Sociedad
29/6/2026
Escenas de una copa del mundo en el imperio (II)

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El del dorsal 19 levanta los brazos. Estira la boca pero no sonríe. Le cuesta. Todavía la lesión no lo deja disfrutar. Sus 16 minutos coincidieron con el jolgorio: Canadá derrotó a Sudáfrica con un gol cerca del final y por primera vez pasó en un duelo de eliminación directa en una Copa del Mundo.
Alphonso Davies, bienvenido al certamen, es el capitán simbólico del equipo que realizó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) con jugadores nacidos en campos de personas desplazadas por cuestiones extremas, de guerra, emergencia o malaria social. Davies es parte del equipo junto a jugadores de la talla de Antonio Rudiger (Alemania) y Eduardo Camavinga (Francia, no convocado finalmente). Interesante lo de la ONU: muy lúcida para el armado de campañas publicitarias en el fútbol, bastante menos eficaz para denunciar o al menos poner en tela de juicio el Pacto de la Unión Europea sobre Migración y Asilo que restringe las chances de migrar, o las políticas de militarización de Trump, con el ICE incluido. Vaya paradoja.
Con esos lineamientos norteamericanos tuvo que lidiar Michel Kuka Mboladinga , mejor conocido como Lumumba Vea. El hincha de Congo más famoso imita a Patrice Lumumba, histórico líder anticolonialista del Congo en su resistencia y lucha independentista contra la ocupación colonial belga. Su figura mostró un ejemplo de comunicación: su simple presencia, sin moverse, permitió la difusión de sentimientos objetivamente antiimperialistas, acompañados por el buen desempeño del continente. Todos los equipos africanos clasificaron de ronda, con la excepción de Túnez. Si bien Sudáfrica ya quedó afuera, lo hizo por duelos de eliminación directa.
La cuestión migratoria trae consigo discriminaciones y estigmatizaciones. No empezaron con este Mundial, pero sí tuvieron un ejemplo tajante en la previa. En un amistoso de marzo de este año entre España y Egipto, en fecha FIFA, una parte de la hinchada europea comenzó a corear “el que no salta es musulmán”, lo que generó el (lógico) enojo de Lamine Yamal, español, de descendencia marroquí y musulmana. El festejo de su último tanto con el “Suyud” toma esa importancia.

La Fifa y Estados Unidos, que más o menos son lo mismo, tuvieron su famoso momento de “pinkwashing” en el partido entre Egipto e Irán. Se acordaron de la agenda LGBT los que le dieron el poder de todo a Trump, ese mismo que está implicado en la causa Epstein, que declaró que solamente hay dos sexos y sacó normativas en ataque a las personas transgénero, en línea con una corriente mundial que se encarga de eso. Wokista por un partido.
Y, hablando de Irán, su salida de la copa del mundo fue un golpe a la justicia poética. No solo por el festejo del gol anulado contra Egipto, sino por todos los ataques vividos. Su capitán Taremi fue claro, calificando de “desastrosa” a la organización y marcando todas y cada una de las injusticias: no poder contar con el cuerpo técnico completo, no poder jugar en el mismo país de su concentración, tener que viajar muchas más veces que el resto por escasos permisos de permanencia en Estados Unidos. El offside de un talle de botín fue el colmo de la metáfora.
El blues de la primera ronda terminó con los lógicos cuestionamientos al técnico de Uruguay, Marcelo Bielsa. Habitualmente ubicado discursivamente al calor de las causas populares y los pedidos de justicia, ha sabido reconocer los medios nobles del fútbol, criticar a los agentes del poder, representar lógicas políticamente incorrectas y transformarse en una suerte de ícono contracultural. En el mundial de las apuestas y las pausas comerciales, no es poco. Es una especie de hecho maldito o, al menos, complicado, de muchos izquierdistas, admiradores de su discurso, divididos por un trabajo profesional con claroscuros y dificultades futbolísticas que, al menos en estos partidos, quedaron de manifiesto.
Mientras esta columna se estaba realizando me encontré con un libro reciente con todas las contratapas del escritor Osvaldo Soriano en el diario Página 12, entre 1987 y 1997. Veo, por arte de la casualidad, que el 19 de junio de 1994 dedicó su texto a la Copa del Mundo que se estaba disputando en los Estados Unidos en aquel momento. La tituló “El Mundial posmoderno”.




