09/11/2020
mujeres trabajadoras

Sistema integral de cuidados: una maniobra dilatoria del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad

La comisión tendrá un plazo de 8 meses para elevar el anteproyecto final.

La ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, llevó a cabo una reunión de especialistas destinada a redactar un anteproyecto de ley para crear un sistema integral de cuidados con perspectiva de género. La comisión tendrá un plazo de 8 meses para elevar el anteproyecto final. Aunque la socialización de las tareas de cuidados, como así también el reconocimiento de las tareas que ya se realizan de manera voluntarista y precaria, el presupuesto 2021 no parece tomar registro de un proyecto de ninguna política concreta en este sentido.

«La iniciativa buscará proveer desde el sector público servicios de cuidados para primera infancia, personas mayores y con discapacidad (como pueden ser centros de día o de desarrollo infantil) así como también promover políticas para los varones tengan mayor responsabilidad para realizar las tareas de cuidados; que estas sean reconocidas como un trabajo y medidas para la protección social de las personas que trabajan en áreas de cuidado» (BAE Negocios 6/11).

La temática a abordar por la comisión redactora del proyecto se monta en una demanda genuina de la clase trabajadora y del colectivo femenino en particular. La mayor parte de las responsabilidades de cuidado queda a cargo de los hogares, y a su vez, las mujeres destinan el doble de tiempo diario al trabajo de cuidados que los varones, lo que constituye la base económica de la desigualdad que existe entre los géneros. Sin embargo, un sistema integral de cuidados que verdaderamente sea un puntal para liberar a la mujer de la carga del trabajo doméstico, se da de bruces con las medidas fondomonetaristas que el gobierno viene a profundizar.

Por lo tanto, nos encontramos frente a una estafa por parte del feminismo de Estado, que pretende instrumentar una cortina de humo mientras el gobierno hunde a cada vez más mujeres en la pobreza. Según cifras oficiales e l trabajo doméstico no remunerado representaría más del 21% del PBI bajo la cuarentena. La medición se hizo sobre la base de los salarios del trabajo doméstico remunerado, los mismos que se encuentran por debajo del salario mínimo y que el gobierno se niega a aumentar aunque ya se realizaron 4 movilizaciones al Ministerio de Trabajo. La perspectiva de género desaparece siempre que su promoción afecte intereses de clase.

Quienes bregan por un sistema integral de cuidados para mejorar la realidad de las mujeres y de la economía en su conjunto, pero que al mismo tiempo confía en que el Estado capitalista puede impulsar esta política, son quienes apoyan medidas que chocan con esta perspectiva y niegan el aumento salarial a 1.4 millones de mujeres trabajadoras sobre las que descansan las tareas de cuidados propias y ajenas, colaboran con su función a producir el efecto contrario al que dicen defender.

Buscan visibilizar lo que se denomina «la economía del cuidado», es decir, la importancia del «trabajo doméstico no remunerado» en el funcionamiento del sistema económico ya que permite la reproducción de la fuerza de trabajo; y no responsabilizan al régimen social capitalista de perpetuar las condiciones y los estereotipos de género para que las tareas de cuidado recaigan sobre las identidades feminizadas de manera gratuita para beneficio de las patronales. Nuevamente, los esfuerzos del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad están destinados a reforzar la cooptación estatal. Otra muestra de esta impostura es el total silencio que este sector hace sobre el lugar de las iglesias en el plano económico, educativo y en la salud y sobre la alianza que estas sostienen con el gobierno, orientación que alimenta la subordinación de las mujeres.

Cifras que ilustran la carga del trabajo doméstico

La escasez de dispositivos estatales tendientes a la socialización de tareas domésticas, dan como resultado que en Argentina nueve de cada 10 mujeres dediquen al menos 6,4 horas al día a las actividades domésticas no remuneradas. En cambio, sólo el 57% de los varones realizan este tipo de tareas y cuando lo hacen, ocupan la mitad del tiempo, 3,4 horas diarias, según un informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (DNEIyG). Esta relación se agrava en los sectores de menores ingresos, según datos presentados por la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado: las mujeres del quintil más pobre de ingresos dedican ocho horas diarias al trabajo de cuidado no remunerado, mientras que las mujeres del quintil con mayores ingresos dedican sólo tres.

Esta realidad está compuesta de salarios miserables de los que el Ministerio de Trabajo es el garante, trabajo sin registración, incumplimientos de patronales y del Estado en la responsabilidad que les cabe en la liquidación del sistema de «guarderías», jardines, juegotecas y demás dispositivos. La retracción de la doble jornada en el sistema educativo, de los jardines desde los 45 días y su reemplazo por dispositivos precarios como el de los CPI de la CABA, son la muestra de que quienes han destruido el grado de socialización de cuidados alcanzado, no pueden ser quienes los recuperen. El principal aliado del gobierno es el principal obstáculo para que avancemos en esta tarea.

Este factor tiene un impacto en la desigualdad de ingresos entre mujeres y varones. La brecha salarial de género hoy se ubica en 29% para los ingresos registrados y llega al 35% para los informales. Por un lado, esto se debe a que los puestos de trabajo más feminizados son los que están vinculados a tareas de cuidado, y son a su vez los peores pagos. Por otra parte, para poder combinar trabajo de cuidado y trabajo remunerado, las mujeres reducen las horas destinadas a este último, y por lo tanto, perciben menos ingresos. Lo anterior, sumado a la discriminación que sufren las mujeres en el mercado laboral por el hecho de maternar, da como resultado que las más jóvenes padezcan las tasas más altas de desocupación, alcanzando el 28,5%. Esto configura una realidad brutal: según datos del INDEC el 66% de los hogares monoparentales con menores de edad están por debajo de la línea de pobreza y el 60% de estos tiene jefatura femenina.

El confinamiento producto de la pandemia recrudeció la distribución asimétrica de las tareas de cuidado. Una encuesta realizada por consultora Grow-Género y Trabajo reflejó que durante el Aislamiento Social las mujeres dedican dos horas más al cuidado de lxs niñxs en relación a los varones, una hora más en acompañarlxs en sus tareas escolares y una hora más en cocinar y limpiar.

Los sucesivos gobiernos son responsables de esta situación ya que todos se dedicaron a atacar las condiciones de vida de la clase trabajadora. La desocupación, la extensión del trabajo informal y los salarios de hambre han sido una política de Estado; así como también, la decisión política de recluir el trabajo doméstico al interior del hogar para reducir el costo de la reproducción de la fuerza de trabajo y complacer a la burguesía. A modo de ejemplo, un informe realizado por la ONG Centro de implementación para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) en 2019 da cuenta de que la jornada extendida en el nivel primario solo alcanza para que asista el 14% de lxs alumnxs del país, mientras que los espacios de Crianza, Enseñanza y Cuidado (CEC) existentes para que asistan niñxs menores de 3 años no llega a cubrir ni siquiera el 3% de la demanda.

La postración de la burguesía nacional y la socialización de los cuidados

Algunos elementos nos permiten concluir que son las mujeres de los países oprimidos quienes sufren la cara más brutal del yugo de la esclavitud doméstica. Esto se debe a la postración que caracteriza a la burguesía de estos países frente al imperialismo, volviéndose incapaz de impulsar un avance en el desarrollo nacional, afectando particularmente a las mujeres trabajadoras.

En el promedio mundial las mujeres suman 3 horas diarias de trabajo remunerado y 4,4 horas de trabajo de cuidado no remunerado mientras que los varones 1,4 horas a trabajo no remunerado y 5,4 horas a trabajo remunerado (OIT, 2018). Es decir, que Argentina se encuentra por encima del promedio mundial en torno a la desigual distribución social de los cuidados, ya que Estado absorbe menos cantidad de horas relacionadas con el cuidado.

En ese sentido, tratándose de un gobierno como el de Alberto Fernández, cuya prioridad radica en rescatar una deuda usuraria y congraciarse con el capital internacional, la iniciativa de poner en pie un sistema integral de cuidados, aún con los límites del planteo hecho que no se propone siquiera hacer cumplir su responsabilidad a las patronales y al propio Estado en esta materia, no pasa de ser un recurso político distractivo.

Cuidados «low cost»

El hecho que exista un plazo de 8 meses para terminar de elaborar el ante proyecto para luego recién presentarlo, da un indicio de que la iniciativa es «cartón pintado». No podría ser de otra manera, todas las medidas necesarias para la puesta en pie de un real sistema integral de cuidado son incompatibles con la orientación más general del gobierno de Alberto Fernández, que se dispone a acordar con el FMI a costa de descargar un ajuste de proporciones sobre las espaldas de las mayorías. También es absurdo pretender que el proyecto se proponga desarmar los estereotipos de género que le asignan a la mujer el rol de «cuidadora», cuando el gobierno habilita una mayor injerencia estatal por parte de las iglesias, que se encargan de reforzar esa concepción.

Políticas tales como la universalidad de la jornada extendida en la escuela pública y la creación de centros de desarrollo infantil y espacios para el cuidado de adultxs mayores, van a contra mano de achicamiento del «gasto público» que caracteriza al Presupuesto 2021, especialmente en materia de educación y obra pública. Lo más probable, es que en el camino el proyecto devalúe sus pretensiones, y se limite a establecer subsidios de indigencia para las mujeres y dar una serie de «recomendaciones» sobre el reparto de las tareas domésticas entre los miembros del hogar.

Lo único que explica que el Ministerio de las Mujeres anuncie algo que con suerte será presentado en 8 meses es la total mordaza que tiene a la hora de hablar de aborto legal. En lo que respecta a una de las demandas que contó con mayor apoyo en los últimos años entre las mujeres argentinas, las integrantes del primer ministerio de mujeres tiene un disciplinamiento completo para con la estrategia presidencial de demorar su tratamiento y anudar acuerdos con iglesias mientras eso ocurre.

Finalmente, el anuncio oficial sobre la posible creación de un sistema integral de cuidados es resultado de que el ascenso del movimiento de mujeres fuerza a un gobierno -que se presenta como feminista- a «elevar la vara» de las temáticas que aborda; pero al mismo tiempo, la orientación gubernamental de rescate al capital le impide a la gestión de Alberto Fernández satisfacer las demandas más elementales de las mujeres. Para que la humanidad pueda elegir cómo organizar el cuidado, es preciso acabar con la desigualdad proveniente de una sociedad dividida en clases, y eso implica desarrollar una perspectiva revolucionaria.

 

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