrado el Sutna.

La batalla por el salario es parte esencial de la lucha contra el ajuste del gobierno y el FMI, por eso la defensa de las paritarias se torna como estratégica para la etapa que viene, donde todos los políticos capitalistas promueven una profundización del camino que nos trajo a esta debacle.