Políticas

8/7/2026

Neuquèn: mas producción gasífera, más penurias populares

Buque GNL.

Toda la política energética va quedando ligada a alimentar exclusivamente el lucro capitalista y alejada absolutamente de cualquier atemperamiento de la incidencia de su uso por parte de las y los trabajadores, sectores populares y la producción en general.

Las facturas de gas que llegan a los hogares de las barriadas de Neuquén que tienen redes del insumo se han multiplicado por cinco o seis respecto a la factura anterior. La quita de los subsidios pega de lleno sobre un consumo indispensable ante un crudo invierno, y destroza cualquier paliativo para quienes dependen del reparto del camion garrafero.

Cuestión sobre lo cual el gobierno de la “neuquinidad", que rebaja regalías e impuestos a las petroleras en general, no solo no ha opuesto la menor línea crítica, sino que su diputada nacional votó a favor de dicha quita, junto a las de LLA. En tanto su senadora dice oponerse, pero con el antecedente de votar a favor de la reforma laboral y otras, habrá que esperar su voto real en el Senado.

Más fracturas, más perforadoras, más producción, pero… no se explora

Los anunciados proyectos de GNL utilizando gas de Vaca Muerta, aunque por ahora se mantienen en el plano de intenciones a futuro, provocan que las empresas aceleren sus mecanismos de extracción para llenar con destino a la exportación de GNL o de gas natural gaseoso los futuros gasoductos que se construyan.

Dan por descontado que los proyectos de GNL en danza se van a concretar todos, así como la exportación por gasoductos a países limítrofes.

Los datos son elocuentes. Por ejemplo, los directivos del Instituto Brasileiro de Petróleo, Gas e Biocombustiveis opinan que ellos acreditan que para que llegue gas de Vaca Muerta a su país “la solución no es una, la solución es compleja, puede ser los tres. Puede ser la licuefacción, puede ser la ruta norte y quizás un ducto que se va directamente a Brasil” (RN, 27/6/2026).

Por su parte LMN del 26/6/2026 informa que un estudio de TecnoPatagonia “establece que 37 de los 47 rigs activos en Argentina están abocados a las tareas en Vaca Muerta. YPF lidera el shale con 15 rigs propios”. En junio por ejemplo se batió el récord histórico de fracturas con 2.760 etapas.

No obstante al discriminar estos datos, nos encontramos que de acuerdo a la información de inversiones de las operadoras petroleras a la Secretaría de Energía, estas “prevén destinar 7.590 millones de dólares a pozos de shale oil, frente a apenas 1.249 millones de dólares para el gas natural” (LMN, 4/7/2026). Que significa una caída de 400 millones de dólares respecto al año pasado.

Ocurre que en realidad un tercio de la producción gasífera proviene del gas asociado a la extracción de petróleo, no de pozos gasíferos.

Y cuando se adiciona el dato que en los últimos 10 años solo el 3% al 5% de la inversión hidrocarburífera se destinó a la exploración, quiere decir que todo está puesto en función de extraer hasta el agotamiento las posibilidades que brinda el fracking.

Se podrá argumentar que conociendo la inmensa reserva que contiene la roca madre (sobre la cual se aplica el fracking) no hace falta exploración. Pero esa inmensa reserva de gas no convencional, de la cual se extrae casi como pescar en una palangana, no es 100% extraíble en términos económicos, que deje una renta. Estamos en el capitalismo. Las empresas que gustan decir que su visión es estratégica a largo plazo se comportan como si esa reserva se terminaría dentro de un corto plazo.

Es que no es una novedad que la producción no convencional tiene un auge inicial y luego decrece, como ya ocurre donde se inició este tipo de explotación, en el Permian de EEUU. En tanto los gasoductos nacionales por donde debería fluir el insumo siguen deshojando la margarita, como ocurre con la famosa reversión del gasoducto norte, con la segunda etapa del gasoducto Ex Néstor Kirchner, y los gasoductos que conecten Vaca Muerta con la costa atlántica rionegrina para GNL.

Números en danza: ¿sanata o futuro?

Desde YPF S.A. se hacen cotidianamente anuncios grandilocuentes, muchos de los cuales luego se han derrumbado como castillo de naipes. Ahora, Pedro Locreille, director de Midstream Gas y GLP de YPF, anunció en un encuentro del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas que “hacia el 2030 Argentina va a estar exportando 7 millones de toneladas de GLP al año” (RN 4/7/2026).

Ya no solo es el megaproyecto de GNL, sino también un megaproyecto de GLP que surge de separar del gas natural el butano y el propano.

Entre lo que se anuncia se hará y lo que hay en concreto hay un distancia que se debe cubrir con inversiones. En principio del Estado no muestra ninguna iniciativa en poner fondos para las obras de evacuación que se necesitan. La inversión privada que sí existe está destinada a evacuar petróleo, pero no gas.

Por lo cual toda la inversión gasífera debe ser estimulada con “muletas” estatales de todo tipo, con entrega vil del recurso, pero sin que se anuncie algo concreto en el corto plazo, más bien todo lo proyectado se podría poner en marcha hacia el año 2030 o en adelante.

Para ese año, un informe de la Agencia Internacional de Energía estima que se habrán sumado al mercado mundial más de 200 toneladas anuales solo por parte de EEUU, duplicando la oferta actual (Argenports 19/11/2025). Algunos medios especializados se preguntan si los proyectos argentinos en danza alcanzarán a producir antes de una saturación del mercado mundial y la consecuente caída de los precios (contra lo que el reciente acuerdo de la Provincia del Neuquén blinda a YPF S.A. y sus socias internacionales).

Si el futuro siempre tiene un mayor o menor grado de incertidumbre, no es menos cierto que la carga de esa incertidumbre se recuesta hacia una llegada tardía al mercado mundial y genera todas las dudas que nadie despeja, por más promesas venturosas que se hagan.

En el entretanto la Argentina es un país que bate récords de producción de gas, pero los hogares asalariados y pobres pasan frío pagando tarifas exorbitantes, la industria sufre restricciones de abastecimiento y se sigue importando GNL.

La nacionalización de toda la industria energética bajo control obrero sería un giro de 180 grados respecto a la orientación de privilegios exportador y reorientaría el gas para satisfacer las necesidades populares en cantidad y tarifa y se garantizaría para la producción y la industrialización.

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