09/06/2021

Sergio Berni, represor y agente de los laboratorios privados

A propósito de una “nota de opinión” del ministro de Seguridad bonaerense.

En una nota de opinión titulada pomposamente “Vacunas y geopolítica”, Sergio Berni hace una apología del Congreso de la Nación. “Celebro que los laboratorios puedan explayarse con libertad en el Congreso de la Nación, que es la casa de la democracia”, escribió el ministro de “Seguridad” del gobernador bonaerense Axel Kicillof. Berni ensalza el “ámbito de diálogo ciudadano”, una lavada de cara completa a un Congreso antiobrero que es el eje de todos los contubernios entre el oficialismo y la oposición derechista, que se congenian en los ataques a los trabajadores, empezando por el robo a los jubilados.

La incursión de Berni en la “geopolítica” es la excusa para abogar por los intereses monopólicos de los laboratorios privados que han hecho de la pandemia una fuente de negocios multimillonarios con cláusulas confidenciales sometidas a todo tipo de exigencias. Esto a pesar de que el propio Berni reconoce que el 75% de las vacunas están concentradas en diez países. El “opinólogo” saca pecho, y dice que no se trata de llorar sobre la realidad, sino de comprender la “lógica que rige los asuntos de la verdadera geopolítica”. El milico Berni filosofa a medida del capital cuando llama debate a las “cuestiones de la propiedad intelectual internacional”, y de “regulación jurídica de las transferencias tecnológicas”. No se trata de debate sino de sujeción de la salud y la vida de la población trabajadora a los intereses y ganancias de los capitalistas.

Sergio Berni cita a Perón cuando dice que la “única verdad es la realidad” (una justificación conservadora del régimen social imperante), y pide la coordinación “supranacional” para combatir la pandemia. Para Berni el imperialismo no existe, y el conflicto por la falta de vacunas es a lo sumo el producto del egoísmo de algunos países. Invocando el “interés nacional”, Berni le chupa las medias al “aporte mancomunado del sector público y privado”. Defensor del capital, y definido como “un hombre de derecha”, el pollo de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner rechaza la intervención y expropiación de los laboratorios privados, que, como el de Hugo Sigman, producen componentes para la exportación de las vacunas; y encubre el sistema de patentes y confidencialidad de los contratos.

Criticando a los “profetas de la desesperanza”, también encubre el fracaso de la política de salud del gobierno nacional y el ajuste fiscal brutal que demandan el FMI y los buitres privados. Metido a geopolítico, el “médico” Berni se desentiende de la gravísima falta de insumos, respiradores, personal y presupuesto cuando las terapias están en un promedio nacional de 80% de ocupación. Tampoco hay la más mínima referencia a los más de 40 mil muertos en una provincia de Buenos Aires con récords de pobreza y desocupación, ni al gobierno de Kicillof cuyo gabinete integra.

Toda la nota firmada por Berni retrata a un político burgués que no quiere romper puentes con el gobierno de Alberto Fernández, a pesar de haberlo tratado de ineficaz. Como los Fernández y Kicillof, Berni se subió al carro del “falta poco” para que termine la pandemia, a pesar de que son más de 4.000.000 los contagiados en toda la Argentina desde el inicio de la pandemia y 82.000 las muertes por Covid 19. Esta semana comenzó con una nueva tendencia alcista de contagios y más de 700 muertos diarios, que colocan a la Argentina entre los primeros países con más muertos por millón de habitantes cada 24 horas. La presencia de los laboratorios en el Congreso no es para informar al pueblo, sino para ocultar las fechorías. Presentar al Congreso como la “Casa del Pueblo”, como hace Berni, es pura demagogia capitalista.

El trasfondo es sin lugar a dudas el lento proceso de vacunación y la incertidumbre en la llegada de las vacunas. El jefe de gabinete nacional, Santiago Cafiero, lo cruzó a Kicillof, quien anunció la compra de 15 millones de vacunas sin plazo ni fecha de entrega. Cafiero dijo que “una cosa es el contrato, y otra que lleguen las vacunas”, en un dardo envenenado contra el gobierno provincial. La embestida del peronismo contra Patricia “Pfizer” Bullrich es una cortina de humo para esconder la responsabilidad del gobierno y de los monopolios farmacéuticos que incumplieron los contratos firmados. El confeso derechista, excarapintada y represor de conflictos obreros, no da puntada por hilo y se pone el traje de dialoguista en vísperas de la campaña electoral, acomodándose a las presiones de pejotistas y kirchneristas para una “lista de unidad” del peronismo bonaerense.

El novel “parlamentarista”, Sergio Berni, había declarado en abril pasado su deseo de ser presidente en el 2023, y desde principios de año fue abriendo locales propios en distintas ciudades con la venia oficial. Cristina y Kicillof lo mandaron medir en las encuestas con vista a las legislativas para captar el voto por derecha de quienes lo reconocen como el “Patricio Bullrich” del Frente de Todos. Sin embargo, la lengua afilada de Sergio Berni, sus ataques a la ministra de Seguridad nacional Sabina Frederic y por extensión a Alberto Fernández, hoy son un obstáculo cuando gana fuerza la candidatura de otro derechista del PJ, el actual embajador en Brasil, Daniel Scioli.

Es significativo que el jefe de la bonaerense elija este momento para su profesión de fe parlamentaria, justo cuando el ministro de economía Guzmán anunció que el gobierno se propone llevar al Congreso la convalidación de un acuerdo con el FMI. Berni es funcional a la maniobra de Martín Guzmán, quien en nombre de Alberto Fernández exige que las bancadas del Frente de Todos y la oposición derechista de Juntos por el Cambio dejen las huellas en un paquete de pago de deuda que implica un brutal ajuste fiscal contra los trabajadores. El “interés nacional” y la “geopolítica” son puro chamuyo tratándose de los pagadores seriales de la deuda externa, que en la provincia de Buenos Aires vienen retrocediendo en chancletas frente al Comité de Acreedores.

Después del escándalo público con Sabina Frederic, Sergio Berni anunció que se iba a trabajar como médico a un hospital de Santa Cruz. El exilio de “fin de semana” duró menos que un suspiro. Como los “libertarios” de Espert, Berni no es un “antisistema”, sino un arribista y celoso defensor de la propiedad privada capitalista y la estafa popular que representa un Congreso monopolizado por las fuerzas políticas patronales.

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