Internacionales
11/2/2026
La victoria de Takaichi y la militarización de Japón

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Sanae Takaichi, primera ministra de Japón
Las elecciones adelantadas del último domingo en Japón arrojaron un contundente triunfo de la actual primera ministra, Sanae Takaichi, cuyo partido, el Partido Liberal Democrático (PLD), consiguió dos tercios de las bancas de la Cámara de Representantes (316, sobre un total de 465).
El PLD sumó más de cien escaños con respecto a los comicios de octubre de 2024, mientras que una fuerza aliada, el derechista Partido de la Innovación (Ishin), conquistó 36, lo que eleva la mayoría de la coalición de gobierno a 354 asientos, suficiente para imponer cambios constitucionales.
La principal fuerza opositora, en cambio, se desplomó. La Alianza Reformista Centrista, flamante acuerdo entre el Partido Constitucional Democrático y el Komeito, solo obtuvo 49 diputados, contra 167 de la legislatura anterior. Más suerte tuvieron los derechistas y nacionalistas de Sanseito (promotores del lema “Japón primero”), que crecieron de 3 a 15 bancas. El Partido Democrático del Pueblo (PDP) se mantuvo en 28 escaños, y el Partido Comunista perdió la mitad de los que tenía (retuvo cuatro).
Los resultados favorecen a la derecha, no solo por la performance electoral de las fuerzas de ese espectro político -como el Partido de la Innovación y Sanseito-, sino, sobre todo, porque Takaichi misma representa, a su vez, al ala derecha del hegemónico PLD.
La recuperación del PLD
Takaichi, quien defiende una línea de militarización y ajuste fiscal, llegó al poder en octubre de 2025, tras ganar las primarias de su partido, luego de la renuncia del exprimer ministro Shigeru Ishiba, quien dimitió en agosto de 2025 debido a los malos resultados electorales del PLD en las elecciones del Senado de mediados de ese año. Ishiba fue el tercer mandatario al hilo del PLD que debió renunciar. Antes que él, Fumio Kishida cayó en agosto de 2024, en medio de un escándalo de financiación partidaria, baja popularidad y revelaciones de vínculos de ministros y legisladores con la secta Moon. Previamente, Yoshihide Suga dimitió en 2021, por la mala gestión de la vacunación durante la pandemia. Suga había sido la mano derecha del último hombre fuerte de Japón, Shinzo Abe, quien renunció a su cargo por motivos de salud en 2020, después de ocho años en el poder. Abe -asesinado en 2022- fue mundialmente conocido por los “Abenomics”, vasto plan de relajación monetaria, estímulos fiscales a la burguesía y reformas estructurales antiobreras que trataron de sacar a Japón de la depresión económica -plan que, por cierto, no dio resultado.
Takaichi, que heredó un partido en crisis y sin mayoría en el parlamento, decidió adelantar los comicios, maniobra con la que logró reimpulsar el partido de gobierno y dotarse de una mayoría amplia en la Cámara de Representantes.
Militarización y economía
Takaichi debutó en su cargo planteando que intervendría en apoyo a Taiwán en caso de una guerra con China, lo que desató una crisis diplomática con el gigante asiático. La declaración no fue un paso en falso, sino una actitud deliberada. La nueva primera ministra se propone profundizar el rearme japonés –iniciado por Shinzo Abe- y los vínculos con el imperialismo yanqui. Sus planteos de hacer de Japón “un archipiélago rico y fuerte” y sus planes de endurecimiento de la política migratoria, forman parte de la misma orientación.
Se inscribe, todo ello, en un escenario caracterizado por las tendencias a la guerra a nivel internacional.
En lo que la nueva mandataria difiere de Abe es en el rumbo económico. Japón afronta en la actualidad una inflación que supera los objetivos de 2% anual del Banco de Japón y una depreciación inédita del yen, razones que han llevado –en un país que tiene grandes necesidades de importaciones- a un encarecimiento del costo de vida y un creciente malestar en la población japonesa. Esta devaluación de la moneda, que llevó en diciembre de 2025 al yen a sus niveles más bajos frente al dólar en cuarenta años, desató resquemores en Estados Unidos. “Entre abril y finales de enero, el yen ha pasado de 140 a 160 por dólar, una depreciación del 14% que prácticamente neutraliza el arancel del 15% impuesto por la administración Trump a los productos japoneses”, según un artículo de Finect, web sobre mercados financieros (26/1). El mismo artículo advierte rumores sobre una intervención conjunta del Banco de Japón y la Reserva Federal (Fed) estadounidense para frenar y contrarrestar ese impulso bajista. La apreciación del yen, sin embargo, traería otros problemas a Japón, puesto que añadiría presión a una deuda que ya ronda el 200% del PBI.
Con el propósito de contener la inflación, el Banco de Japón puso fin a las políticas de tasas de interés negativas de los tiempos de Abe y las fue elevando hasta llegar -en diciembre de 2025- a los picos más altos en treinta años. Esta nueva orientación tiene un impacto internacional, ya que desalienta a los inversores que aprovechaban las tasas bajas japonesas para tomar préstamos y reinvertir en activos de mayor rendimiento en otras plazas. Japón es en la actualidad el principal tenedor de bonos del Tesoro yanqui, por encima de China y Reino Unido. La suba de tasas por parte de las autoridades niponas, combinada con la rebaja de tipos que Trump le reclama a la Fed, plantea la posibilidad de una emigración de capitales hacia Tokio.
Pero más allá de estas tensiones entre socios, el gobierno de Takaichi supone, sobre todo, una intensificación de las presiones contra China y de las tendencias a la guerra a nivel internacional. No olvidemos que Japón anunció en 2023 sus intenciones de abrir una oficina de enlace de la Otan en su territorio, integra el Quad (alianza de seguridad junto a Estados Unidos, India y Australia, con Beijing en la mira) y cuenta con 50 mil soldados estadounidenses desplegados en su suelo.




