17/04/2021

Los datos desmienten a Fernández y Larreta: hay contagios en las escuelas

Qué dicen The Lancet y las estadísticas publicadas.

La insistencia de los gobiernos y un sector de especialistas mediáticos de que la escolaridad presencial masiva no incide en el aumento de contagios de Covid-19 es sencillamente una manipulación de la opinión pública, que busca darle un sustento científico a una decisión política. Subyace en este planteo el siguiente concepto: que el desplazamiento masivo de la población y la permanencia de varias personas juntas en lugares cerrados es inocuo para la proliferación del virus. Una posición temeraria, rayana en lo anti científico, teniendo en cuenta lo que la humanidad ha aprendido respecto de esta pandemia.

La reconocida revista científica The Lancet[i], ha publicado un artículo contundente al respecto, en donde afirma que “la reapertura de escuelas sin una sólida mitigación del Covid-19 corre el riesgo de acelerar la pandemia”. Y desarrolla que “los argumentos de que las escuelas no contribuyen a la transmisión comunitaria y de que el riesgo general para los niños de Covid-19 es muy pequeño han significado que las mitigaciones en las escuelas hayan recibido poca prioridad. Sin embargo, la evidencia citada para estos argumentos tiene serias limitaciones. Los cierres de escuelas primarias y secundarias se han asociado con reducciones sustanciales a lo largo del tiempo en el número de reproducción efectiva (Rt) en muchos países (incluida Inglaterra) y períodos de tiempo”.

Para The Lancet, se debe tener en cuenta el “semáforo epidemiológico” elaborado por los CDC de EEUU, que mide objetivamente el nivel de mitigación de la transmisión del virus en la sociedad para tomar la decisión de una apertura total o parcial de las escuelas, y afirma que “dada la incertidumbre sobre los efectos a largo plazo en la salud de la infección por SARS-CoV-2, no sería prudente dejar que el virus circule en los niños, con el consiguiente riesgo para sus familias. Reabrir plenamente en un entorno de alta transmisión comunitaria sin las salvaguardias adecuadas corre el riesgo de privar a muchos niños de la educación y la interacción social nuevamente, agravando las desigualdades existentes. Al contribuir a una alta transmisión comunitaria, también proporciona un terreno fértil para la evolución del virus y nuevas variantes.”

Incluso tomando los datos manipulados y parciales que presenta el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires, es inocultable el crecimiento de nuevos contagios en el ámbito escolar. En el primer mes de clases (17/2 al 17/3) el gobierno porteño informó 1.215 casos en las escuelas. En ese período hubo en total 20.439 casos en CABA. O sea que las escuelas representaron algo menos del 6% de los casos. En el segundo mes (17/3 al 12/3) el gobierno informó 5.006 casos en las escuelas. En ese período hubo 45.675 casos en CABA. O sea que las escuelas pasaron a representar casi el 11% de todos los contagios.

Si se toma la franja etaria correspondiente a estudiantes de los niveles inicial, primario y secundario, es claro el crecimiento relativo de nuevos contagios por sobre la media de otras edades de la población. Así, como publicamos recientemente, mientras en promedio los casos se multiplicaron por 3,9 entre la semana del 15 de febrero y la del 5 de abril, los casos de menores de 20 años se multiplicaron por 5,6. Un 42% más. Si desglosamos y analizamos el crecimiento de contagios de niños de 6 a 12 años, los nuevos casos se multiplicaron por 6,2, y de 13 a 17 años por 5,4[ii]. Es muy forzado desvincular este crecimiento proporcionalmente mayor en la edad que corresponde al nivel primario de la escolaridad presencial de estas semanas.

La manipulación de los datos se visualiza también por contraste con lo que no fue publicado, por ejemplo, la comparativa entre nuevos contagios dentro la población perteneciente a las comunidades educativas con los contagios entre personas ajenas a las escuelas. Eso daría una proyección del impacto de pertenecer a este sector en la presencialidad.

La escolaridad presencial masiva contribuye y se ve afectada por la circulación comunitaria del Covid-19. Es por esto que las 10 condiciones para un retorno a la presencialidad escolar seguro que hemos elaborado hace ya más de dos meses, partía de la consideración de la situación epidemiológica general.

 

Se ha destacado desde estas páginas que, tanto el Consejo Federal de Educación, presidido por el Ministro nacional, Nicolás Trotta, como todos los gobiernos provinciales, han clausurado los “semáforos epidemiológicos”, para dar vía libre a las jurisdicciones en reaperturas de escuelas para la presencialidad, sin ningún control de tipo de sanitario. El “semáforo” más objetivo hasta el momento es el elaborado por los CDC norteamericanos que fue tomado en cuenta por la Sociedad Argentina de Pediatría (con 200 nuevos contagios acumulados en los últimos 14 días por cada 100.000 habitantes, máximo riesgo de mantener las escuelas abiertas). La cantidad objetiva de nuevos contagios se debe cruzar con el nivel de saturación del sistema de salud, la mortalidad, la tasa de positividad de los testeos (por encima de 10% se estima como preocupante), el nivel de circulación de la población para actividades no esenciales y las condiciones específicas de las escuelas (distanciamiento, ventilación de los espacios, condiciones de higiene, personal necesario, trasporte escolar, etc.).

Es claro que en el país, y especialmente en el AMBA y otras zonas urbanas, la circulación comunitaria del SARS-CoV-2 está descontrolada. El diario La Nación destacó en su tapa del día 10 de abril que hubo en los 14 días previos un crecimiento del 115% de los contagios. El día anterior, el gobierno había informado 24.130 infecciones, colocando al país en séptimo lugar en el mundo de nuevos contagios en un día. En la misma edición del diario, el infectólogo Eduardo López alertaba que, de continuar la curva ascendente y sin restricciones, tendríamos jornadas de más de 40.000 contagios (La Nación, 10/04/2021). Para el Ministro de Salud porteño, la segunda ola es sólo cuestión de 4 días de “lluvia y frío”.

El forzamiento a una “normalidad” en pleno pico de la pandemia y la segunda ola, con cepas de mayor riesgo con circulación comunitaria, saturación del sistema de salud, etc., no tiene sustento científico. La razón de fondo es la orientación fondomonetarista del gobierno, ya que una medida de restricción de la circulación, de los comercios e industrias no esenciales, así como la suspensión de clases presenciales implica que el Estado se haga cargo de los costos sociales de un cierre de esas características. El gobierno no está dispuesto siquiera a repetir lo invertido en el IFE ni la ATP del año pasado, porque prioriza el ajuste fiscal pactado con el FMI.

La polémica entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta no puede esconder la enorme coincidencia que han tenido en este punto, así como la improvisación en el giro del primero a una suspensión de la presencialidad cuando se evidenció el desastre contra la insistencia del presidente y sus ministros contraria a todo fundamento científico.

Tienen plena vigencia las diez condiciones para un retorno seguro a la presencialidad escolar que ha sido adoptada por Ademys, sindicato combativo que ha convocado a asambleas, paros y movilizaciones para exigir condiciones sanitarias y educativas, y las diez medidas para enfrentar la segunda ola elaborada por el Partido Obrero, que implica una salida de conjunto.

[i] “La reapertura de la escuela sin una sólida mitigación del COVID-19 corre el riesgo de acelerar la pandemia”, publicado por The Lancet, el 10/03/2021. Disponible en: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)00622-X/fulltext [ii] Elaborado por Juan Winograd, matemático de la UBA, en base al dataset del Ministerio de Salud

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