Políticas
26/6/2026
“No hay frente anti-Milei con pagadores seriales de la deuda”
Discurso del diputado nacional del Partido Obrero en el Frente de Izquierda-Unidad, Néstor Pitrola, durante la sesión especial del miércoles 24 de junio de 2026.

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Néstor Pitrola.
Voy a retomar el debate sobre el problema global del endeudamiento argentino tomando solamente los últimos gobiernos. En realidad, la Argentina arrastra un problema de deuda desde la dictadura hasta la actualidad, sin necesidad de remontarnos más atrás.
Cristina Fernández de Kirchner dejó una deuda cercana a los 144.000 millones de dólares. Luego vino el gobierno de Mauricio Macri, que la incrementó entre 90.000 y 100.000 millones de dólares. Después llegó el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa, que volvió a aumentar el endeudamiento en otros 100.000 millones de dólares. Y hoy tenemos un gobierno que se jacta de pagar y pagar, aunque la deuda siga creciendo.
Si tomamos la deuda global medida en dólares, incluyendo los bonos en pesos indexados o atados al dólar, los bonos emitidos en moneda extranjera, la deuda con el Fondo Monetario Internacional que ya ronda los 60.000 millones de dólares, las obligaciones con otros organismos financieros internacionales y los recientes créditos Repo, estamos hablando de una deuda total cercana a los 480.000 o 490.000 millones de dólares.
Se nos dice que esto representa menos del 70% del PBI. Pero ese cálculo se realiza sobre un producto medido con un dólar artificialmente barato, sostenido por la apreciación cambiaria necesaria para alimentar el carry trade y el negociado de la bicicleta financiera. Habría que preguntarse cuál sería la relación real entre deuda y producto si se utilizara un tipo de cambio compatible con las recurrentes crisis cambiarias que atraviesa la Argentina. En cualquier caso, estamos frente a una deuda colosal.
Solo hasta fines de 2027 vencen más de 25.000 millones de dólares, o incluso 27.000 millones según algunas estimaciones. La Argentina sigue viviendo bajo la amenaza permanente del default, bajo el peso de la deuda y de la restricción externa, incluso en un contexto donde aparecen nuevos ingresos provenientes de Vaca Muerta, de la minería y de una economía cada vez más orientada al extractivismo, que es la única perspectiva productiva que ofrece el gobierno de Milei.
Nos responden que la Argentina todavía tiene margen para endeudarse porque otros países presentan ratios superiores. Se menciona que Estados Unidos tiene una deuda equivalente al 123% de su PBI, Francia al 113%, Italia al 137% y España al 101%.
Pero la comparación es engañosa. Estados Unidos es el emisor de la moneda de reserva mundial. Los países europeos son economías industriales. Y esas enormes deudas expresan, además, que desde la crisis capitalista de 2008 el sistema ha sobrevivido mediante rescates financieros, emisión monetaria, endeudamiento creciente y una expansión extraordinaria del capital financiero parasitario.
Los países imperialistas descargan las consecuencias de sus crisis sobre los países dependientes. Por eso iniciar un nuevo ciclo de endeudamiento en la Argentina, como propone este gobierno, significa hipotecar el futuro de los trabajadores, de la juventud y de las próximas generaciones.
En un momento en que se discuten distintas salidas a la crisis, y cuando incluso las posiciones de la izquierda ganan consideración en amplios sectores populares, resulta central plantear la ruptura con el Fondo Monetario Internacional. Todos los gobiernos que pasaron reconocieron las deudas heredadas. Algunos llegaron incluso a cancelarlas anticipadamente. Después del default de Rodríguez Saá -que nada tiene que ver con una política soberana de no pago- prepararon los sucesivos canjes, los bonos atados al crecimiento del PBI y todas las variantes destinadas a garantizar la continuidad del endeudamiento.
Nuestro planteo parte de una posición completamente distinta: romper con el FMI y desconocer una deuda ilegítima y usuraria.
Este pago de 171 millones de dólares a los fondos buitre crea un antecedente para nuevos pagos, nuevas emisiones bajo jurisdicción extranjera y nuevos sometimientos a los tribunales internacionales. El Fondo Monetario Internacional exige el retorno pleno al mercado internacional de deuda a tasas usurarias. Ya lo están haciendo las provincias y el Fondo reclama que lo haga también el Estado nacional.
Y este gobierno, subordinado políticamente a Donald Trump, a los Estados Unidos y a los organismos financieros internacionales, está dispuesto a avanzar exactamente por ese camino.
Frente a ello, planteamos el no pago de la deuda y una reorganización integral de la economía bajo dirección de los trabajadores. Solo de esa manera los recursos generados por la renta petrolera, minera y energética podrán destinarse a la industrialización del país, al desarrollo científico, a la creación de empleo y a la satisfacción de las necesidades sociales. Esa es la única salida para romper con el círculo vicioso de endeudamiento, ajuste y nuevas crisis al que nos someten permanentemente pagos como el que hoy, una vez más y de manera vergonzosa, se dispone a aprobar esta Cámara de Diputados





