Alemania: una investigación destapa que más de 600 niños fueron abusados por curas

Profesionales de la Universidad de Münster, en su informe, declaran que las víctimas podrían ser más de 6.000.

Protesta en Roma (2019) contra los abusos sexuales en la Iglesia Católica.

Una investigación realizada por cinco expertos de la Universidad de Münster destapó que 610 niños fueron víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes pertenecientes a la diócesis del oeste alemán.

La documentación, que recoge casos que tuvieron lugar entre 1945 y 2020, reveló que “tres cuartas partes de las víctimas eran niños de 10 a 40 años” (CNN Chile, 14/06); sus redactores creen incluso que el número real de víctimas podría ascender a 6.000. El 43% de ellas denunció que fue sometida a una fuerte violencia física y que han quedado con secuelas psicológicas de gravedad como trastornos de ansiedad y depresión, así como también se detectaron intentos de suicidio. En las décadas del 60 y 70, según el informe, la media de actos de pederastia fue de dos por semana. Por otro lado, el total de sacerdotes implicados equivale a más del 4% de los clérigos de ese obispado y el 90% de ellos jamás fue procesado.

Los investigadores han señalado que los obispos de la diócesis alemana siempre estuvieron al tanto del carácter sistémico que habían adquirido los abusos y que en vez de actuar en defensa de las víctimas han procedido a ocultar y a defender a los victimarios. Las oportunidades en las que han tomado algún tipo de medida, que son pocas, solo respondieron a la necesidad de evitar un escándalo público.

La pederastia en la Iglesia católica es un fenómeno profundamente instalado en la realidad social de Alemania, hay otros estudios que también se centran en el alcance de los abusos eclesiásticos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. “En la arquidiócesis de Múnich-Freising, entre 1945 y 2019, al menos 497 personas, en su mayoría niños y adolescentes, sufrieron agresiones sexuales, según un informe publicado en enero” (Infobae, 13/06). En la sede de Colonia, la más grande del país, cientos de menores sufrieron abuso sexual entre 1975 y 2018, de acuerdo a otra investigación difundida el año pasado.

En 2010, el abuso de menores en un colegio jesuita de Berlín desencadenó una ola de denuncias que golpeó fuertemente a la Iglesia y la obligó a realizar una investigación que años más tarde terminó revelando que casi 3.700 niños sufrieron violencia sexual en el país entre 1946 y 2014. Este informe, que vio la luz en 2018, indicaba que los agresores ejercieron presión psicológica, abuso de autoridad y violencia física para someter a sus víctimas (El País, 25/09/2018). Otros métodos como la explotación de vínculos emocionales, las amenazas o las promesas de compensaciones, fueron utilizados por los clérigos. En estos casos, el traslado de los agresores a una nueva diócesis fue la empresa realizada por la curia para avanzar en el encubrimiento.

El mismísimo expapa Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) fue denunciado por admitir en la arquidiócesis de Múnich, entre 1977 y 1982, a un sacerdote pederasta con antecedentes penales por abuso sexual que luego volviera, desde allí, a abusar de niños. Esta es una prueba más de que el encubrimiento y la reproducción de la pedofilia eclesiástica tiene como principales sostenedores a las máximas autoridades de la institución.

A nivel internacional, los casos de abuso en los que está involucrada la Iglesia católica vienen en aumento. La exposición de más de 1.000 casos de abuso por parte de un gran jurado de Pensilvania ha conmovido en 2018 la situación política estadounidense; además, expuso que el Vaticano estaba enterado de algunos de esos casos desde los años 60 y sin embargo mantuvo un silencio cómplice. En Estados Unidos se formó el movimiento de lucha Church Too (un derivado del Me Too, que está relacionado al movimiento de mujeres norteamericano que batalla contra los abusos y el machismo), que ha protestado en algunas oportunidades contra las iglesias.

En Francia, asimismo, la Comisión Independiente sobre abusos en la Iglesia Católica daba a conocer el año pasado “que al menos 216.000 menores fueron víctimas de pederastia en el seno de la Iglesia católica francesa en los últimos 70 años, una cifra que alcanza las 330.000 víctimas si también se cuentan los abusos cometidos por personal laico como enseñantes o catequistas” (El País, 8/10/2021).

La lista de países en los que la curia está salpicada por casos de abuso se extiende y abarca a otros países como Irlanda, con más de 1.300 sacerdotes acusados de abuso de menores, Canadá, donde el oscurantismo ha tomado formas barbáricas, y a países latinoamericanos como Argentina, Ecuador, Colombia o Chile, entre otros.

La Iglesia, fiel a su orientación, no ha dicho absolutamente nada sobre el último acontecimiento. Uno de sus últimos movimientos en relación a los casos de abuso se desarrolló en mayo de 2022, con el cardenal Matteo Zuppi a la cabeza. Zuppi, un hombre del riñón del Papa Francisco, anunció que se llevará adelante una investigación interna sobre los abusos sexuales cometidos por el clero italiano en los últimos años. Se trata, no obstante, de una investigación repleta de límites (solo investiga casos de los últimos 20 años y está organizado por la propia Iglesia), o sea, está pensado como parte de un nuevo operativo de encubrimiento, por eso es que ha sido cuestionada por varias víctimas.

Francisco, por su parte, se vino limitando en los últimos tiempos a pedir “perdón” y a “sentir vergüenza”; una posición lamentable y reaccionaria que fue acompañada de un desprecio hacia las organizaciones de lucha que pelean contra el oscurantismo clerical. El Vaticano se ha dedicado a apoyar y a encubrir a los curas abusadores (sin privarse revictimizar a las víctimas), con diversos mecanismos como el traslado de aquellos al extranjero, o pagando sumas millonarias en los juicios con motivos absolutorios.

La Iglesia, que es un bastión del oscurantismo y del sometimiento, oculta bajo el ropaje de la defensa de la familia un entramado de abusos, fundamentalmente gracias a que posee en muchos países status juíridicos especiales que favorecen la impunidad. Luchemos contra ello.