Políticas

22/9/2022

Editorial

Argentina en emergencia

¡Fuera los políticos capitalistas!

Alberto Fernández, Cristina Fernández y Sergio Massa.

Este jueves, las calles del centro porteño son una radiografía de la situación de crisis que vive el país.

Crisis salarial: los trabajadores del neumático se concentran frente al Ministerio de Trabajo porque la patronal y el gobierno patearon el tablero en la paritaria pretendiendo cerrar la 2021-2022 y proponer unilateralmente un aumento de la paritaria 2022-2023 del 38% (con una inflación estimada por arriba del 100%), desconociendo además el reclamo del pago de las horas al 200% de los fines de semana que viene protagonizando el Sutna.

Crisis ambiental: se concentra una delegación de Rosario junto a organizaciones ambientales reclamando contra la humareda producto de las quemas intencionales en el delta de Entre Ríos; una catástrofe ambiental representativa de la que se vive en regiones enteras del país.

Crisis social: el plenario de la Unidad Piquetera sesionará este jueves en el Obelisco denunciando que en la Argentina hay más de 10 millones de pobres y 5 millones de desocupados y subocupados, mientras el hambre avanza en los barrios, y por supuesto votará medidas de acción.

Crisis en la cultura: se concentran los artistas reclamando contra el retiro de fondos programados contra el Incaa y el resto de los institutos culturales, impulsando una ley para prorrogarlos cuyo tratamiento el Senado de la Nación viene dilatando.

Crisis sanitaria y laboral: paran y se movilizan los prestadores de discapacidad contra el escándalo que representa el no pago de prestaciones, el fraude laboral del monotributo y el ajuste contra la atención a la discapacidad.

Esta concentración de factores de crisis condensa un país que ha sido llevado al abismo por un régimen dominado por la clase y los políticos capitalistas. Mientras el abogado de Cristina reconoce, sin sonrojarse, que Cristina y Néstor Kirchner, estando en el poder, mantenían negocios privados con Lázaro Báez (mientras le asignaban la totalidad de la obra pública en Santa Cruz), abogados del PRO defienden, también sin sonrojarse, a la banda de lumpenfascistas de “los copitos”, infiltrados por los servicios de inteligencia y responsables del ataque criminal contra la vicepresidencia.

Tampoco se sonrojan los dirigentes sindicales kirchneristas que representan a docentes que cobran $65.000 por cargo pero corren a abrazarse no solo con el gobierno sino con el embajador yanqui. Ni la burocracia de la CGT, una casta de millonarios que en lugar de salir a defender los salarios se desvive por salir a defender a otra millonaria, Cristina Fernández. El espectáculo de degradación del régimen democrático no puede ser mayor, y acentúa el abismo entre los políticos capitalistas y la población trabajadora golpeada por el hambre, la miseria, las crisis ambientales, la precarización laboral y el avance contra los derechos más elementales.

Ahí el caldo de cultivo del descontento profundo con todas las expresiones políticas del sistema que por ahora lo capitaliza el menos pensado, Milei, una reedición recargada del viejo menemismo que puso todos los pilares para la actual quiebra nacional. Milei no solamente es parte de la mentada “casta política” sino que es su representante más consecuente: el que dice abiertamente y sin tapujos que viene a reventar todos los derechos laborales y sociales y a condenar a la esclavitud al conjunto de la clase obrera argentina. Tarde o temprano, el descontento va a abarcar a los propios liberfachos que hoy pescan en la desesperación de la pequeña burguesía arruinada por la crisis.

Es en este cuadro que hay que analizar el esfuerzo del kirchnerismo por una reunión con Macri: sería una reunión de conjura contra los peligros contra “la democracia”. Pero el golpe al prestigio de las instituciones y los partidos del sistema viene de adentro: surge de la contradicción entre un régimen que dice representar al electorado y que gobierna para una minoría capitalista que, para peor, le reclama a la política la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos. No le alcanzan los salarios en dólares más bajos de la región sino que reclama exenciones impositivas. Pero pide por otro lado aumento de impuestos al consumo para pagar la deuda, baja del gasto público contra la salud y la educación, tarifas dolarizadas para la población pero con exenciones para la industria, tipo de cambio preferencial para la soja con libertad de fugar capitales y un rosario más de exigencias que el gobierno viene adoptando una tras otra.

Resulta ilustrativo que haya sido Cristina Fernández quien propusiera la reunión con Mauricio Macri. El kirchnerismo luego de cantar una y otra vez “Macri basura vos sos la dictadura” ahora propone una reunión con el dirigente del PRO alegando la necesidad de defender a la democracia. Según la vicepresidenta con Macri podría acordar cuestiones referidas a la economía, ya que en ese terreno “2+2 es 4”. Es decir que el objetivo de la reunión ya no sería defender a la democracia de los ataques sino acordar medidas económicas. Pero, ¿a qué medidas se refiere Cristina Fernández? Sin dudas al ajuste que está llevando adelante Sergio Massa con la anuencia del FMI y la Reserva Federal. El pedido de reunión aparece aquí como el intento de asociar al macrismo con el ajuste en marcha. Por ese motivo la reunión es de difícil concreción. Macri no solo no tiene interés en pagar ese costo político sino que además quedaría asociado al muy probable fracaso de la política oficial.

Una cumbre entre Cristina y Macri no va a resolver nada. Ni hablar de resolver los problemas populares, al contrario, va a servir para estabilizar la política que los genera. Pero tampoco va a resolver los problemas chiquitos de la grieta, porque al tiempo que se propone la reunión el oficialismo amenaza con eliminar las Paso procediendo a una maniobra en gran escala contra la oposición, mientras esta última respalda al fiscal Luciani y su pedido de 12 años de prisión contra Cristina Fernández. Más los acerca el plan de ajuste diseñado en Washington entre Massa y el FMI, más los aleja la pugna por el poder, el control de la Justicia, del Congreso, las provincias, los municipios y los concejos deliberantes.

Para la izquierda, el desafío está a la vista: no solamente organizar e impulsar las grandes luchas contra el ajuste que se vienen desarrollando, donde un puntal es la gran lucha del Sutna que se suma a las acciones que prepara la Unidad Piquetera en su plenario para la semana próxima, sino, sobre todo, presentar una alternativa y una salida frente al cuadro de bancarrota nacional al que nos conducen los políticos capitalistas.

Ante esta situación el Partido Obrero reforzará su campaña política con la consigna “Fuera los políticos capitalistas, pongamos en pie un nuevo movimiento popular con banderas socialistas”. Con estos planteos le damos un carácter de clase definido al repudio que una parte creciente de la población tiene contra el actual régimen político, al que con razón se lo responsabiliza por la crisis social y económica que golpea al pueblo trabajador. El hecho de que hoy sea directamente el peronismo en el poder quien aplica la política del FMI en la Argentina permite sacar la conclusión de fondo de que debemos superar definitivamente al nacionalismo burgués poniendo en pie un movimiento popular con banderas socialistas, para luchar por un gobierno de los trabajadores.

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