25/07/2020

Provincia de Buenos Aires: un sistema de salud fragmentado y al límite

Con más de 80 mil casos confirmados, la ocupación de camas de UTI oscila ampliamente entre cada subsector, pero alcanza el 87% en algunos distritos.
Por Omar Touceda Tribuna de Salud Provincia de Buenos Aires

Transcurrida una semana del anuncio de Alberto Fernandez, Rodríguez Larreta y Kicillof, de la flexibilización de la cuarentena, la cual implicaba una apertura escalonada hacia la “nueva normalidad” hasta el 2 de agosto, las cifras sanitarias están lejos de mostrar un panorama de control de la pandemia. En cuanto al crecimiento de nuevos casos, a principio de mes de julio nos encontrábamos en los 1.672 nuevos casos en la PBA. Al momento de los anuncios mencionados (17/7) se contabilizaban 3.002 nuevos casos diarios, mientras que las últimas cifras al 23/7 muestran 4.300 nuevos casos diarios. Esto arroja un incremento de casos notable de una semana a la otra, y no se contabiliza aún el aumento que en el que podría traducirse la “apertura escalonada”, la cual comenzaría a impactar los primeros días de agosto.

Nuevos casos confirmados diarios, al 24/7/20. Fuente: La Nación

La zona del área metropolitana de Buenos Aires (Amba) muestra una ocupación de camas UTI del 60,8% (Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 21/7), aunque escala al 64% si se incluye CABA. Estas son las cifras que presenta el gabinete de Kicillof para reforzar la apertura de actividades que viene impulsando a medida de las patronales, trabajando con la hipótesis de la baja letalidad que presenta el virus en nuestro país (del 1,8%).

Esto presenta un primer problema: la letalidad se mantiene en ese rango mientras haya disponibilidad de camas de UTI para atender a los enfermos graves, y se eleva marcadamente cuando se colapsa el sistema, como el caso de España, donde el virus llegó a una mortalidad del 9%. La mayor preocupación en este momento es la situación de colapso en forma desigual que se vive en todo el Amba, producto de la descentralización completa del sistema de salud. En este sentido, la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (Sati), sonó la alarma respecto de la ocupación de las UTI explicando que en el sector privado promedia el 80% (BAE, 23/7). En varias clínicas del conurbano bonaerense ya no se cuenta con camas de internación y la atención se limita a los estudios que puedan realizarse por guardia y la búsqueda de derivación a otros prestadores de obras sociales. Otro dato inquietante lo brindó el director provincial de hospitales bonaerenses, Juan Riera, quien declaró que “hay distritos con el 87% de las camas de terapia ocupadas”.

El estado de emergencia del sistema de salud provincial comporta varias aristas. La Sati advierte respecto de la gran sobrecarga de trabajo que hay en los sectores de terapia intensiva, situación que ya había sido puesta de relieve en 2009 con el virus H1N1. El personal de terapia intensiva, primordial para la atención de paciente con Covid-19, es un recurso muy limitado, y por otro lado uno de los más expuestos al contagio. También ha fracasado el gobierno en dotar al sistema de estos trabajadores capacitados (kinesiólogos, enfermeros, terapistas) en cantidad suficiente. Por otra parte, la puesta en pie de amplios “hospitales modulares” o de campaña de baja complejidad no suple el colapso edilicio, tecnológico y de recurso humano que impera en la realidad de los grandes hospitales de cabecera en los distritos más populosos del conurbano, y precede a la pandemia, tal como lo hemos descrito en las páginas de prensa obrera respecto del Hospital Evita de Lanús, el Fiorito de Avellaneda, el Lucio Meléndez de Adrogué, el Hospital de Pacheco y la lista sigue.

Otra realidad que se impuso en el contexto de la pandemia es la situación de hacinamiento brutal en las barriadas populares. El subsidio del programa “Acompañar” dispuesto por el gobierno de Kicillof, que otorga $500 por día a quienes acepten aislarse en los llamados “albergues extrahospitalarios”, busca evitar un colapso hospitalario inminente, así como también evitar que los enfermos leves se autoaíslen en sus casas, una opción no válida debido al hacinamiento, pero que sí se realiza en algunos casos en los sectores sociales que acceden a una vivienda digna y obra social.

Por último, otro análisis surge del rango etario en los contagios en PBA, el cual se concentra en la población “económicamente activa”, es decir, los trabajadores cuyas patronales, esenciales o no, obtuvieron el visto bueno del gobierno para volver a la actividad, pacto mediante con la UIA y las burocracias sindicales, pero sin control alguno de los protocolos sanitarios ni elementos de protección personal. En este universo, también se encuentran los trabajadores que trabajan informalmente o mediante “changas”, que si no salen a trabajar, no perciben ningún ingreso.

Casos confirmados según grupo etario. Fuente: Min. Salud de la Provincia de Buenos Aires.

De conjunto, en la provincia de Buenos Aires, y más que nada en el conurbano, se demuestra la incapacidad de este régimen social para hacerle frente a un virus importado, de relativa baja letalidad y aun con una cuarentena precoz, que permitía hacer avances significativos en la capacitación y la preparación del sistema de salud, el cual se encuentra completamente fragmentado y desigual. Se ha vuelto imprescindible centralizar el funcionamiento del sistema de salud frente al colapso que ya se percibe en algunos subsectores del sistema, los cuales están cerca de discutir los protocolos de “última cama”. El crecimiento de casos demuestra que la flexibilización de la cuarentena no estaba en relación con un criterio sanitario, sino económico. El “quedate en casa” no funciona sin un seguro al desocupado de $30.000; tampoco reabrir las industrias y comercios sin un estricto control de protocolos y asistencia la sanitaria disponible en todos los niveles de atención.