Políticas

18/7/2023

Aerolíneas Argentinas, entre el ajuste del gobierno y las amenazas privatistas

A quince años del anuncio de reestatización

El acto oficial

Al cumplirse quince años del anuncio de estatización de Aerolíneas Argentinas, la vice Cristina Fernández de Kirchner y el ministro de economía y precandidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, compartieron un acto en que se inauguró un simulador de vuelo de la compañía.

Aerolíneas fue privatizada por el gobierno de Carlos Menem en 1990, en uno de los casos más escandalosos de entrega, vaciamiento y negociados que se recuerden en materia de enajenación de firmas públicas. El Estado absorbió previamente la deuda de la empresa y el comprador (Iberia, del Estado español) la adquirió mediante deuda cuyo pasivo trasladó a la propia Aerolíneas.

Con Iberia al frente, empezó el desguace: venta de oficinas, aeronaves y simuladores, y cierre de talleres y rutas aéreas. Durante parte de los años ’90, formaron parte del paquete accionario American Airlines y bancos como Merrill Lynch.

El vaciamiento condujo a que la empresa se declarara en concurso de acreedores en el 2000, y en octubre de 2001 la firma quedó en manos del grupo Marsans, una unión de dos compañías privadas españolas.

En modo campaña electoral, Cristina y Massa celebraron este lunes 17 la recuperación de la compañía, que fue adquirida en 2008 después de un anuncio de la entonces presidenta y de una votación favorable en el Congreso, pero omitieron decir que a Marsans se le perdonó una deuda de alrededor de mil millones de dólares.

Cristina aseguró, incluso, que la expropiación fue una decisión no “ideológica”, o basada en el “odio a lo privado”, sino “pragmática”. Es decir, no formaba parte de una orientación estratégica de desarrollo nacional, sino que fue precipitada porque no había grupos privados interesados en cargar con el gigantesco pasivo que había creado Marsans. Este conglomerado, además, se quedó con las acciones y el derecho a litigar, cuestión por la cual el Ciadi, tribunal del Banco Mundial, condenó en 2017 a Argentina a resarcir al fondo buitre Burford Capital Limited -que había comprado los derechos del juicio- con más de 300 millones de dólares.

Massa, a su turno, hizo un elogio del ajuste, ya que se jactó de que este año el Tesoro “le transfirió [a Aerolíneas] cero pesos. Estamos pagando todavía los saldos pendientes del 2022”.

Facsímil de tapa de Prensa Obrera N°1051 (21/8/08)

El futuro de Aerolíneas es materia de debate político. Javier Milei y Patricia Bullrich plantean, el primero en forma abierta y la segunda de modo más sigiloso, una reprivatización de la compañía, basándose en el déficit que tiene la empresa. Pero es justamente el proceso de privatización iniciado en los ’90 el que llevó a la ruina a Aerolíneas. Es un caso emblemático contra los planteos de los “libertarios”, que reivindican la década menemista.

Lo que late detrás de los planteos de Bullrich y Milei es la llamada política de “cielos abiertos”, que consiste en una desregulación completa del sector, en favor del gran capital extranjero. Y la liquidación de Aerolíneas, que era el camino que se seguía con la privatización menemista.

En este mismo sentido, el gobierno de Mauricio Macri habilitó el desarrollo de las low cost, que combinan un peor servicio, menos seguridad y mayor precarización laboral.

Horacio Rodríguez Larreta afirma que no reprivatizaría la empresa, pero exige un ajuste, es decir, es decir, peores condiciones de trabajo y menores inversiones, lo que llevaría a un desmantelamiento paulatino de Aerolíneas, en favor de la competencia privada.

El actual oficialismo tratar de posar como un defensor de la soberanía, pero ejecuta un ajuste creciente dentro de la firma, tolera las low cost y otros negociados privados (Aeropuertos Argentina 2000, 2000, que maneja prácticamente todas los terminales aéreas del país, sigue en manos del grupo económico de Eduardo Eurnekian, el empleador de Milei), y precariza las condiciones de trabajo, firma convenios salariales a la baja y recorta las inversiones en la compañía, con la complicidad de la mayoría de los sindicatos aeronáuticos.

La defensa de Aerolíneas requiere una intervención independiente de los trabajadores, artífices principales en la defensa de la empresa contra los privatizadores y los depredadores que se lanzaron a su desguace con la privatización menemista.