20/10/2021

El “nacional y popular” Kicillof es Bernidependiente

Sobre el acto en la Escuela de Policía.

Sergio Berni y Kicillof participaron del acto de jura de la bandera de los cadetes de la Escuela de Policía Juan Vucetich. Una puesta en escena armada desde el Ejecutivo provincial para ratificar al ministro de “Seguridad” en el gabinete, que contó con la presencia de Martín Insaurralde y Aníbal Fernández. Para darse ánimo, el gobernador declaró que “la gente quiere vernos juntos”, cuando el propio Berni convocó a una reunión de su “partido” con posterioridad a las elecciones legislativas para tratar la ruptura con el Frente de Todos y su propio lanzamiento como candidato a presidente.

El acto policial se hizo poco después de que el ministro volviera a diferenciarse por enésima vez de Alberto Fernández y de protagonizar un encontronazo público con Máximo Kirchner y La Cámpora. Berni es un palo en la rueda para el acuerdo con los intendentes del PJ que promueve Cristina en perjuicio de Kicillof. La amansadora de Berni es un cálculo político para ver qué pasa en las elecciones del 14 de noviembre y quien cargará con los costos de una eventual nueva derrota del peronismo.

Kicillof se cuelga de su ministro como una de las últimas reservas que tiene, en un gabinete provincial “intervenido” por los intendentes, especulando con el “poder de fuego” y aparato de la maldita policía. En pocas palabras, ató su futuro político al represor de Guernica. La fecha del 20 de noviembre fijada por Berni para “evaluar” su permanencia en el Frente de Todos deja al gobernador pedaleando en el aire y preanuncia una nueva crisis de gabinete, antes o después de las legislativas, y sobre todo si se confirma una nuevo fracaso en la estratégica provincia de Buenos Aires.

Salvo Kicillof, el resto de los asistentes al acto en la Vucetich dieron el presente en el acto de jura de la bandera de los cadetes policiales para marcarle la cancha a Berni. La designación de Insaurralde como jefe de gabinete representa la avanzada de los jefes comunales y el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, que tiene su propio candidato para “Seguridad”: Alejandro Granados, intendente de Ezeiza y quien ocupara ese cargo durante el mandato de Scioli. Otro tanto vale para la presencia de Aníbal Fernández, como representación del gobierno nacional de Alberto Fernández.

En su discurso ante los efectivos policiales, Kicillof no paró de chuparle las medias a la Bonaerense jactándose de “haber cambiado la policía provincial de raíz”. A las trenzas internas se agrega la desesperación del “nacional y popular” por disputar la agenda derechista a Diego Santilli, Facundo Manes y la oposición. En su política de seducción Kicillof hizo gala de haber ejecutado la inversión en Seguridad más grande “de toda la historia”, promocionando la entrega 2.200 de patrulleros en el conurbano y 1.700 en el interior bonaerense, y el anuncio conjunto con Sergio Berni de la creación de la “universidad policial”.

Para el gobernador el aumento del 11% en dos cuotas que equipara a los uniformados con la canasta básica (68.000 pesos) abre el “camino de la recuperación salarial”. Jaqueado a dos puntas por el portazo en proceso de Berni y la amenaza de una nueva huelga policial, tiró la toalla antes de subir al ring y convalidó un aumento que no conformó a nadie. En la vereda opuesta, tenemos que como parte del ajuste impuso a los profesionales de la salud un aumento a la baja por decreto, rechazado por los trabajadores.

El “cambio de raíz” que el mandatario atribuye a la maldita policía es puro encubrimiento de las cúpulas policiales mafiosas y corruptas. Es parte de la campaña por las pistolas Taser y un encubrimiento del gatillo fácil. Kicillof blanquea la represión de Guernica y decenas de tomas, a los ejecutores del secuestro y asesinato de Facundo Astudillo Castro, y a los policías que asesinaron al joven repartidor Lito Costilla en La Plata.

La “inversión” en seguridad en tiempos de ajuste fiscal reafirma el rumbo represivo que tomó el gobierno, pero representa también grandes negocios. Kicillof y Berni quieren seguir ampliando la flota de patrulleros policiales apelando a la contratación directa, cuando pesa sobre el segundo la denuncia por desvío de fondos del Ministerio de Seguridad para promover su campaña política personal, montando un equipo de trolls pagos de espionaje en las redes.

La manija a la Bonaerense es una señal clara de agotamiento y descomposición de los “nacionales y populares. La migración de Berni tiene el condimento explosivo de una nueva lucha interna de las “fuerzas de seguridad” de la Bonaerense y la Policía Federal de Aníbal Fernández por el control de los negociados y el manejo de las bandas del narcotráfico.

Más que nunca decimos “Fuera Berni”, abajo el gatillo fácil y la baja de la imputabilidad a los menores que es el programa común y de Estado desde Patricia Bullrich a Sergio Berni. El voto al Frente de Izquierda Unidad es un voto de impugnación a todos los pagadores seriales y represores que gobernaron las últimas décadas y un refuerzo a la campaña popular para que se vaya Berni.

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