Políticas
9/2/2026
El verso de la desinflación de los ladrones del salario
El 3,1% del IPC de CABA deja en evidencia la maniobra de Milei y Caputo para dibujar la inflación.

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Precios de alimentos subieron 4% en enero.
La esencia de este gobierno es robarle a los trabajadores. La publicación del IPC porteño de enero con un 3,1% terminó de evidenciar por qué Milei recurrió la maniobra desesperada de intervenir el Indec para evitar la actualización del índice de inflación. Era la única forma de sostener su relato sobre la desinflación para perpetuar el robo a los salarios y jubilaciones, contener la devaluación del peso y evitar una corrida.
El Índice de Precios al Consumidor del organismo de estadísticas de CABA utiliza para su cálculo la fórmula basada en la canasta de consumos que surge de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2017/2018, la misma que se aprestaba a poner en vigor el eyectado Marco Lavagna para reemplazar la de 2004/2005 que todavía usa el Indec. Si bien medir la Ciudad de Buenos Aires puede variar más o menos respecto de un promedio nacional, el dato tiene su peso. De hecho, el registro porteño de enero en la categoría alimentos y bebidas no alcohólicas (la de mayor incidencia en el IPC nacional) arrojó un encarecimiento del 4%. Hay cosas que no se pueden dibujar.
Aún así, la bajada de pulgar a la nueva fórmula del Indec tiene consecuencias muy precisas. La cuestión de actualizar los ponderadores en el cálculo de la inflación pasa por darle mayor lugar a los servicios por sobre los bienes (reflejando el mayor costo de las tarifas y los gastos en telefonía, wifi, streaming, etc.). En CABA el primer mes de 2026 los servicios aumentaron un 3,5%, versus una subida del 2,3% de los bienes. La subestimación de los aumentos de tarifas es lo que explica la diferencia entre el nuevo y el viejo IPC. Por eso se infiere que el dato que el Indec publicará el martes por la tarde sería menor. Como el cronograma de tarifazos todavía tiene varios capítulos por delante, la diferencia tenderá a ser mayor con el correr del año.
Gracias a subestimar el encarecimiento real del costo de vida, Milei y Caputo se garantizan un mecanismo de robo permanente de los haberes jubilatorios, indexados al IPC Indec. Lo mismo aplica para las asignaciones familiares. También es una forma de esconder la verdadera pérdida salarial derivada de los techos paritarios impuestos por el gobierno y acatados por la burocracia sindical, en un clima caldeado en los lugares de trabajo. Este "robo inflacionario" -como gustaba denunciar Milei antes de ser presidente- es una clave del ahorro fiscal.
Al día siguiente a la publicación del IPC el Tesoro tiene que renovar casi 10 billones de pesos en vencimientos. Cuando más alto sea el número, más altas tienen que ser las tasas de interés para tentar a los especuladores a seguir apostando a la bicicleta financiera. Y como el gobierno viene volcando pesos a la circulación vía compra de dólar del Banco Central, Caputo viene subiendo fuerte las tasas para absorber circulante y evitar una mayor presión sobre el dólar. Es un torniquete recesivo que pagamos los laburantes con despidos y cierres de empresas, además de un boicot a las compras a crédito cuando sigue cayendo el consumo y la morosidad de las familias.
De todo esto concluimos que el gobierno es incompatible con una recomposición del poder de compra de los salarios y de la calidad de vida de las familias trabajadoras. No solo pagamos el ajuste y la ofensiva patronal, sino también la crisis capitalista. Por eso no hay especulación posible; este miércoles tenemos que ganar la calle y pelear en cada lugar para preparar la irrupción obrera que puede derrotar a Milei y todo su paquete de reformas esclavistas.




