Políticas

16/6/2022

editorial

El lugar del XXVIII Congreso del Partido Obrero

Collage PO

Este viernes 17 y hasta el domingo 19 el Partido Obrero realizará su XXVIII Congreso Nacional, después de tres meses donde se debatió la situación política nacional e internacional y la actividad y tareas del partido y de la izquierda.

Los delegados que fueron elegidos para constituir el Congreso sesionarán en el marco de un plan de lucha de la Unidad Piquetera, con nuestros compañeros del Polo Obrero en primera línea. Lo harán en el medio con los paros y las movilizaciones de los trabajadores del neumático que con la dirección del Sutna a la cabeza pelean para sostener sus ingresos. También de luchas como la de los docentes universitarios y los riojanos, y conflictos obreros a lo largo y ancho del país. La referencia no es menor porque los militantes del Partido tienen compromisos y responsabilidades muy fuertes en estas luchas.

Lo harán en el medio de un ataque a nuestra organización y al Polo Obrero. Se está desenvolviendo una campaña de mentiras y agravios tomando como eje el aporte voluntario del 2% que hacen los compañeros del Polo para sostener no solo la lucha sino fundamentalmente miles de comedores y merenderos cubriendo lo que el Estado no cubre, desde alimentos frescos, garrafas, transporte de mercadería, enseres, etc. hasta un centro educativo como el que existe en el local del Polo de José C. Paz.

La campaña ha cerrado la “grieta” uniendo en las acusaciones de “sacarle a los pobres” desde Clarín hasta D’Elía (quien viene siendo un adelantado en el tema), pasando por el periodista K Gustavo Sylvestre y el “Cuervo” Larroque. El objetivo es atacar a un movimiento que le hace frente al ajuste y a la pretensión de no ampliar y terminar con los planes sociales existentes, que cubren solo a una porción de los desocupados dejando afuera a millones de trabajadores que no pueden acceder a un puesto de trabajo.

En esto también se va cerrando la grieta. Desde La Cámpora hasta Patricia Bullrich sostienen que hay que terminar con los planes; la primera lo quiere hacer gradual, la segunda habla de hacerlo en 6 meses. La coincidencia en el objetivo tiene que ver con un reclamo de las patronales porque, paradójicamente, se les convierte en una traba para deprimir aún más el salario ya que entre el plan y changas se superan los salarios de pobreza que imperan en ramas enteras de la economía. El planteo camporista vuelve sobre la reiterada propuesta de convertir los planes en “programas concretos de empleo”, que es la forma de proceder a una precarización laboral pronunciada.

El ataque al Polo Obrero y al Partido Obrero da muestras de la preocupación que impera entre los capitalistas y sus representantes políticos por la aguerrida lucha de un pueblo hambreado y cómo se abre paso en las barriadas populares donde dominaban sin trabas sus punteros. La campaña por el paro nacional y el plan de lucha, que se está desenvolviendo con una fuerte agitación, ocupó el escenario con la reunión del bloque piquetero con la CGT, allí quedó claro, por un lado, que la burocracia no está dispuesta en enfrentar el ajuste y, por el otro, que hay una referencia de lucha instalada en el país. Demasiada osadía en el medio de la crisis económica y política. El Congreso seguramente resolverá iniciativas para llevar a buen puerto las luchas, emprender nuevas y desnudar la política de la derecha y del gobierno y también del kirchnerismo y la burocracia.

Bancarrota económica

Las iniciativas que resolverá el Congreso tendrán en cuenta el agravamiento de la crisis económica y política en el país y en el mundo. La guerra imperialista en Ucrania ha revelado que la crisis de 2008 (caída de los bancos) está agravada y que imperan las tendencias a una recesión mundial con una fuerte inflación. Las principales potencias viven la “huelga de inversiones” y la caída de las bolsas y de los refugios financieros (Bitcoin). La barbarie de la guerra en Ucrania no solo amenaza en quedarse sino que coloca en los pronósticos una nueva conflagración mundial. La hambruna, la crisis humanitaria con los refugiados y el parate económico cobran fuerza.

En nuestro país, la repercusión de la crisis capitalista mundial complica una salida “indolora” de la situación de retroceso de la economía que se arrastra desde antes de la pandemia. El gobierno, la oposición y la clase capitalista de conjunto bregaron por la firma del acuerdo con el Fondo Monetario porque eso facilitaría un “aterrizaje suave”, pero antes de que de conjunto lo aprobaran en el Congreso, y ahora con su aplicación, quedaba más que claro que no es así. Los trabajadores son, por ahora, los que están padeciendo las consecuencias más dolorosas con el deterioro de sus ingresos resultado de una inflación que medida interanualmente en mayo superó el 60%. El aumento de la pobreza, sobre todo en la infancia, el retroceso general en la calidad de vida confirman esta afirmación.

El gobierno tiene cada vez más dificultades para financiarse. Los bancos que venían ganando fortunas con la bicicleta financiera empiezan a correrse del negocio y a hundir las cotizaciones pasándose al dólar. La fuga de capitales golpea la moneda y los salarios. La insolvencia de la deuda en pesos, en propiedad de la banca, amenaza una corrida y pone en riesgo a los ahorristas. Con la corrida, las altas tasas, las refinanciaciones, la banca y el Fondo imponen un tributo extraordinario que el Estado le traslada a todo el pueblo argentino. El Banco Central trata de mitigar la corrida aumentando la tasa de interés. La consecuencia es un freno a la actividad productiva por el encarecimiento del crédito y el aumento del peso de las leliqs.

Además la fuga de capitales ha pegado un salto, siguiendo la tendencia en el conjunto de los países emergentes, pero pesa también que el gobierno flexibilizó el cepo para algunas empresas y que estas giren sus dividendos al exterior, además de todas las maniobras para hacer negocios con la brecha cambiaria. El semestre se acaba y de los beneficios de los niveles históricos del precio de la soja y otros commodities no quedó nada en las reservas, cuando los compromisos en dólares aumentan sobre todo por la importación de energía. Se trata de un saqueo extraordinario de grupos capitalistas que ganan y fugan en medio de la crisis, apalancados por el Estado y golpeando, en cada maniobra, las condiciones de vida del pueblo trabajador.

Y política

El gobierno está sentado sobre un polvorín sin que aparezca claridad de cómo salir de esa situación. La tendencia es a profundizar el ajuste. Esto es lo que sostienen todas las variantes patronales. Lo que implica avanzar en las reformas laboral, previsional e impositiva para cargar aún más sobre los trabajadores los costos de la crisis.

Pero también la burguesía plantea un cambio en la orientación “estatista” posterior a la crisis de 2001. Después de haber exprimido a fondo al Estado, bajo gobiernos de todos los pelajes y haberlo llevado a la bancarrota, ahora quieren ganar con el desmantelamiento de la propiedad estatal, proceder a una desregulación mayor y avanzar en las privatizaciones. Esto produce divisiones que se expresan no solo en la fracturada coalición de gobierno, sino también en la oposición. Lo que está en juego es un recambio de un gobierno fracasado sin alternativas preparadas para ello. La pelea sobre el acuerdo o no con Milei entre un sector del PRO (Bullrich, Macri) y la UCR es una expresión de las diferencias sobre el rumbo que debe tomar una reorganización del país y quiénes pagan los costos del mismo. Atrás de esta pelea están intereses capitalistas que se verían afectados por una u otra política.

El fracaso del acto de Milei y la división hacia el interior de los libertarios muestra los límites de este agrupamiento que no tiene fuerza propia para ir a fondo con su programa antiobrero y de colonización del país y debe apoyarse en la “casta” que ataca a diario, cuando sobre esa base tuvo su despegue en la consideración popular.

Por una alternativa de los trabajadores

La campaña contra el Polo Obrero, contra la Unidad Piquetera y contra la lucha popular en general se explica por la preocupación de que en el medio de semejante crisis económica y política irrumpan los trabajadores con sus reclamos. Las divisiones entre los capitalistas no pueden tener como telón de fondo a las masas en las calles, a los obreros haciendo paros y sobre todo a una deliberación popular sobre la crisis. En el Congreso del Partido nos esforzaremos por organizar e impulsar cada reclamo, haciendo de ello una cuestión de enorme atención.

Más preocupante aún para la burguesía es que quienes enfrentan las consecuencias de la política del gobierno lo hagan con organizaciones y banderas propias, fuera de la tutela de los partidos patronales, sobre todo del peronismo, fuera del control de las burocracias o contra ellas.

El congreso del Partido Obrero pondrá el acento justamente en ese temor. Hay un derrumbe del país y con él de los trabajadores que lo habitan como consecuencia de los gobiernos que se han estado sucediendo: radicales, peronistas de todos los tipos, macristas, etc. La superación de ellos es abrir paso a una salida de los trabajadores que establezca un programa propio para proceder a una reorganización en función de los intereses de las mayorías. Para eso nos planteamos construir un nuevo movimiento popular con banderas socialistas, con el protagonismo de quienes se hacen sentir con sus luchas.