Sociedad
10/8/2026
Se agrava el endeudamiento de las familias trabajadoras
No es un contrato, es la consecuencia de la usura y la pulverización de salarios y jubilaciones.
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¿Qué es lo que te da dolor de cabeza, te saca el hambre y no te deja dormir? Para millones de argentinos y argentinas, la respuesta es una sola: las deudas. Esa angustia que sentimos al despertar y no se va ni compartiendo unos mates.
El día a día de las deudas
Lo que se vence hoy, lo que hay que pagar sí o sí, lo que no vamos a poder afrontar y vamos a tener que dar de baja o postergar hasta… ¿hasta cuándo? Las familias, y especialmente las mujeres, que suelen llevar el peso de la organización diaria, recurren cada vez más a cualquier ayuda financiera para cubrir lo básico: la comida de los chicos, la ropa para abrigarse, la luz, el agua, el gas.
Por más que nos estiremos, las cuentas no cierran. Y mes a mes, el dinero que entra alcanza cada vez menos; lo que antes se resolvía con el sueldo, ahora hay que financiarlo con tarjeta o con un préstamo.
Nadie elige alegremente endeudarse. Pero la urgencia empuja: se empieza pidiendo prestado a un familiar, después a un amigo, se busca quién tiene una tarjeta de crédito que no esté al límite o un recibo de sueldo que sirva de garantía.
Los bancos tradicionales, eso sí, piden salarios altos y estables que ya no existen. Por eso, las billeteras virtuales y los prestamistas digitales aparecen como una salida fácil: ofrecen créditos rápidos, sin muchos papeles, aprovechando la necesidad urgente y la falta de regulación. Pero esa supuesta "facilidad" es la que termina ahogando aún más.
¿Qué dicen los datos?
En la revista Anfibia, Ariel Wilkis con su publicación “La deuda como pregunta política” nos recuerda que entre 1983 y 1985, debido al endeudamiento hipotecario que las familias no pudieron pagar, empezó una espiral de descenso social. Después, durante el menemismo, las familias financiaron sus compras de bienes como electrodomésticos y autos, más los viajes al exterior, a la par que subía la deuda soberana.Todo esto se demostró impagable, estallando la crisis del 2001.
El ciclo de endeudamiento 2003-2019 se apoyó en el uso de tarjetas de crédito, préstamos hipotecarios y promesas de inclusión financiera, ya sea sostenida por el boom de las materias primas y luego promesas de “brotes verdes”. En los últimos años (2019 a 2023) creció la deuda familiar, orientada apenas a preservar la vida cotidiana. Durante el gobierno de Milei se extiende el endeudamiento, ya sea entre los trabajadores formales, informales, jubilados, pensionados y desocupados.
La responsabilidad política
Milei trata a las deudas como “acuerdos entre privados”. Tanto el presidente, como el ministro de Economía y el vocero aseguraron que el gobierno no tomará ninguna medida al respecto y que confían en que el problema se solucionará con las refinanciaciones que ofrecen los bancos o eventuales bajas en las tasas de interés. Si el gobierno confía en que los bancos resuelvan el problema, ¿cómo van a ofrecer tasas más bajas precisamente a quienes tienen menos capacidad de pago?
Su postura choca con la realidad de las familias, que ya están contra las cuerdas. Los ingresos no alcanzan y los salarios se deterioran. No perdamos de vista que la creciente morosidad y el circuito de tomar deuda para pagar deudas anteriores es la consecuencia de un modelo que empuja a la precarización laboral, licúa salarios, jubilaciones y pensiones, multiplica los tarifazos y convierte al endeudamiento en el único salvavidas de millones de familias. En este escenario, el endeudamiento no es un acto de irresponsabilidad, sino el síntoma de que algo anda muy mal en la economía.
¿Qué hacer?
Frente a esta emergencia social, hay medidas de alivio impostergables, como la condonación de deudas onerosas y un programa de desendeudamiento para las familias trabajadoras, tal como lo plantea el proyecto de ley del FIT-U. La solución de fondo, sin embargo, pasa por el aumento de salarios y jubilaciones, y orientar el ahorro hacia créditos accesibles, en lugar de destinar los recursos nacionales al pago de la deuda externa.
La responsabilidad de esta crisis no es de quienes ya no pueden pagar, sino de un modelo económico que prioriza a los grandes acreedores por sobre la vida y el futuro de las familias




